Las algas kelp son más importantes de lo que quizá imaginas. Y el cambio climático las amenaza

Low tide in Laguna Beach. The tide was low and kelp was floating on the surface.
Kelp pictured in the ocean near a beach, floating on the surface.Image: Shane Stagner/Unsplash
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  • Las algas kelp gigantes son vitales para el ecosistema de las aguas templadas, poco profundas y cercanas a la costa donde crecen, pero están perdiendo parte de su valor nutricional debido a las altas temperaturas.

  • Las algas kelp necesitan nutrientes como el nitrógeno, que escasea durante las estaciones más cálidas. El contenido de nitrógeno del tejido de las algas kelp gigantes disminuyó un 18% en 19 años.

  • Las algas kelp con menos nutrientes podrían afectar a la red trófica, ya que cada organismo de esa red que se alimenta de otros recibirá menos nutrientes.

Las investigaciones muestran que las temperaturas más altas podrían reducir parte del valor nutricional de las algas kelp gigantes.

Como especie fundamental, las algas kelp gigantes (Macrocystis pyrifera) son vitales para el ecosistema de las aguas templadas, poco profundas y cercanas a la costa donde crecen. Cuando las algas kelp prosperan, también lo hacen las comunidades que dependen de esta especie de rápido crecimiento para obtener alimento y refugio.

La resiliencia de las algas kelp es un avance alentador para quienes se interesan por la capacidad de esta alga para sustentar a las numerosas poblaciones de peces, invertebrados, mamíferos y aves que dependen de ella para sobrevivir.

Las algas kelp gigantes son esenciales para los ecosistemas oceánicos. Image: Max Castorani

«La calidad nutricional, es decir, la cantidad de nutrientes en el tejido de las algas kelp parece estar cambiando», afirma la autora principal del estudio, Heili Lowman, biogeoquímica de la Universidad de Nevada, Reno, quien realizó esta investigación como estudiante de doctorado en el Departamento de Ecología, Evolución y Biología Marina de la Universidad de California, Santa Bárbara.

«Descubrimos que esos cambios estaban asociados o correlacionados con las variaciones en la temperatura del agua de mar. Desde una perspectiva general, eso es bastante importante porque hay muchas cosas que dependen de las algas kelp como principal fuente de alimento».

«Supongo que podría llamarse uno de los efectos menos visibles del calentamiento de los océanos», afirma el coautor e investigador de posgrado de la Universidad de California, Santa Bárbara, Kyle Emery. «No necesariamente hemos perdido algas kelp en lugares donde se han registrado grandes aumentos de temperatura, pero allí su contenido nutricional ha disminuido. Así que, aunque sigan presentes, ya no pueden cumplir la misma función que cuando las temperaturas son más bajas».

Las algas kelp necesitan un aporte constante de nitrógeno

Estos hallazgos sobre los efectos menos visibles del calentamiento de los océanos en las algas kelp proceden de datos de largo plazo recopilados en el sitio de Investigación Ecológica a Largo Plazo de Santa Bárbara Costera (SBC-LTER), que comprende varios bosques de algas kelp situados en el canal de Santa Bárbara. Los datos recopilados durante casi dos décadas permitieron a los investigadores seguir los patrones del contenido de nutrientes, que fluctúa según la estación, e identificar tendencias significativas.

«La temperatura del agua de mar y la disponibilidad de nutrientes están estrechamente vinculadas en el canal de Santa Bárbara, y lo sabemos desde hace tiempo», afirma Lowman. En general, las temperaturas más bajas hacen subir desde las profundidades aguas ricas en nutrientes, pero durante las estaciones más cálidas, los nutrientes de las aguas poco profundas y de las capas superiores del océano —en particular el nitrógeno— escasean.

«Desde el punto de vista fisiológico, las algas kelp no pueden almacenar nitrógeno durante más de un par de semanas, así que responden muy rápido a lo que sucede a su alrededor en el agua, porque necesitan un suministro constante de nitrógeno para crecer y seguir reproduciéndose», explica.

Conocedores de este patrón, los investigadores trataron de averiguar cómo podría evolucionar el contenido de nutrientes durante un período más prolongado, a medida que las temperaturas oceánicas aumentaban. Para ello, analizaron los datos del muestreo de productividad primaria que se realiza mensualmente en las aguas del SBC-LTER.

«Como parte de ese muestreo, se recogen láminas de algas kelp en estos sitios, se llevan al laboratorio y se procesan para medir su contenido de carbono y nitrógeno», explica Emery.

En busca de alimento

Según el artículo, durante los 19 años abarcados por el SBC-LTER, el contenido de nitrógeno del tejido de las algas kelp gigantes disminuyó un 18%, mientras que el contenido de carbono aumentó en una proporción equivalente.

Esta aparente disminución del contenido nutricional no augura nada bueno para los organismos que consumen algas kelp en el canal de Santa Bárbara y sus alrededores, entre ellos los erizos de mar y los abalones en el agua, así como los anfípodos de las playas intermareales y otros invertebrados que consumen los restos de algas kelp que llegan a la costa.

«Como resultado, por ejemplo, los erizos podrían salir en busca de muchas más algas kelp, lo que podría provocar cambios en ciertos lugares, que quizá pasen de ser bosques de algas kelp a zonas áridas dominadas por erizos, si estos arrasan el arrecife en busca de más alimento», afirma Lowman. Los animales que se alimentan de algas kelp también podrían gastar más energía para comer lo suficiente y satisfacer sus necesidades nutricionales.

Aunque los erizos pueden ir en busca de más alimento, añade Emery, los consumidores de la costa tienen que conformarse con lo que reciben.

«Si la demanda aumenta, pero no llega más cantidad de algas kelp, se enfrentan a una situación bastante difícil, ya sea por falta de alimento o por la disminución de sus poblaciones», afirma.

Las algas kelp gigantes y la cadena de productos del mar

En ambos casos, los efectos podrían extenderse al resto de la red trófica, afirman los investigadores: unas algas kelp con menos nutrientes podrían dar lugar, por ejemplo, a anfípodos de playa más pequeños, menos numerosos y quizá menos saludables, lo que reduciría el alimento disponible para las aves costeras que se los comen. En el agua, la menor cantidad de nutrientes para los erizos y los abalones podría significar menos alimento para quienes los consumen, incluidos los peces, las langostas, las nutrias marinas y los seres humanos.

«Nuestros resultados plantean muchas preguntas abiertas muy interesantes y apuntan a efectos de gran alcance», afirma Emery.

Tras analizar las posibles relaciones entre la temperatura del agua de mar y el contenido nutricional, los investigadores estudian ampliar la escala espacial del estudio.

«El siguiente paso sería pensar en todos los factores que determinan el contenido nutricional y en cómo podríamos predecirlo en el futuro», afirma Lowman.

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