Los científicos se han interesado cada vez más por la estabilidad ecológica —los factores que hacen que un ecosistema sea resistente a las presiones y perturbaciones—, especialmente ante los impactos humanos, como el cambio climático y la contaminación. Aunque muchos presumen que la estabilidad de las especies fundacionales de un ecosistema promoverá la estabilidad general, hasta ahora pocos han cuantificado este efecto.
Investigadores del Instituto de Ciencias Marinas (MSI) de UC Santa Barbara han aprovechado datos ecológicos de largo plazo para examinar esta cuestión en los bosques de kelp del sur de California. Sus resultados se publican en la revista Ecology.
Una suposición no comprobada
Una especie fundacional da forma a todo su entorno y define un ecosistema. «El ecosistema en el que vive suele llevar su nombre, como los bancos de ostras, los arrecifes de coral o los bosques de secuoyas», afirma Robert Miller, biólogo investigador del MSI y uno de los coautores del artículo. Por lo general, proporciona la estructura física del ecosistema o su principal fuente de alimento y, por ello, influye mucho en las especies que viven allí.
«La idea de que una especie fundacional, como el kelp gigante, podría promover la estabilidad de las especies a las que proporciona alimento y hábitat podría parecer trivial», afirma el autor principal, Thomas Lamy, investigador posdoctoral del MSI. «Esto formaba parte de la definición original de especie fundacional —que se remonta aproximadamente a 1972—, pero nunca se había puesto a prueba».
El efecto del kelp gigante
Los investigadores examinaron minuciosamente 18 años de datos ecológicos de nueve arrecifes poco profundos del canal de Santa Bárbara. La información incluía el tamaño y la abundancia de las especies, la biodiversidad y la biomasa, entre muchos otros datos útiles. Mediante estadísticas y modelos matemáticos, los científicos pudieron descubrir tendencias y patrones en los datos.
El equipo estudió por separado distintos grupos de organismos para comprender mejor la dinámica del ecosistema. «Es difícil comparar la diversidad de, por ejemplo, las bacterias con la diversidad de las ballenas», comenta Miller. En este estudio, eso implicó analizar por separado las algas del sotobosque y los invertebrados, lo que reveló matices que quedaban ocultos cuando se agrupaban ambos conjuntos.
«Encontramos una relación positiva entre la estabilidad del kelp gigante y la estabilidad de las macroalgas del sotobosque y los invertebrados del fondo marino», afirma Lamy.
Así pues, el kelp gigante tiene un efecto enorme en el bosque de kelp. «Puede parecer bastante intuitivo», reconoce, «pero a veces estas son las ideas más difíciles de poner a prueba. Como ya se señaló, esto requiere muchos datos ecológicos».
Ecosistemas estables
Por suerte, los investigadores contaban con casi dos décadas de datos y observaciones gracias al Proyecto de Investigación Ecológica Costera de Largo Plazo de Santa Bárbara (SBC LTER). El Instituto de Ciencias Marinas administra el SBC LTER, que forma parte de una red de sitios gestionada por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos.
«Esa es la ventaja del programa LTER: nos permite abordar preguntas de largo plazo que son fundamentales para la ecología», afirma Miller.
El grupo descubrió que la mayor parte de la influencia del kelp gigante en la estabilidad del bosque se producía de forma indirecta. La robustez del kelp aumentó la diversidad de especies y, a su vez, esto incrementó la estabilidad del ecosistema. En un estudio anterior, el grupo descubrió que la biodiversidad por sí sola puede reforzar la estabilidad. Si la abundancia de distintas especies fluctúa sin sincronizarse entre sí, sus variaciones tienden a compensarse en conjunto, lo que da lugar a un ecosistema más estable en general. Además, una mayor biodiversidad significa que más especies contribuyen a este efecto.
«Esto es lo que esperaríamos si el kelp gigante realmente fuera una especie fundacional de la que depende todo el ecosistema», afirma Miller.
Los bosques de kelp estables podrían albergar más especies al favorecer un reclutamiento constante, equilibrar la disponibilidad de recursos limitantes o proporcionar refugio frente a distintas presiones, sugiere Lamy. El equipo planea investigar estos mecanismos en trabajos futuros.
La relación entre el kelp y los bosques de kelp reviste especial interés y preocupación para los científicos, que creen que la estabilidad del kelp probablemente cambiará en el futuro. Se prevé que el cambio climático traiga más episodios de calentamiento, olas más grandes y tormentas más intensas, condiciones que ejercen presión sobre el kelp gigante. Comprender la relación entre la estabilidad de las especies fundacionales y la estabilidad de los ecosistemas nos ayudará a anticipar cómo reaccionará el ecosistema y a responder en consecuencia.





