Los incendios, las tormentas, las temperaturas récord y los cambios en el entorno natural son pruebas cada vez más claras de que los sistemas de la Tierra se están volviendo cada vez más inestables. Esto puede tener consecuencias potencialmente catastróficas.
El debate público suele situar los riesgos climáticos en el contexto de «este siglo» o «para 2100». Sin embargo, cada vez más científicos destacan los riesgos de que se produzcan impactos devastadores e irreversibles en tan solo 20 o 30 años. Esto ocurriría durante nuestras vidas y, sin duda, durante las de nuestros hijos.
Entre estos riesgos figuran:
La pérdida de casi todos los corales, que sustentan el 25% de toda la vida oceánica (como documenta la reciente película Chasing Coral)
El colapso de las capas de hielo, que elevaría el nivel del mar y devastaría ciudades costeras y países de baja altitud
El calentamiento de los océanos, que intensifica las tormentas (hasta la categoría 6 y superiores), cuyos daños pueden incluir brechas en los reactores nucleares costeros
El calentamiento del planeta, causado por el efecto invernadero, es el principal factor de presión detrás de muchos de estos desafíos ambientales. El dióxido de carbono y otros contaminantes plantean además complicaciones, como el aumento de la acidificación de los océanos.
450 partes por millón
Los seres humanos llevan mucho tiempo afectando a su entorno. Pero hasta que empezamos a quemar combustibles fósiles a mediados del siglo XIX, la cantidad de carbono que añadíamos al aire estaba equilibrada por la cantidad que se eliminaba. Sin embargo, en los últimos 150 años, las emisiones de CO2 han superado con creces las absorciones. Actualmente, nuestra producción anual de carbono ronda los 40.000 millones de toneladas.
Los científicos debaten cuánto carbono puede almacenarse de forma segura en la atmósfera antes de superar los límites de seguridad. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas estima que la cifra ronda los 300.000 millones de toneladas, pero muchos científicos proponen una cantidad mucho menor.
Los científicos del clima creen que una concentración de CO2 de 450 partes por millón probablemente calentaría el clima 2 °C, el límite superior de seguridad. Para 2015, el CO2 en la atmósfera había alcanzado las 400 partes por millón. Al ritmo actual de emisiones, llegaremos a 450 ppm en 20 años.
Aunque logremos las reducciones previstas en el Acuerdo de París de las emisiones de gases de efecto invernadero, los gases generados durante las últimas décadas volverán a ser absorbidos lentamente por la Tierra y permanecerán en niveles elevados en nuestra atmósfera durante cientos, si no miles, de años.
Para no superar el umbral de seguridad de 2 °C, los planes de la ONU y del IPCC contemplan retirar CO2 de la atmósfera mediante métodos que aún no existen («emisiones negativas»).

La Cuarta Revolución Industrial
Algunos países están elaborando planes para adaptarse a un planeta más cálido y volátil. Sin embargo, el costo de la adaptación empieza a aumentar rápidamente a medida que se hacen más frecuentes los incidentes relacionados con el clima.
El Acuerdo de París y las decisiones audaces de algunos países para ampliar las energías renovables, introducir vehículos eléctricos y cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible son poderosas medidas multilaterales para mitigar el impacto del cambio climático.
¿Serán suficientes todos estos esfuerzos? Si no lo son, ¿tenemos otras opciones? (No, Marte todavía no es una opción).
Ante el aumento del nivel del mar, la adaptación a un clima más cálido quizá no sea una opción realista a largo plazo para ciertos países, como los pequeños Estados insulares y los países de baja altitud. Además, seguiríamos sufriendo la pérdida ecológica de ecosistemas sensibles que están desapareciendo, como los arrecifes de coral.
Durante las revoluciones agrícola, industrial y digital de los últimos 150 años, podría decirse que hemos estado modificando accidentalmente el sistema terrestre. Iluminamos las zonas oscuras del planeta. Trasplantamos especies, pavimentamos bosques, emitimos carbono, desviamos ríos y alteramos la química de la Tierra.
¿Podríamos aplicar ahora los avances de la Cuarta Revolución Industrial para proteger los sistemas naturales de los que dependemos?

Intervenir para estabilizar el clima
En las últimas décadas, los científicos han propuesto intervenciones de ingeniería para contrarrestar los efectos del cambio climático. Se denominan «intervenciones climáticas» o «geoingeniería». No son soluciones a largo plazo, pero podrían proteger a las comunidades y los ecosistemas, ganando tiempo para reducir las emisiones y para que el clima se enfríe.
Estas tecnologías se dividen en tres categorías: eliminar gases de efecto invernadero de la atmósfera, reducir el calor reflejando la luz solar e intervenir localmente ante un problema o sistema específico.

La eliminación de gases de efecto invernadero, o «tecnología de emisiones negativas», utiliza filtros de aire industriales o incluso organismos vivos para capturar gases de efecto invernadero y convertirlos en energía o materiales, o almacenarlos bajo tierra. Muchas de estas tecnologías solo existen como pruebas de concepto y tardarán décadas en desplegarse a gran escala. Por lo tanto, solo podrían reducir lentamente el efecto de calentamiento con el paso del tiempo.
«El único medio conocido para reducir el calentamiento en un plazo de años o décadas es reflejar más luz solar y alejarla de la Tierra», afirma Ken Caldeira, destacado investigador del clima.
Los medios más prometedores para reflejar la luz solar se basan en procesos naturales. Consisten en dispersar partículas para que la estratosfera refleje más luz o en dar más luminosidad a las nubes. Su desarrollo llevará un par de décadas, pero, si resultan viables, podrían reducir rápidamente el calentamiento.
Las intervenciones locales abarcan desde modificar genéticamente plantas y organismos para que sobrevivan hasta enfriar partes del océano para preservar los corales o reducir la intensidad de los huracanes.
Todavía no contamos con los medios para aplicar ninguna de estas opciones.
¿Un esfuerzo de gobernanza global para la geoingeniería?
La ingeniería climática conlleva riesgos, ofrece grandes tramas para los éxitos de taquilla de Hollywood y hace aún más complejas las decisiones ambientales.
Reflejar la luz solar podría alterar los patrones regionales de lluvia. Los métodos de eliminación de gases de efecto invernadero podrían dañar los ecosistemas naturales. Necesitaremos marcos para evaluar estos riesgos.
Sin embargo, a medida que aumenten las amenazas climáticas, un mayor número de países e incluso otros actores no estatales podrían desarrollar intervenciones. Necesitaremos mecanismos de gobernanza para decidir cuándo y cómo podrían usarse estas herramientas, y esas decisiones deberán ser inclusivas.
Los experimentos a pequeña escala son seguros y será necesario realizarlos. Debemos asegurarnos de que esa investigación sea abierta, de que existan salvaguardias y de que los resultados puedan verificarse.
¿Y ahora qué?
Sobre todo, necesitamos opciones. Aunque a muchos les preocupa controlar la geoingeniería, estas capacidades ni siquiera existen todavía y son muy difíciles de desarrollar. Actualmente corremos el riesgo de quedarnos sin ninguna opción.
Se necesitará una década de investigación y desarrollo a pequeña escala para evaluar la viabilidad y los riesgos de estos enfoques, y otra década para ampliar cualquier opción hasta que pueda utilizarse de forma significativa.
Necesitaremos una nueva generación de plataformas de la Cuarta Revolución Industrial, como satélites, drones, computación a exaescala y avances en biotecnología, para analizar el clima mientras trabajamos para preservarlo.
En este momento, necesitamos una cartera y un flujo de investigación e innovación suficientes. Así, si los esfuerzos por reducir las emisiones no bastan, tendremos opciones para protegernos, proteger nuestros ecosistemas y nuestra sociedad, y dejar un mundo habitable a las generaciones futuras.





