Cada año, millones de toneladas de sal se aplican en las carreteras. Su capacidad para reducir el punto de congelación del agua ayuda a mantener las carreteras abiertas –y las economías en funcionamiento– durante todo el invierno.
Pero cada vez hay más pruebas que relacionan la práctica generalizada de salar las carreteras con una serie de efectos ambientales perjudiciales.

La sal de carretera perjudica a los ecosistemas
Un estudio de 2018 concluyó que la salinidad de más de un tercio de los ríos de EE. UU. ha aumentado en los últimos 25 años.
El aumento de los niveles de salinidad puede tener consecuencias graves para los ecosistemas de agua dulce y la fauna silvestre. Los estudios de pequeños organismos acuáticos como las larvas de efímera han demostrado que presentan mayores tasas de mortalidad y una menor capacidad reproductiva asociadas a concentraciones más altas de sal.
Criaturas tan diminutas como estas constituyen la base de las cadenas alimentarias y son una fuente esencial de alimento para muchos animales más grandes.
El aumento de la salinidad también afecta a la agricultura, ya que los cultivos suelen regarse con fuentes de agua dulce. Las estimaciones sugieren que más de la mitad de los ríos de EE. UU. contendrán un 50 % más de sal para finales de siglo, lo que no solo es una mala noticia para el medio ambiente, sino también para la vida humana.
Aunque el aumento de la salinidad puede ser tóxico para la fauna acuática, los estudios han demostrado que concentraciones de sal moderadamente más altas en las plantas de los arcenes podrían tener un efecto positivo en determinadas especies de mariposas. Se demostró que los machos de la mariposa monarca y de la mariposa blanca de la col desarrollan músculos más fuertes, mientras que las hembras tienen ojos más grandes.
El impacto en la infraestructura y la salud

Además de alterar los ecosistemas, la sal también puede causar estragos en las superficies de las carreteras y en la infraestructura, y puede hacer que los vehículos se oxiden rápidamente.
Las estimaciones sitúan el coste asociado a la salazón de carreteras en hasta 3.000 dólares por tonelada en todo EE. UU.
Debido a la enorme cantidad de sal que se utiliza durante el invierno en los fríos estados del noreste de EE. UU., a la región a veces se la denomina «Cinturón de la Sal».
La salinización del agua potable también supone un riesgo significativo para la salud humana. En un caso muy conocido, la crisis del agua de Flint en Míchigan, las tuberías se corroyeron y el plomo se filtró al suministro de agua después de que la ciudad cambiara su fuente de suministro por el río Flint, que tiene altos niveles de cloruro.
Esto dejó el suministro de agua de más de 100 000 personas contaminado con plomo, lo que provocó graves problemas de salud.
La sal de carretera se disuelve de forma natural en iones de cloruro y sodio, lo que la convierte en un factor de riesgo de contaminación del agua. Estos iones de sal pueden disolver todo tipo de metales tóxicos y otras sustancias, introduciéndolos en el suministro de agua y en la cadena alimentaria.
Los estudios sobre Daphnia, o pulgas de agua, han revelado una posible relación entre la sal y la alteración del ritmo circadiano, el reloj biológico natural que regula diversos procesos de los organismos vivos.
¿Cuáles son las alternativas?
La sal de carretera no es la única fuente de la salinización acelerada del agua dulce: los procesos industriales, como la extracción de esquisto, la minería y el riego, también son responsables.
Como parte de un esfuerzo por utilizar menos sal, algunos estados de EE. UU. han probado métodos alternativos para descongelar las carreteras.
En Dakota del Norte, las autoridades de transporte utilizan una combinación de sal y aguas residuales de remolacha azucarera para combatir el hielo de las carreteras.
Junto con el agua de remolacha azucarera, se han probado otros diversos caldos vegetales naturales como alternativas más respetuosas con el medio ambiente a la sal.
Sin embargo, en algunas circunstancias se ha demostrado que estas alternativas son perjudiciales para los ecosistemas acuáticos, ya que favorecen el crecimiento de algas - además de que los residentes locales se quejan de su olor desagradable.
Otras alternativas propuestas incluyen carreteras calentadas por energía solar que se mantienen por encima de 0 °C para evitar la formación de hielo y derretir la nieve.
Aunque actualmente no existe un sustituto de la sal de carretera de uso generalizado, la conciencia sobre el daño que causa al medio ambiente está aumentando, lo que puede ayudar a fomentar la investigación de alternativas viables.

