Un nuevo estudio respalda la protección del 30 % de las tierras y los océanos del mundo para 2030 con el fin de alcanzar 3 objetivos generales.
Estos son preservar la biodiversidad, restaurar la pesca y abordar el cambio climático.
Durante el estudio, 26 investigadores determinaron qué zonas del océano deben protegerse para alcanzar cada uno de los 3 objetivos mencionados.
Esta información sentará las bases para la toma de decisiones de los países y les permitirá impulsar medidas basadas en sus áreas prioritarias.
Un estudio sin precedentes ha examinado los beneficios de proteger los océanos.
El estudio, publicado en Nature, respalda la protección del 30 por ciento de las tierras y los océanos del mundo para 2030 con el fin de proteger la biodiversidad, restaurar la pesca y combatir la crisis climática.
"La vida oceánica ha ido disminuyendo en todo el mundo debido a la sobrepesca, la destrucción de hábitats y el cambio climático. Sin embargo, solo el 7 % del océano se encuentra actualmente bajo algún tipo de protección", afirmó el Dr. Enric Sala, explorador residente de la National Geographic Society y autor principal del estudio, en un comunicado de prensa enviado por correo electrónico a EcoWatch. "En este estudio, hemos desarrollado una nueva forma de identificar los lugares que, si se protegen estrictamente, impulsarán la producción de alimentos y salvaguardarán la vida marina, todo ello reduciendo las emisiones de carbono."
Para el estudio, 26 investigadores examinaron zonas oceánicas no protegidas para determinar las más amenazadas por las actividades humanas y qué medidas de protección las mitigarían de manera eficaz. Después desarrollaron un algoritmo para determinar qué zonas contribuirían más a impulsar la biodiversidad, la pesca y la acción climática si se protegieran. La intención no era indicar a los países qué zonas proteger, sino ofrecer a los responsables de la toma de decisiones a nivel mundial una serie de opciones según sus prioridades.
Biodiversidad
Proteger las zonas destacadas en el estudio podría salvaguardar más del 80 por ciento de los hábitats de la vida marina en peligro de extinción. Según los autores del estudio, el 90 % de las zonas prioritarias situadas en el 10 % superior se encontraba dentro de las zonas económicas exclusivas de determinadas naciones. Otras zonas prioritarias se encontraban en aguas internacionales, como la península Antártica, la dorsal Mesoatlántica, la meseta de Mascareñas, la dorsal de Nazca y la dorsal suroccidental del océano Índico.
"Quizá el resultado más impresionante y alentador sea la enorme ganancia que podemos obtener para la conservación de la biodiversidad — si elegimos cuidadosamente la ubicación de las zonas marinas estrictamente protegidas", afirmó el Dr. David Mouillot, coautor del informe y profesor de la Université de Montpellier (Francia), en el comunicado de prensa.
Pesca
Proteger partes del océano puede, de hecho, impulsar la pesca con el tiempo, porque estas zonas sirven de viveros para especies comerciales de peces y crustáceos que, finalmente, abandonan la zona protegida, según informó The New York Times.
Los investigadores comprobaron que, al proteger estratégicamente el 28 por ciento del océano, las poblaciones de peces aumentarían en unos 6,5 millones de toneladas, en comparación con un modelo de statu quo en el que nada está protegido y la pesca continúa a su ritmo actual.
"Algunos sostienen que cerrar zonas a la pesca perjudica a los intereses pesqueros. Pero el peor enemigo de una pesca exitosa es la sobrepesca, no las zonas protegidas", afirmó Sala en el comunicado de prensa.
Clima
El estudio también reveló un hallazgo sorprendente sobre la contribución de la industria pesquera a la crisis climática.
El arrastre de fondo (la pesca que consiste en arrastrar redes pesadas por el lecho marino) puede liberar aproximadamente la misma cantidad de carbono al océano que la que emite a la atmósfera la industria aérea. Esto se debe a que los sedimentos marinos son importantes reservorios de carbono que pueden retener el carbono de forma segura durante milenios. Sin embargo, si se alteran al arrastrar las redes, estos depósitos de carbono pueden convertirse de nuevo en dióxido de carbono, aumentando la acidificación del océano, dificultando la capacidad del océano para absorber dióxido de carbono y pudiendo llegar a la atmósfera en forma de emisiones de gases de efecto invernadero.
Este hallazgo sorprendió porque los investigadores no habían previsto calcular las emisiones del arrastre de fondo hasta que un revisor externo se lo pidió, según declaró Sala a The Times.
"No podía creerlo", declaró sobre los datos. "Enseguida fui a Google y consulté las emisiones globales por sector y por país, y pensé: '¡Vaya, esto es mayor que las de Alemania!'"
Alrededor del cuatro por ciento del océano mundial tendría que estar protegido para evitar la mayoría de estas emisiones, y la mayor parte se encuentra dentro de las fronteras nacionales. Los diez países que más contribuyen a las emisiones del arrastre de fondo son China, Rusia, Italia, Reino Unido, Dinamarca, Francia, Países Bajos, Noruega, Croacia y España, según The Guardian.
Acuerdo internacional
El estudio se publicó como parte de los preparativos de la 15.ª Conferencia de las Partes del Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica, que se celebrará en Kunming (China) más adelante este año. Los investigadores y conservacionistas esperan que el estudio pueda ofrecer una hoja de ruta para estas negociaciones y reforzar el objetivo de proteger el 30 por ciento de las tierras y aguas del mundo para 2030.
"Esta investigación sienta las bases para la próxima era de la conservación de los océanos, una en la que la biodiversidad y las personas estén realmente en el centro de los debates nacionales", afirmó la Dra. Jennifer McGowan, coautora del estudio, del Centro de Biodiversidad y Cambio Global de la Universidad de Yale, en el comunicado de prensa. "Mientras el mundo se prepara para establecer la agenda global para la próxima década de políticas climáticas y de biodiversidad, esta investigación proporciona la base sobre la que los responsables de la toma de decisiones pueden trazar y planificar las interacciones con el océano para generar múltiples beneficios para las personas y la biodiversidad."
