El mundo debe unirse para frenar la urgente crisis que afecta a nuestros océanos

Our oceans are under attack from multiple angles
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  • Los océanos están cada vez más amenazados por multitud de factores diferentes.

  • Para hacer frente a estas amenazas será necesario un cambio fundamental en la forma en que la comunidad internacional actúa y responde.

  • Esta respuesta debe basarse en la ciencia, la cooperación y la sensibilización.

Los océanos del mundo se enfrentan actualmente a una crisis multidimensional, en la que influyen el cambio climático provocado por el ser humano, la sobrepesca, la contaminación por plásticos y la acidificación de los océanos. Es urgente intensificar nuestros esfuerzos para proteger el medio marino y evitar esta crisis. Se trata de una cuestión de seguridad nacional.

La protección del medio marino es también una cuestión urgente para Japón, una nación insular rodeada por el mar, pero sus políticas están fragmentadas y son insuficientes, y se quedan rezagadas con respecto a las de muchos otros países desarrollados.

Debemos cambiar en profundidad la estructura de la elaboración de políticas y reforzar los esfuerzos para lograr un medio marino sostenible, así como contribuir de forma positiva a la comunidad internacional.

Como nación marítima, como gran consumidor de productos marinos y también como país muy dependiente de los servicios de los ecosistemas marinos, es responsabilidad internacional de Japón.

El año pasado, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) elaboró un Informe especial sobre los océanos y la criosfera en un clima cambiante, que nos ofreció una imagen clara del estado actual de los océanos y de su sombrío futuro.

Los océanos contribuyen a la estabilidad climática al absorber el 90 % del calor excedente almacenado en el sistema climático mundial debido al uso de combustibles fósiles. Como resultado, sin embargo, las temperaturas de la superficie del mar siguen aumentando y las temperaturas anormalmente altas del agua persisten durante largos periodos, a veces durante más de un año, lo que da lugar a las 'olas de calor oceánicas'.

El océano ha absorbido entre el 20 % y el 30 % del CO2 generado por las actividades humanas desde la década de 1980. El resultado es la acidificación de los océanos. Existe preocupación por que este aumento de la acidez del agua de mar tenga efectos negativos significativos sobre numerosos organismos importantes en la cadena alimentaria marina, entre ellos el plancton y los crustáceos con caparazones de carbonato cálcico, así como los moluscos y los erizos de mar.

El aumento de las temperaturas de la superficie del mar también intensifica la estratificación entre el agua de mar superficial y la intermedia, lo que provoca la expansión, en todo el mundo, de zonas oceánicas con concentraciones de oxígeno muy bajas, donde es difícil sostener la vida.

A medida que los océanos han absorbido más CO2 (verde), se vuelven más ácidos (azul)Image: NOAA

Debemos entender que la actividad humana ha alterado la temperatura, la acidez y la distribución del oxígeno en los 1.400 millones de kilómetros cúbicos de océano del mundo.

La crisis va, sin embargo, más allá de eso. La sobrepesca se está convirtiendo en un problema grave y, si la tendencia actual se mantiene, combinada con la crisis climática, tendrá un gran impacto negativo en la seguridad alimentaria de numerosos países. La pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR), que ignora las normas y los acuerdos internacionales, es rampante en las pesquerías del mundo. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la pesca INDNR representa un desembarco anual de 26 millones de toneladas de pescado, el 30 % de las capturas anuales totales, con un valor de hasta 23 000 millones de dólares. Esto se ha convertido en una enorme carga para los pescadores pobres, en su mayoría de países en desarrollo.

La contaminación por plásticos es otra crisis creciente. Se ha calculado que, para 2050, la cantidad de residuos plásticos en el océano será superior en peso al total de peces.

No está a la altura

Si bien es urgente intensificar los esfuerzos para prevenir una crisis multidimensional de los océanos, las iniciativas internacionales realizadas hasta la fecha han sido insuficientes en comparación con la magnitud del problema.

El año pasado, la 25.ª Conferencia de las Partes (COP25) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), celebrada en España, fue presentada como una 'COP Azul' a petición del Gobierno de Chile, país que ejercía la presidencia, lo que situó la relación entre los océanos y el cambio climático en lo más alto de la agenda. Sin embargo, está lejos de haberse abordado adecuadamente la conservación del medio marino.

Las negociaciones sobre un acuerdo internacional para la conservación y el uso sostenible de la 'diversidad biológica marina en zonas situadas fuera de la jurisdicción nacional' (BBNJ), en el marco de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, están llegando a su fin, pero los intereses de cada país son complejos y no hay perspectivas de una conclusión positiva en un futuro próximo. Las negociaciones se han aplazado a raíz de la nueva epidemia de coronavirus.

Se han creado varias organizaciones regionales de ordenación pesquera (OROP) para supervisar la gestión sostenible de poblaciones de peces en peligro, como el atún rojo. Aunque algunas han contribuido a la recuperación de los recursos, otras han tenido un desempeño decepcionante. Los esfuerzos por proteger la diversidad biológica marina y las especies amenazadas en el marco de tratados ambientales, como la Convención de Washington y el Convenio sobre la Diversidad Biológica, también son muy limitados.

Aunque la contaminación marina por plásticos ha suscitado mucha atención en los últimos años, es muy lamentable constatar que no existe un marco internacional que promueva medidas para reducir la contaminación plástica de los océanos. La Visión del Océano Azul, que Japón impulsó en la reunión del G20 celebrada en Osaka en 2019, ofrece muy pocas medidas concretas para reducir los residuos plásticos.

Empezar a hablar

Partiendo de los debates celebrados en el BBNJ, será necesario que la comunidad internacional establezca un foro para el debate integral y sistemas de toma de decisiones sobre la conservación y el uso sostenible del medio marino. Debe abarcar desde la crisis climática, la biodiversidad y la gestión de los recursos pesqueros hasta los residuos plásticos, promoviendo la participación de múltiples partes interesadas, incluidos la industria y la sociedad civil.

Este es también un importante desafío para Japón. Aunque se reconoce como nación marítima, no puede decirse que el Gobierno japonés haya desempeñado un papel activo en los esfuerzos internacionales para proteger el medio marino. Japón siempre ha adoptado una postura contraria a la protección de la vida marina amenazada en el marco de la Convención de Washington, y, incluso después de tomada la decisión, ha presentado una 'reserva' lo que indica que no aceptará las normativas internacionales para numerosas especies marinas. La Agencia de Pesca de Japón, que participa en las reuniones de las OROP, ha basado sus acciones en su posición de representante de los pescadores nacionales y siempre se ha desmarcado de las normativas estrictas; quienes participan en las negociaciones del BBNJ no son personas de alto nivel, y los políticos han mostrado prácticamente ningún interés. Aquí, también, el Gobierno japonés se ha mostrado reacio a establecer zonas marinas protegidas en alta mar.

En la Asamblea General de las Naciones Unidas de diciembre de 2017, la ONU decidió designar el período 2021-2030 como el Decenio de las Naciones Unidas de la Ciencia Oceánica para el Desarrollo Sostenible, con el fin de reforzar la aportación científica al uso sostenible de los océanos. Numerosos científicos marinos japoneses participaron en la resolución y se espera que contribuyan en el futuro. Varias instituciones de investigación de Japón han desarrollado herramientas avanzadas de investigación oceánica, así como datos de observación a largo plazo sobre el cambio climático, la acidificación y otros aspectos. Los científicos han formulado algunas recomendaciones de política, pero, por desgracia, los responsables de la formulación de políticas no las han aceptado. Por el contrario, la financiación de la investigación marina está en fuerte descenso.

Para seguir contribuyendo a la investigación internacional y a la formulación de políticas, cada vez más importantes, el Gobierno de Japón, junto con otros países afines, debe promover el desarrollo de políticas basadas en la ciencia, así como un aumento de la inversión en investigación científica.

Y, lo que es más importante, los ciudadanos japoneses deben comprender y tener una visión clara del deterioro del medio marino, deben concienciarse y también alzar la voz para exigir acciones más firmes.

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