La igualdad, la justicia y la inversión en la naturaleza deben estar en el centro de la respuesta climática de las empresas

Displaced Somali women queue for food at a centre run by a Turkish aid agency in the Howlwadaag district of southern Mogadishu, January 22, 2012. From Turkey to Brazil, India to Saudi Arabia, a growing number of non-Western donors are bringing fresh funds, a different mindset and their own experience of managing natural disasters to the global humanitarian aid scene. Picture taken January 22, 2012. To match Feature DISASTERS-NEWDONORS/ REUTERS/Feisal Omar (SOMALIA - Tags: SOCIETY POVERTY)
Climate disasters wreak the most destruction on communities with the poorest quality infrastructure, and with the fewest resources with which to rebuild.Image: REUTERS/Feisal Omar
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  • Las personas de los países de bajos ingresos son cuatro veces más propensas a ser desplazadas por fenómenos meteorológicos extremos que quienes viven en países ricos.

  • Dado que la resiliencia climática y el desarrollo económico dependen de ecosistemas sanos, invertir en la naturaleza es un elemento fundamental para garantizar la justicia climática de las comunidades pobres.

  • La igualdad, la justicia y la inversión en la naturaleza son fundamentales si la respuesta empresarial al colapso climático ha de contribuir a construir un futuro resiliente y próspero.

Con el resultado de las negociaciones climáticas de Glasgow todavía en el aire, el papel de las empresas en la respuesta a la emergencia planetaria mediante iniciativas como la Carrera hacia el Cero es más importante que nunca.

Sin embargo, dado que los impactos más graves recaen sobre los sectores más vulnerables de la sociedad, que menos han contribuido a la crisis y cuyos medios de vida suelen depender de un entorno natural resiliente, las empresas deben situar la igualdad y la justicia en el centro de los esfuerzos para combatir el cambio climático.

Mientras que el el 10 % más rico de la población mundial fue responsable del 52 % de los gases contaminantes, de las emisiones acumuladas de carbono entre 1990 y 2015, mientras que el 50 % más pobre fue responsable de solo el 7 %.

Los desastres climáticos, como las inundaciones, las tormentas, las sequías y los incendios, causan la mayor destrucción en las comunidades con infraestructuras de peor calidad y con menos recursos para reconstruirse. Las personas de los países de bajos ingresos son cuatro veces más propensas a ser desplazadas por fenómenos meteorológicos extremos que quienes viven en países ricos. Además, el cambio climático afecta gravemente a sectores que dependen de los recursos naturales, como la agricultura, la silvicultura, la pesca y el turismo, de los que suelen depender las personas pobres. La agricultura, por ejemplo, representa el 65 % del empleo en África, y el turismo costero representa entre el 20 % y el 50 % del PIB en los pequeños Estados insulares en desarrollo.

Garantizar una transición justa

Es vital, por tanto, que las empresas contribuyan a una transición justa, es decir, un cambio hacia una economía verde y baja en carbono que no deje atrás a millones de trabajadores y sus comunidades, y que garanticen la justicia climática en sus operaciones empresariales, cadenas de suministro, actividades filantrópicas y participación en los diálogos políticos.

La recuperación tras la pandemia de COVID-19 y la transición a una economía verde ofrecen la promesa de empleos verdes y la reasignación de capital en apoyo de sectores que generan valor social. Pero los esfuerzos por «reconstruir mejor» que no aborden la justicia climática podrían empeorar la situación. Por ejemplo, las políticas que aumentan los costes de los combustibles contaminantes sin mitigar también los efectos sobre los más pobres pueden agravar la pobreza energética y aumentar la vulnerabilidad. Las personas de comunidades desfavorecidas, sin apoyo, tendrán dificultades para acceder a la formación y las competencias que necesitarán para prosperar en la economía baja en carbono.

El documento de Business Fights Poverty, Empresas y justicia climática, analiza cómo las empresas pueden integrar la justicia climática en su respuesta al cambio climático, y destaca numerosas oportunidades. Entre ellas figuran invertir en la resiliencia de los pequeños productores en las cadenas de valor, especialmente mediante el apoyo a las oportunidades económicas para las mujeres; aumentar el acceso a productos y servicios esenciales, como los seguros, y hacerlos asequibles; e invertir en la regeneración comunitaria y la diversificación económica en zonas afectadas por el abandono de las industrias intensivas en carbono, con especial atención a los trabajadores con salarios bajos.

Una respuesta positiva para la naturaleza

Dado que la resiliencia climática y el desarrollo económico dependen de ecosistemas sanos, invertir en la naturaleza es un elemento fundamental para garantizar la justicia climática de las comunidades pobres, así como para asegurar una recuperación inclusiva tras la pandemia mundial. Es especialmente importante que apoyemos a las comunidades más afectadas por el cambio climático mediante la ampliación de soluciones ambientales y socioeconómicas audaces, a través de iniciativas como el Desafío de Justicia Climática de UpLink, que actualmente busca de forma abierta soluciones innovadoras entre las comunidades más afectadas por los desastres climáticos, con el objetivo de apoyar su autodeterminación, impulsar sus ideas y hacer oír su voz.

Este concurso busca soluciones de las comunidades afectadas por el cambio climático.
Este concurso busca soluciones de las comunidades afectadas por el cambio climático.
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Una forma en que las empresas pueden contribuir es apoyando las empresas comunitarias sostenibles. El Nature Pays Hub de WWF trabaja con cientos de empresas comunitarias de todo el mundo para unir la conservación, la justicia social y las oportunidades económicas. Las comunidades que participan en empresas sostenibles son aliadas poderosas para la conservación en algunos de los paisajes más valiosos del mundo. Además, son más resilientes al clima. La tribu vezo de Madagascar constituye un buen ejemplo: la comunidad, junto con WWF y el exportador internacional Ocean Farmers, ha creado una empresa de cultivo de algas que proporciona ingresos sostenibles a las comunidades pesqueras, al tiempo que contribuye a conservar el entorno natural.

Además, muchas de las respuestas que WWF ha desarrollado para ayudar a las comunidades a recuperarse de la pandemia de COVID-19, como ayudar a quienes dependen del ecoturismo a diversificar sus fuentes de ingresos, también pueden aplicarse y contribuir a la resiliencia climática.

La oportunidad de limitar el aumento de la temperatura mundial a 1,5 °C es muy escasa, pero aún es posible, y el impulso para una acción empresarial integrada en materia de clima y naturaleza va ganando fuerza. Sin embargo, cualquier esfuerzo para abordar los impactos y vulnerabilidades climáticas que no abarque a toda la sociedad, que no aborde la desigualdad y que no construya una economía verde basada en la innovación y de amplia base, no logrará satisfacer las necesidades de la humanidad.

La igualdad, la justicia y la inversión en la naturaleza son fundamentales si la respuesta empresarial al colapso climático ha de contribuir a construir un futuro resiliente y próspero.

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