En resumen
Una de las principales dificultades para la adopción de los vehículos eléctricos es la capacidad y la autonomía de sus baterías. Un nuevo estudio podría ayudarnos a triplicar potencialmente la autonomía de los coches eléctricos y, con suerte, apoyar el abandono mundial de los combustibles fósiles.
Avances en las baterías
A medida que cada vez más empresas y gobiernos avanzan para reducir la dependencia de los combustibles fósiles, resulta evidente que hay que aumentar aún más la autonomía de los coches eléctricos. Debemos ampliar la vida útil y el rendimiento de las baterías para poder competir con los vehículos de gasolina y superarlos. Para responder a esta necesidad, empresas como Tesla, Toshiba, Panasonic y Samsung están logrando grandes avances en la mejora de la autonomía y la capacidad de las baterías, pero ninguna ha superado todavía por completo obstáculos importantes.
Sin embargo, un nuevo artículo de investigadores de la Universidad de Waterloo afirma que el uso de electrodos negativos de metal de litio podría «aumentar drásticamente la capacidad de almacenamiento de las baterías», lo que a su vez podría mejorar considerablemente las prestaciones de los vehículos eléctricos.

El artículo, publicado en la revista Joule, explica cómo los científicos añadieron al electrolito líquido —que transporta la carga dentro de las baterías— un compuesto formado por fósforo y azufre. El equipo afirma que este compuesto reacciona con el electrodo de metal de litio de una batería y lo «recubre espontáneamente con una capa protectora extremadamente fina». Supuestamente, esta protección permite usar electrodos de metal de litio en las baterías, lo que aumenta su capacidad de almacenamiento sin riesgos ni degradación. Esta mejora podría triplicar la autonomía de estos vehículos incipientes.
Revolución eléctrica
A pequeña escala, este avance podría aumentar la capacidad de las baterías y los sistemas de baterías. Pero, si se aplica a los vehículos eléctricos, no supondría solo una pequeña mejora tecnológica. La capacidad y la autonomía de las baterías son actualmente el talón de Aquiles de la revolución energética y mantienen a los coches eléctricos en segundo lugar frente a los vehículos propulsados por combustibles fósiles.
Así pues, este avance no solo podría dar un gran impulso a la tecnología de los vehículos eléctricos, sino que, en última instancia, podría tener un impacto decisivo en el medio ambiente y en los esfuerzos continuados para frenar el avance del cambio climático. Si, o cuando, los coches eléctricos se conviertan en los principales vehículos en circulación, las emisiones podrían reducirse drásticamente, mejorando nuestras posibilidades de seguir sobreviviendo en el planeta Tierra.





