Los fenómenos meteorológicos de El Niño desencadenan periodos intensos y generalizados de calentamiento extremo del océano, conocidos como olas de calor marinas.
Esto puede causar estragos en los ecosistemas marinos que sustentan las industrias pesqueras del mundo, incluidos los arrecifes de coral y las praderas de pastos marinos.
El pronóstico más reciente prevé que varias olas de calor marinas activas persistan hasta junio-agosto, incluidas las del Pacífico Norte, frente a la costa de Perú, al sudeste de Nueva Zelanda y en el Atlántico Norte tropical.
Ya viene. Los vientos se debilitan a lo largo del Pacífico ecuatorial. El calor se acumula bajo la superficie del océano. Para julio, la mayoría de los modelos de pronóstico coinciden en que el principal protagonista del sistema climático – El Niño – regresará por primera vez en casi cuatro años.
El Niño es una cara de la moneda climática llamada El Niño-Oscilación del Sur, o ENSO. Es la cara de la moneda de la que La Niña es la cruz.
Durante El Niño, una franja del océano que se extiende 6000 millas (unos 10 000 kilómetros) hacia el oeste desde la costa de Ecuador se calienta durante meses seguidos, normalmente entre 2 y 4 °F (unos 1 a 2 °C). Unos pocos grados pueden parecer poca cosa, pero en esa parte del mundo bastan para reorganizar por completo los patrones de viento, lluvia y temperatura en todo el planeta.
Soy científico del clima especializado en los océanos. Tras tres años de La Niña, es hora de empezar a prepararse para lo que El Niño podría deparar.
Cómo El Niño afecta al planeta
No hay dos eventos de El Niño exactamente iguales, aunque hemos observado suficientes como para que los meteorólogos tengan una idea bastante clara de lo que es probable que ocurra.
Se tiende a centrarse en el impacto de El Niño en la tierra, y con razón. El agua cálida afecta a las corrientes de aire, que dejan zonas más húmedas o más secas de lo habitual. Puede intensificar las tormentas en algunas zonas, como el sur de Estados Unidos, mientras tiende a reducir la actividad de los huracanes en el Atlántico.
El Niño también puede causar estragos en los numerosos ecosistemas marinos que sustentan las industrias pesqueras del mundo, incluidos los arrecifes de coral y las praderas de pastos marinos.
En concreto, El Niño tiende a desencadenar periodos intensos y generalizados de calentamiento extremo del océano, conocidos como olas de calor marinas.
Las temperaturas globales del océano ya se encuentran en máximos históricos, por lo que las olas de calor marinas provocadas por El Niño podrían llevar a muchas pesquerías sensibles al límite.
El problema de las olas de calor marinas
Una ola de calor marina es precisamente eso: una «ola» de calor extremo en el océano, similar a una ola de calor atmosférica en tierra firme.
En su versión más pequeña, las olas de calor marinas pueden inundar bahías y calas locales con agua más cálida de lo normal durante unos pocos días o semanas. En su versión más extensa, olas de calor marinas como el Blob cálido del Pacífico Nororiental de 2013-2014 pueden crecer hasta proporciones gigantescas, con regiones tres veces el tamaño de Texas que experimentan temperaturas oceánicas de 4 a 6 °F (unos 2 a 3 °C) por encima de la media durante meses o incluso años.
El agua cálida podría no parecer un gran problema, sobre todo para los surfistas que esperan dejar los trajes de neopreno en casa. Pero para muchos organismos marinos altamente adaptados a temperaturas específicas del agua, las olas de calor marinas pueden hacer que vivir en el océano sea como correr un maratón.
Por ejemplo, algunos peces aumentan tanto su metabolismo en aguas cálidas que consumen energía más rápido de lo que pueden alimentarse, y pueden morir. El bacalao del Pacífico disminuyó un 70 % en el golfo de Alaska como respuesta a una ola de calor marina. Otros impactos incluyen corales blanqueados, floraciones de algas nocivas generalizadas, algas marinas diezmadas y un aumento de varamientos de mamíferos marinos. En conjunto, se pierden miles de millones de dólares estadounidenses a causa de las olas de calor marinas cada año.
Las olas de calor marinas se intensifican por diversas razones. A veces, las corrientes oceánicas desplazan el agua cálida de un lugar a otro. A veces, los vientos superficiales son más débiles de lo normal, lo que provoca menos evaporación sobre el océano y aguas más cálidas. A veces, en zonas normalmente nubladas, el cielo se despeja durante unos meses, lo que deja pasar más luz solar y calienta el océano. Y a veces, la combinación de vientos más débiles y menos nubes se produce al mismo tiempo, lo que da lugar a olas de calor marinas récord.
Dónde encaja El Niño
En el sistema climático, El Niño es el rey. Cuando luce su corona de fuego, todo el planeta lo nota, y los océanos no son la excepción. Pero la probabilidad de que aumente la actividad de las olas de calor marinas durante El Niño depende del lugar en que se encuentre.
En la costa oeste de Estados Unidos, durante El Niño, los vientos superficiales que normalmente soplan desde el norte tienden a amainar. Esto debilita la evaporación y ralentiza el afloramiento de agua más fría y profunda. Ello aumenta las probabilidades de olas de calor marinas costeras.
Durante siglos, los pescadores peruanos han soportado periodos de calentamiento extremo del océano que ahuyentan a los peces. No fue hasta la década de 1920 cuando los científicos se dieron cuenta de que estas olas de calor marinas sudamericanas estaban relacionadas con el ENSO de todo el Pacífico.
En la bahía de Bengala, al este de la India, las interacciones entre El Niño y un patrón de flujo de aire tropical conocido como circulación de Walker aumentan el riesgo de olas de calor marinas.
Las olas de calor en el fondo marino son otro riesgo
Aunque este año las olas de calor marinas no sean más evidentes en la superficie del océano, eso no significa que todo esté bien en las profundidades.
En un estudio reciente, mis colegas y yo demostramos que las olas de calor marinas también se desarrollan a lo largo del fondo marino de las regiones costeras. De hecho, estas «olas de calor marinas de fondo» son a veces más intensas que sus equivalentes en superficie. Además, pueden persistir mucho más tiempo. Por ejemplo, una ola de calor marina de fondo entre 1997 y 1998 frente a la costa oeste de Estados Unidos se prolongó entre cuatro y cinco meses más después de que las temperaturas superficiales del océano ya se hubieran enfriado.
Eventos como este pueden estar relacionados con El Niño y someter a una fuerte presión a las especies que habitan en el fondo. Las capturas de cangrejo de las nieves en el mar de Bering se redujeron un 84 % en 2018, tras llegar al fondo marino una ola de calor marina.
Estamos metidos en aguas calientes
Con El Niño en el horizonte, ¿qué podemos esperar para este año?
La buena noticia es los modelos de pronóstico estacional pueden predecir con acierto las olas de calor marinas con tres a seis meses de antelación, según la región. Y los pronósticos tienden a ser más precisos durante los años de El Niño.
El pronóstico más reciente prevé que varias olas de calor marinas activas se prolonguen hasta junio-agosto, incluidas las del Pacífico Norte, frente a la costa de Perú, al sudeste de Nueva Zelanda y en el Atlántico Norte tropical.
Los mismos pronósticos prevén que El Niño se intensifique en los próximos seis a nueve meses, lo que aumentará el riesgo de olas de calor marinas de enero a marzo de 2024 en la costa oeste de Estados Unidos, el oeste del océano Índico, la bahía de Bengala y el Atlántico Norte tropical.
Dicho esto, estas predicciones están lo bastante lejanas como para que las cosas puedan cambiar. El tiempo dirá si se confirman (y si las aguas se calientan), pero nos conviene prepararnos. El Niño se acerca.








