Un nuevo estudio revela que solo una sexta parte de las costas del mundo se conserva en su estado natural.
La actividad humana ha degradado las zonas costeras de todo el mundo.
Pero aún estamos a tiempo de proteger las zonas vírgenes y restaurar las que han sufrido daños.
Allá donde van los seres humanos, dejan su huella. Y en ningún lugar es esto más cierto que en nuestras costas. Tanto es así que, según un nuevo estudio, solo el 15 % de las zonas costeras permanece ecológicamente intacto.
Casi tres cuartas partes de la población mundial viven a menos de 50 km del mar. Los investigadores, encabezados por un equipo de la Universidad de Queensland, Australia, afirman que la actividad humana afecta gravemente a la mitad de todos los entornos costeros.
Ni siquiera el 16,4 % de las zonas costeras que cuentan con protección ambiental formal está a salvo: el 43 % de ellas está sometido a una fuerte presión humana. Añaden que «aumentar las áreas protegidas que cuenten con recursos suficientes es una prioridad».
Según el equipo, las regiones costeras albergan algunos de los ecosistemas más biodiversos y singulares de la Tierra. Contribuyen a sostener la vida humana al proporcionar recursos pesqueros, proteger contra las tormentas y capturar y almacenar carbono para frenar el cambio climático.
Advierten que queda poco tiempo para proteger y restaurar los entornos costeros dañados en beneficio de la biodiversidad y de las personas que dependen de ellos para sobrevivir. «Se puede afirmar con seguridad que las regiones costeras intactas son ahora escasas», añaden.
Los investigadores utilizaron datos de 2013, el último año del que se dispone de información completa, para cartografiar el impacto humano en las costas y las aguas costeras. Descubrieron que la mayoría de las zonas ecológicamente intactas se encontraban en Canadá, Rusia y Groenlandia.
Aunque el informe señala que todos los países deben hacer más para preservar y restaurar las regiones costeras dentro de sus fronteras, estos tres países tienen la responsabilidad de «desempeñar un papel importante protegiendo de forma proactiva las últimas grandes regiones costeras intactas de la Tierra».
En total, 12 países tenían regiones costeras que permanecían intactas en más de un 80 %. Las costas también se mantenían mayormente intactas (entre un 60 % y un 80 %) en Chile, Australia, Estados Unidos, Svalbard, Indonesia, Papúa Nueva Guinea, las Islas Malvinas, las Islas Salomón y Brasil.
Según el informe, la ubicación de las costas más intactas, lejos del desarrollo urbano e industrial, las había protegido. Pero ¿qué se puede hacer por las zonas que ya han perdido su entorno natural prístino?
Como es lógico, afirman los investigadores, las medidas variarán según las circunstancias locales, pero del informe se desprenden algunos temas clave. Es necesario actuar para eliminar los contaminantes, que a menudo se originan tierra adentro, pero dañan la costa al llegar al mar.
Al mismo tiempo, es esencial actuar contra el cambio climático para reducir los daños a los ecosistemas costeros de las regiones polares. Hay que detener actividades como la tala ilegal, y trabajar con los pueblos indígenas es clave para ayudarles a restaurar sus entornos costeros.
«Para cumplir los objetivos mundiales de conservación y sostenibilidad, es crucial que los países pongan en marcha medidas de conservación para preservar las regiones costeras intactas que aún les quedan», afirman los investigadores.
«Ahora es fundamental que la comunidad mundial establezca objetivos específicos de restauración para las regiones costeras, lo que contribuiría a los esfuerzos de la Década de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas que están en marcha».
En el Informe sobre el futuro de la naturaleza y las empresas 2020, el Foro Económico Mundial destacó el grave coste de no proteger la biodiversidad y los hábitats silvestres. Por ejemplo, los desastres naturales en Asia-Pacífico afectaron a 50 millones de personas en 2018. «Estos desastres se agravaron por los daños ambientales, pues los ecosistemas costeros que podrían haber protegido a la región de las inundaciones y otros fenómenos meteorológicos extremos ya habían sido destruidos».
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