El Ártico ha recibido mucha atención últimamente. Algunos afirman que los Estados árticos, con la mirada puesta en los vastos yacimientos potenciales de petróleo y gas de la región, podrían encaminarse hacia un conflicto. Los ecologistas han puesto en marcha campañas en las redes sociales para prohibir nuevos desarrollos industriales en la región. Las comunidades locales tienen opiniones dispares sobre el desarrollo, pues, al fin y al cabo, es su tierra natal.
Son muchas las personas —la mayoría bien intencionadas— que tienen muchas opiniones sobre el Ártico, por lo que incluso a los expertos les resulta difícil determinar qué es cierto y qué no en relación con la región más septentrional del planeta.
Una cosa es segura: el cambio climático está generando una serie de desafíos y oportunidades en la región para los gobiernos, las empresas y muchos otros actores.
El Consejo del Ártico del Foro Económico Mundial analizó recientemente cinco de los mitos más extendidos sobre el Ártico y su desarrollo:
Primer mito: el Ártico es una frontera deshabitada y sin reclamaciones, que no está regulada ni gobernada.
En el Ártico viven unos cuatro millones de personas y una economía anual de 230 000 millones de dólares estadounidenses se desarrolla bajo la jurisdicción compartida de ocho países: Rusia, Finlandia, Noruega, Suecia, Islandia, Groenlandia/Dinamarca, Canadá y Estados Unidos. Incluso cuando se adentra en el océano Ártico, la mayor parte de las aguas costeras se encuentra dentro de las zonas económicas exclusivas existentes, y las extensiones adicionales se tratan con arreglo a la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. En otras palabras, el Ártico no es un lugar sin reclamaciones ni disputado, ni una zona militar cerrada. Está gobernado por estructuras nacionales y se rige por marcos internacionales.
Segundo mito: la riqueza en recursos naturales de la región está disponible para su explotación sin dificultad.
El desarrollo de recursos naturales en el Ártico se ve obstaculizado por muy diversos tipos de desafíos, entre ellos técnicos, de infraestructura, económicos y ambientales. Aunque está habitada y gobernada, la región aún se encuentra en la periferia de las principales rutas comerciales del mundo industrializado y casi podría describirse como la próxima economía emergente. La extracción de recursos nunca es una operación sencilla y se vuelve mucho más compleja en entornos polares, lo que exige grandes niveles de inversión y el desarrollo de tecnologías especializadas. Además, la región no es homogénea en cuanto a su potencial de desarrollo. Existen marcadas diferencias entre los entornos terrestres y marinos, así como entre distintas regiones y países, en lo que respecta a los niveles actuales de infraestructura, población, sensibilidad ambiental y accesibilidad.
Tercer mito: el Ártico será inmediatamente accesible a medida que el hielo marino siga desapareciendo.
Lo contrario sucederá en tierra firme. Las carreteras de invierno son un elemento esencial de la infraestructura y permiten transportar materias primas extraídas del Ártico hacia los centros de distribución mundiales del sur. Pero el deshielo del permafrost desestabiliza el suelo sobre el que se construyen estas carreteras. Incluso en el océano Ártico, el hielo marino no es el único obstáculo; otros son la oscuridad polar, la escasez de cartas náuticas, la falta de infraestructuras críticas y de sistemas de control de navegación, la baja capacidad de búsqueda y rescate, los elevados costes de seguros y escolta, y otros factores no climáticos. El mito relacionado de que el cambio climático creará un océano Ártico libre de hielo durante todo el año también es falso, ya que el hielo marino siempre se formará durante el invierno y las características y la cobertura del hielo variarán considerablemente en la región.
Cuarto mito: el Ártico está tenso por disputas geopolíticas y es el próximo foco de conflicto
La región ártica es un poderoso ejemplo de colaboración internacional. Los países de la región se ajustan en gran medida a los tratados internacionales habituales, se reúnen en foros regionales como el Consejo Ártico y utilizan los canales diplomáticos ordinarios para resolver sus diferencias. La ampliación de la plataforma continental del océano Ártico, ahora en curso y ampliamente difundida, por ejemplo, se basa completamente en la ciencia y no es especialmente polémica. Las partes implicadas siguen el mismo procedimiento de las Naciones Unidas que se utiliza para resolver otras disputas sobre la plataforma continental en todo el mundo. Algunos miembros del Consejo del Ártico del Foro consideran que la región es el principal ejemplo de colaboración internacional para el desarrollo sostenible.
Quinto mito: el cambio climático en el Ártico solo tiene importancia local y regional
En pocas palabras, el clima del Ártico no está cambiando por el aumento de la actividad en la región; está cambiando por actividades que se llevan a cabo en todo el mundo y que se manifiestan de forma muy visible en esta región tan vulnerable. Además, cuando el medio ambiente del Ártico cambia debido a sucesos ocurridos fuera del extremo norte, las repercusiones son muchas y de alcance mundial. Entre ellas figuran una subida más rápida del nivel del mar debida a una mayor pérdida de hielo de la capa de hielo de Groenlandia, alteraciones en los patrones meteorológicos causadas por la perturbación de las corrientes en chorro, un cambio en el balance energético planetario debido a la menor reflectividad de la luz de las superficies antes cubiertas de nieve o hielo, el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero procedentes de los suelos del permafrost en deshielo y de los hidratos de metano, y la pérdida psicológica de especies de carácter icónico a escala mundial, como el oso polar, entre otras.
Autor: este blog fue escrito por Ethan Huntington en nombre del Global Agenda Council on the Arctic.
Imagen: guardacostas canadiense durante un ejercicio conjunto en el Ártico. REUTERS/Chris Wattie

