Los 13 mayores comerciantes de materias primas del mundo se han comprometido a actuar contra la deforestación causada por las materias primas que controlan.
Dado que comercian con decenas de miles de agricultores de todo el mundo, no es posible imaginar una solución a la deforestación sin ellas.
La financiación ESG podría ser una solución a la necesidad de proporcionar financiación para la transición a los agricultores.
El año pasado, los directores ejecutivos de las 13 mayores empresas de comercio de materias primas del mundo, entre ellas Cargill, Bunge, ADM y Louis Dreyfus Company, anunciaron en la conferencia de las Naciones Unidas sobre el clima ambiciosos compromisos para combatir la deforestación. Ahora mismo están trabajando en la hoja de ruta para alcanzarlos. Estas empresas controlan la cuota de mercado de materias primas con alto riesgo de deforestación, como la soja, el ganado, el cacao y el aceite de palma, y sus ingresos anuales combinados rozan los 500.000 millones de dólares.
Dado que la deforestación es responsable de aproximadamente una octava parte de todas las emisiones de gases de efecto invernadero, estas empresas tienen una enorme oportunidad de impulsar un cambio real y duradero.
No es la primera vez que las empresas se comprometen a actuar. En 2014, más de 70 empresas firmaron la Declaración de Nueva York sobre los Bosques (NYDF, por sus siglas en inglés), y se comprometieron a eliminar la deforestación de cadenas de suministro de materias primas clave, como la soja y el aceite de palma, para 2020. En 2010, el Foro de Bienes de Consumo publicó una resolución de su consejo directivo con objetivos similares para 2020.
Ambas iniciativas fracasaron. ¿Por qué? Porque las empresas no pueden acabar con la deforestación por sí solas. Deben colaborar entre ellas y con agricultores, gobiernos, la sociedad civil, los grupos indígenas y las comunidades. Debemos cambiar la mentalidad según la cual los países del Sur Global deberían depender de las señales del Norte, pero la realidad es que, sin esas señales, los agricultores y los gobiernos de las zonas tropicales tenían menos incentivos para prestar atención.
Ya no es posible seguir haciendo las cosas como siempre. Estamos viendo en tiempo real el costo de la inacción. La guerra en Ucrania ya está ejerciendo presión para ampliar la producción de materias primas, y los agricultores de países como Indonesia y Brasil responderán. Existirá la tentación de ampliar la producción de formas insostenibles, como talar bosques y quemar vegetación autóctona. ¿Qué se puede hacer?
Coalición de comerciantes de materias primas
Los directores ejecutivos de estas 13 empresas tienen el poder de cambiar la historia. Tienen la clave. Están a las puertas de todos los agricultores que producen esas materias primas: compran sus productos y pueden influir en sus decisiones. Además, algo fundamental, representan al mundo: una cuarta parte son brasileños y otra cuarta parte, asiáticos. Son una auténtica coalición global de voluntades.
Resolver este problema depende de la firmeza de voluntad. La economía agrícola debe recompensar los cambios que los agricultores tendrán que hacer. Los gobiernos deben aplicar con mayor rigor las políticas que ya están aprobadas. Y los comerciantes de materias primas deben poder rastrearlas a lo largo de la cadena de suministro para certificar su procedencia. Todo el sistema necesitará nuevas inversiones: subvenciones de fuentes con una misión clara o préstamos a tasas inferiores a las del mercado, precios diferenciados para materias primas más sostenibles y préstamos accesibles para agricultores que quizá no tengan un historial crediticio sólido. ¿Cómo podemos cambiar las condiciones económicas de los agricultores para que mantengan sus medios de vida y, al mismo tiempo, protejan y conserven los paisajes para las generaciones actuales y futuras?
La respuesta debe incluir nuevas formas de canalizar financiación hacia los agricultores y ganaderos de las regiones tropicales. Sin embargo, es más fácil decirlo que hacerlo. Desde hace años, se intenta conseguirlo sin éxito. Los mercados de carbono aún no funcionan a la escala necesaria, aunque podrían llegar a hacerlo, y los sistemas de certificación no tienen la penetración de mercado necesaria. Incluso cuando las empresas asumen ambiciosos compromisos contra la deforestación, a sus unidades de negocio les resulta difícil aplicarlos si no tienen incentivos para excluir de sus cadenas de suministro a los agricultores que no los cumplen.
Durante los 20 años que lleva el debate sobre la deforestación, las empresas que comercian con materias primas agrícolas a menudo han sido señaladas como las villanas, aunque es imposible imaginar una solución a la deforestación sin ellas. Mientras los accionistas y los grupos de inversores aumentan la presión año tras año, estas empresas tienen el poder de cambiar el rumbo del debate mediante varias acciones concretas.
Acción sobre el terreno
En primer lugar, es fundamental centrarse en la financiación para la transición de los agricultores con el fin de acabar con la deforestación. Nunca antes el sector financiero había mostrado tanto interés por el cambio climático y los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés). Estas empresas de materias primas tienen un enorme activo sin aprovechar: todos los hábitats intactos de los decenas de miles de agricultores de las regiones tropicales con quienes comercian. Desde hace años, muchas de estas empresas supervisan la huella de sus cadenas de suministro con tecnologías cada vez mejores. Ha llegado el momento de hacer un inventario adecuado de esos hábitats, algo que algunas ya están empezando a hacer.
También deberían acercarse al sector financiero y a los bancos de desarrollo para señalar que nadie más tiene un alcance semejante. Allí donde se producen materias primas, cuentan con la infraestructura y la capacidad sobre el terreno necesarias para llegar a casi todos los productores. Estas empresas realmente pueden convertir en acciones concretas sus grandes aspiraciones climáticas y ESG.
El problema es que esos mecanismos financieros no existen ni de lejos a la escala necesaria. Pero eso se debe a que nunca han hecho un esfuerzo concertado para pedir ayuda al sector financiero. Ese debería ser el mensaje: ayúdennos a encontrar una solución. Tenemos un mecanismo para hacer llegar la ayuda, pero no tenemos nada que entregar; ustedes tienen capital, pero carecen de un mecanismo para distribuirlo. Ambos sectores tienen una enorme oportunidad de desarrollar juntos las innovaciones financieras que la crisis climática reclama a gritos.
Ha llegado el momento de que las empresas de comercio de materias primas anuncien, con ayuda del sector financiero, un esfuerzo serio para invertir en las innovaciones necesarias para combatir la deforestación. Este es exactamente el tipo de impulso monumental a la acción colectiva que necesitamos para hacer posible un futuro de 1,5 °C. Ha llegado el momento de cambiar el rumbo del debate: que los comerciantes de materias primas pasen de ser parte del problema a convertirse en parte integral de la solución.




