Una investigación ha determinado que solo el 16 % de las regiones costeras del mundo se encuentra en buen estado, y que muchas están tan dañadas que es imposible restaurarlas por completo.
Pese a nuestra dependencia de las costas, los seres humanos han ejercido una presión considerable sobre ellas a través de prácticas como el transporte marítimo, la pesca y la infraestructura eléctrica.
Se necesitan medidas de conservación y restauración, entre ellas: la participación de la comunidad, la implicación de los pueblos indígenas y la gestión de los recursos pesqueros.
Solo alrededor del 16 % de las regiones costeras del mundo se encuentra en un estado relativamente bueno, según nuestra investigación pionera a nivel mundial y muchas están tan degradadas que no pueden devolverse a su estado original.
Los lugares donde la tierra se encuentra con el mar son fundamentales para el funcionamiento de nuestro planeta. Sostienen la biodiversidad y los medios de vida de miles de millones de personas. Sin embargo, hasta la fecha, el conocimiento del estado general de las regiones costeras de la Tierra ha sido escaso.
Nuestra investigación, en la que participó un equipo internacional de expertos, reveló una situación alarmante. La humanidad ejerce una presión intensa sobre casi la mitad de las regiones costeras del mundo, incluida una gran proporción de las zonas protegidas.
Todas las naciones deben intensificar sus esfuerzos para preservar y restaurar sus regiones costeras, y el momento de empezar es ahora mismo.
Nuestras costas son vitales y vulnerables
Las regiones costeras comprenden algunos de los ecosistemas más diversos y singulares de la Tierra. Incluyen arrecifes de coral, bosques de algas, praderas de angiospermas marinas, llanuras de marea, manglares, estuarios, marismas, humedales y hábitats costeros boscosos.
Muchas especies animales, incluidas las migratorias, dependen de las costas para reproducirse, alimentarse y protegerse. Los emplazamientos costeros son también los puntos donde desembocan los ríos, los bosques de manglar intercambian nutrientes con el océano y se mantienen los flujos de marea.
Los seres humanos también necesitamos las costas. Entre otras funciones, sostienen nuestras pesquerías, nos protegen de las tormentas y, lo que es más importante, almacenan carbono para ayudar a mitigar el cambio climático.
Hasta el 74 % de la población mundial vive a menos de 50 kilómetros de la costa, y los seres humanos ejercen presión sobre los entornos costeros de innumerables maneras.
En los entornos marinos, estas presiones incluyen:
- La pesca en distintos niveles de intensidad
- La contaminación terrestre por nutrientes, sustancias químicas orgánicas y luz
- Las repercusiones humanas directas, por ejemplo, a través de actividades recreativas
- El transporte marítimo
- El cambio climático (y la consiguiente acidificación de los océanos, la subida del nivel del mar y el aumento de la temperatura superficial del mar).
En tierra, las presiones humanas sobre nuestras costas incluyen:
- Entornos construidos, como los desarrollos costeros
- Perturbaciones
- Infraestructuras eléctricas y de transporte
- Cultivos y pastizales, que desbrozan los ecosistemas y provocan el vertido de sustancias químicas y nutrientes a las vías fluviales.
Hasta la fecha, las evaluaciones de las regiones costeras del mundo se han centrado en gran medida solo en la tierra o solo en el océano, en lugar de considerar ambos ámbitos conjuntamente. Nuestra investigación pretendía abordar esta cuestión.
Un panorama preocupante
Integramos los mapas existentes de impacto humano tanto para las zonas terrestres y oceánicas. Esto nos permitió evaluar el espectro de la presión humana en las regiones costeras de la Tierra para identificar las que están muy degradadas y las que se mantienen intactas.
Ambos mapas utilizan datos hasta el año 2013, el año más reciente para el que existen datos coherentes.
Ninguna región costera está libre de la influencia humana. No obstante, el 15,5 % de las regiones costeras de la Tierra se mantiene intacto; dicho de otro modo, los seres humanos solo han ejercido una presión baja. Muchas de las regiones costeras intactas se encuentran en Canadá, seguido de Rusia y Groenlandia.
También se han encontrado extensas zonas costeras intactas en otros lugares, como Australia, Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Chile, Brasil y Estados Unidos.
Preocupa que el 47,9 % de las regiones costeras haya estado expuesto a niveles muy altos de presión humana. Y en el caso del 84 % de los países, más de la mitad de sus regiones costeras estaban degradadas.
Además, la presión humana era alta en cerca del 43 % de las regiones costeras protegidas, es decir, aquellas que se supone que están gestionadas para conservar la naturaleza.
Las regiones costeras con praderas marinas, sabanas y arrecifes de coral registraban los niveles más altos de presión humana en comparación con otros ecosistemas costeros. Algunas regiones costeras pueden estar tan degradadas que no sea posible restaurarlas. Los ecosistemas costeros son muy complejos y, una vez perdidos, es probable que sea imposible restaurarlos a su estado original.
Entonces, ¿qué hacemos ahora?
Cabe afirmar sin temor a equivocarse que las regiones costeras intactas son hoy en día escasas. Instamos a los gobiernos a conservar con urgencia las regiones costeras que se mantienen en buen estado, y a restaurar aquellas que están degradadas, pero aún pueden recuperarse.
Para contribuir a esta tarea global, hemos puesto nuestro conjunto de datos a disposición pública y de uso gratuito aquí.
Por supuesto, las medidas adecuadas de conservación y restauración variarán de un lugar a otro. Las medidas podrían incluir, entre otras, las siguientes:
- mejorar la gobernanza ambiental y las leyes relacionadas con el desarrollo que invade el territorio
- aumentar las zonas protegidas con recursos suficientes
- mitigar el cambio de uso del suelo para evitar el aumento de la escorrentía contaminante
- mejorar la participación de las comunidades y de la población local
- reforzar la implicación de los pueblos indígenas en la gestión de las regiones costeras
- la gestión eficaz de los recursos pesqueros
- hacer frente al cambio climático
- abordar los factores geopolíticos y socioeconómicos que causan daños a los entornos costeros.
Además, existe una necesidad urgente de contar con políticas y programas nacionales y mundiales para gestionar con eficacia las zonas en las que convergen la tierra y el océano.
El impacto de la humanidad en las regiones costeras de la Tierra ya es grave y generalizado. Sin un cambio urgente, las consecuencias para la biodiversidad costera y para la sociedad serán aún más profundas.


