
Los años 60 fueron una década de revolución social y guerra fría: de prosperidad en el primer mundo y hambruna en el tercer mundo. Una década de contradicciones casi poéticas, que terminó con el mundo viéndose a sí mismo, por primera vez, como una hermosa y solitaria canica de recursos finitos flotando en un vacío infinito del espacio, con nuestro único satélite, la Luna, conquistada y estéril como advertencia de un posible futuro.
Esta imagen, evocada por el autor Paul Sabin en su libro erudito y atractivo, The Bet: Paul Ehrlich, Julian Simon, and Our Gamble over Earth’s Future, sitúa magistralmente el contexto de una disputa académica entre dos pensadores de talla mundial que cambió profundamente el rumbo del movimiento ambientalista.
En la historia, Sabin expone cómo un asunto tan vasto como la salud del planeta se divide según líneas políticas: cómo dos hombres, ambos académicos rigurosos, polarizaron el debate entre optimismo y pesimismo, biología y economía, demócratas y republicano, científicos y escépticos.
Sabin escribe con ligereza y respeto. Crea retratos empáticos de dos intelectuales apasionados, quienes argumentan con lógica si el crecimiento de la población mundial es bueno o malo para el planeta. El resultado es una explicación oportuna y bien meditada de cómo hemos llegado a un debate sobre la existencia y los efectos del cambio climático, y de por qué se divide según líneas políticas.
La apuesta epónima del título versaba sobre los precios de cinco metales. “Pero su apuesta representa mucho, muchísimo más: nuestra apuesta colectiva por el futuro de la humanidad y del planeta.” Si eso suena a jactancia, el autor conduce hábilmente al lector por la historia y justifica esa afirmación.
En 1968, Ehrlich publicó The Population Bomb en el que pedía un control poblacional inmediato y draconiano. “Los humanos eran como parásitos del medio ambiente; la humanidad corría el riesgo de extinguirse al destruir a su huésped.” Simon, tras investigar las cifras en profundidad, adoptó la perspectiva de un economista según la cual “los mercados gestionarían con éxito el agotamiento de los recursos desarrollando sustitutos, moderando la demanda y estimulando la producción.”
Durante una década, su debate se desarrolló en revistas académicas, hasta que en 1980 Simon retó a Ehrlich, en Social Science Quarterly, a una apuesta: si el precio del cromo, el cobre, el níquel, el estaño y el wolframio aumentaría en la década siguiente. Simon apostó mil dólares a que, en 10 años, no subirían.
En aquel momento, su apuesta resonó con el choque cultural que se producía en Estados Unidos en su conjunto. También reflejó los distintos caminos que tomaban el demócrata Jimmy Carter y el aspirante republicano Ronald Reagan en las elecciones de 1980. Reagan ya había denunciado “las estimaciones de expertos desconocidos y no identificables que reescriben la historia moderna … para convencernos de que nuestro alto nivel de vida … es de algún modo un despilfarro egoísta que debemos renunciar a tener si nos unimos a compartir la escasez.”
Esta reseña no revela el desenlace, pero un resultado es evidente: el debate, cada vez más prominente, sobre el coste del progreso humano ha caído en los surcos retóricos establecidos en debates anteriores sobre el crecimiento de la población y la escasez de recursos.
Mientras ambientalistas y escépticos se dividen sobre si el planeta requiere nuestra atención urgente, este libro es un recordatorio oportuno de los acontecimientos que establecieron el paradigma. Quizá los líderes mundiales puedan volver a examinar “la apuesta” con miras a lograr un consenso en el debate.
El libro The Bet: Paul Ehrlich, Julian Simon, and Our Gamble over Earth’s Future ha sido publicado por Yale University Press.
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Autor: Sheridan Jobbins es periodista y guionista.
Imagen: Viajeros haciendo cola frente a una estación de tren en Manila, el 16 de junio de 2008. REUTERS/John Javellana

