Los Estados miembros de la ASEAN figuran entre las principales fuentes de contaminación por plástico del mundo. Más de la mitad de los residuos plásticos del océano proceden de solo cinco países asiáticos: China, Indonesia, Filipinas, Vietnam y Tailandia, según un informe de 2017 de Ocean Conservancy y el Centro McKinsey para los Negocios y el Medio Ambiente.
Cada año, 8 millones de toneladas de plástico desechado terminan en el océano, y la situación empeora. Un informe del Foro Económico Mundial calcula que, si no corregimos el rumbo, en 2050 habrá más plástico que peces en el océano (en peso).
Ríos de plástico
Gran parte de la contaminación proviene de los ríos, que arrastran al océano residuos plásticos cuya gestión es inadecuada. Un estudio de científicos del Centro Helmholtz de Investigación Medioambiental concluyó que el 90% del plástico oceánico procedía de solo 10 ríos, ocho de ellos en Asia.
Las principales vías fluviales de la región sustentan a grandes poblaciones asentadas en sus proximidades, que dependen de sistemas de gestión de residuos deficientes y, a veces, inexistentes. Los residuos no recogidos se vierten en los ríos, que luego los llevan al mar.
Aunque las labores de limpieza merecen reconocimiento, recoger los desechos arrastrados hasta las playas y las costas aborda el efecto, en lugar de la causa fundamental del problema.
Para combatir la creciente marea de contaminación oceánica, debemos cambiar el papel central que desempeña el plástico en la vida cotidiana.
Los gobiernos de Asia empiezan a tomar conciencia de los devastadores costos ecológicos y financieros de la contaminación de ríos y océanos. China, el mayor productor de residuos plásticos, ha comenzado a abordar el problema. Además de prohibir las importaciones de residuos, se ha comprometido a alcanzar una tasa de reciclaje del 35% en 46 ciudades para 2020.
India quiere eliminar todos los plásticos de un solo uso del país para 2022, y ha impuesto una prohibición inmediata en Delhi.
Otros países asiáticos, como Bangladesh, han prohibido las bolsas de plástico, aunque la aplicación de la medida ha sido irregular.
Abordar el problema desde su origen
Señalar acusadoramente a los consumidores por usar demasiado plástico es como culpar a los propietarios de automóviles por los atascos. Si se redujera la producción de plástico, habría menos disponible para que la gente lo usara.
Así como las políticas gubernamentales pueden restringir el uso de productos plásticos por parte de los consumidores, también pueden orientar el comportamiento de los productores.
Imponer impuestos y límites a la cantidad y al tipo de plásticos producidos puede ser una forma eficaz de reducir la producción. Otra posible medida gubernamental es ofrecer incentivos para animar a los productores a desarrollar alternativas a los plásticos no biodegradables.
Las normas de construcción y planificación urbana también pueden diseñarse para fomentar el uso de materiales respetuosos con el medio ambiente.
Aumentar las tasas de reciclaje y reducir la cantidad de plástico de uso cotidiano son primeros pasos positivos, pero las políticas gubernamentales podrían ir mucho más allá. Por ejemplo, podrían aumentar la conciencia pública sobre el problema y ofrecer alternativas al vertido de residuos en los ríos mediante la creación de sistemas eficaces de recogida y gestión de residuos.
Por supuesto, organizar y financiar una recogida eficaz de residuos no es tarea fácil. Los proyectos comunitarios han tenido éxito en lugares como Malasia, al igual que las alianzas público-privadas. Una opción es que los gobiernos paguen tarifas de reciclaje a empresas privadas por recoger residuos plásticos e incluyan incentivos para transformarlos en productos reutilizables que puedan venderse.
Crear un futuro sostenible
La innovación desempeña un papel central en la creación de alternativas al plástico, el desarrollo de soluciones basadas en la economía circular y la búsqueda de usos para las enormes cantidades de residuos que ya existen.
Empresas privadas han desarrollado alternativas compostables a los envases de plástico que se biodegradan rápidamente, eliminando el problema de los desechos que permanecen durante años. Una empresa británica ha llevado esta idea un paso más allá y ha producido envases que pueden comerse junto con los alimentos que contienen. De manera similar, una empresa emergente indonesia ha elaborado envoltorios y sobres para alimentos a partir de algas marinas, que también pueden consumirse.
Cada año se ponen en marcha numerosas iniciativas a pequeña escala; algunas pueden ampliarse para satisfacer la demanda regional.
Otros proyectos buscan aprovechar la abundante y barata oferta de residuos plásticos. En algunas zonas rurales de India, los trabajadores han construido más de 34.000 km de carreteras con residuos plásticos triturados. Además de resistir excepcionalmente bien las temperaturas abrasadoras del país, cada kilómetro cuesta un 8% menos de construir que las carreteras convencionales.
El programa de construcción de carreteras genera empleo para pescadores locales, a quienes se paga por retirar desechos del océano, y también para recolectores de plástico en tierra. En la zona han surgido además varias pequeñas empresas privadas de trituración.
A medida que el crecimiento demográfico y la industrialización continúan en Asia, sus frágiles ecosistemas soportarán una presión cada vez mayor. Encontrar formas de reducir los residuos plásticos, gestionarlos de manera responsable y fomentar la creación de alternativas viables será fundamental para un futuro sostenible de la región.



