La acuicultura marina puede ayudar al mundo a diversificar sus sistemas alimentarios, sometidos a presión.
La acuicultura ofrece múltiples beneficios climáticos, desde el secuestro de carbono hasta su contribución a productos ecológicos.
Los acuicultores pueden ser observadores fundamentales de los ecosistemas cambiantes.
El planeta nunca ha estado bajo tanta presión para aumentar la producción de alimentos. Y esta presión no hará más que crecer: hasta un 60% en las próximas décadas. Al mismo tiempo, el cambio climático amenaza los sistemas alimentarios de todo el mundo y plantea grandes interrogantes sobre el suministro y la seguridad alimentarios futuros, los medios de vida y la nutrición humana.
Ante estas múltiples presiones que constriñen nuestro planeta, debemos replantearnos cómo alimentamos a las personas y protegemos el medio ambiente: diversificando drásticamente los cultivos, mejorando los métodos de cultivo y seleccionando estratégicamente los lugares donde producimos nuestros alimentos. Ya no se trata solo de cubrirnos las espaldas para asegurarnos de que la producción satisfaga la demanda; es una necesidad vital para nuestros sistemas de producción de alimentos, ya sobrecargados y sometidos a demasiada presión.
Así que pensemos en grande: en el 71% del planeta; pensemos en nuestro océano.
La acuicultura marina, es decir, el cultivo de plantas y animales en nuestros océanos, es una fuente importante de nutrición y, según indican las investigaciones, una solución emergente al cambio climático. Sin embargo, a menudo se la pasa por alto en los debates más amplios sobre cómo lograr un sistema alimentario regenerativo y positivo para la naturaleza, en parte por su supuesto historial de degradación ambiental. Pero los importantes avances en tecnología y prácticas han hecho posible gestionar el sector de forma responsable, y la acuicultura tiene un potencial real para restaurar la salud ambiental y mejorar el bienestar humano.
Repensar cómo y dónde producimos nuestros alimentos puede marcar una gran diferencia para el futuro climático. Es hora de ponerse manos a la obra.
Un sistema alimentario resiliente
Hoy, producir la gran mayoría de nuestros alimentos requiere tierra. Y casi toda la tierra fértil del mundo ya está en uso. En cambio, nuestros océanos cubren casi tres cuartas partes del planeta y, sin embargo, actualmente proporcionan apenas el 2% de nuestros alimentos. No solo hay espacio para producir aquí, también hay espacio para hacerlo de forma inteligente.
La acuicultura en entornos marinos permite el cultivo tridimensional (por ejemplo, apilando una granja sobre otra). Un estudio proyecta que, si cultiváramos productos del mar en vez de carne terrestre para satisfacer la creciente demanda de proteínas, podríamos ahorrar una superficie de tierra equivalente al doble del tamaño de la India. Además, cultivar productos del mar en lugar de la mayoría de las otras proteínas animales tambiénahorra una enorme cantidad de carbono: la mayoría de los productos del mar de cultivo genera alrededor de una décima parte de las emisiones de carbono de la carne de vacuno.
Además de evitar emisiones adicionales, la acuicultura también puede ayudar a nuestros sistemas alimentarios a resistir mejor y recuperarse de los efectos del cambio climático que ya estamos viendo, como las sequías graves y las variaciones de temperatura. Una forma de lograrlo es producir una mayor variedad de alimentos que respondan de manera diferente a los cambios. La acuicultura marina contribuye a una combinación saludable y resiliente de fuentes de alimentos. Como le afectan de manera distinta los cambios en la temperatura del aire, las precipitaciones y el suelo que a la agricultura terrestre, este método puede ayudar a las comunidades productoras de alimentos y a quienes dependen de ellas a ser más resilientes.
Un sistema inteligente desde el punto de vista climático
Nuevas investigaciones respaldan los beneficios climáticos de la acuicultura. Las algas marinas ofrecen un gran potencial. Por ejemplo, algunos estudios muestran que, en determinadas circunstancias, la acuicultura de algas marinas puede secuestrar carbono cuando los fragmentos de algas se desprenden de las granjas y quedan secuestrados en hábitats de aguas profundas, o aportar nutrientes a hábitats costeros de carbono azul, como los manglares. El cultivo conjunto de algas marinas con ciertos tipos de moluscos también podría reducir las emisiones generadas durante el cultivo de moluscos. Aún más alentadores son los nuevos avances en el uso de algas marinas en productos finales con efectos positivos para el clima, como los suplementos alimentarios que reducen las emisiones de metano cuando se suministran a las vacas, los bioplásticos y el biocarbón.
Los investigadores también están demostrando que la acuicultura de algas marinas puede mitigar los efectos locales de la acidificación oceánica, uno de los impactos más importantes del cambio climático en los ecosistemas oceánicos y costeros. Al realizar la fotosíntesis, las algas marinas convierten el dióxido de carbono disuelto en el agua circundante en crecimiento y oxígeno. Estudios realizados en China, Chile y Estados Unidos muestran que las granjas de algas marinas pueden crear un efecto beneficioso en las aguas circundantes, reducir los niveles de acidez mediante este efecto del CO2 disuelto y, en última instancia, disminuir la acidificación oceánica. En ciertas circunstancias, ubicar granjas de algas marinas alrededor de sistemas vulnerables, como los arrecifes de moluscos, podría ayudar a amortiguar el impacto de los cambios en las condiciones oceánicas.

Un proceso vivo y de aprendizaje
Por supuesto, las granjas acuícolas no son inmunes a los efectos negativos del cambio climático y la contaminación por carbono. Por ejemplo, la acidificación oceánica, que dificulta que las larvas de moluscos formen sus conchas, estuvo a punto de provocar una catástrofe en la industria de moluscos del noroeste del Pacífico en 2008, cuando se desplomó la producción de larvas de ostras en dos importantes criaderos. Actualmente, los productores realizan costosos controles y ajustes de la química del agua para garantizar que las larvas de moluscos puedan formar adecuadamente sus conchas protectoras, y algunos incluso han trasladado por completo sus criaderos. Los ambientalistas y los productores de moluscos ahora trabajan juntos para afrontar estos desafíos e impulsar una acción climática más ambiciosa.
Los acuicultores que trabajan en el agua día tras día están en una posición única para observar cómo cambian los ecosistemas y compartir las lecciones que han aprendido. Así nos ayudan a comprender, predecir y abordar mejor los impactos en las comunidades y los ecosistemas costeros. Además, las nuevas tecnologías de sensores y el software permiten recopilar muchos más datos en tiempo real.
Custodios del planeta azul
La acuicultura puede ser un faro de esperanza y oportunidad, una ocasión para cambiar radicalmente la forma en que producimos alimentos y el impacto que estos tienen en el planeta. Podemos utilizar la acuicultura para impulsar el desarrollo económico de las comunidades costeras y fortalecer la seguridad alimentaria a escala local y mundial. Si se lleva a cabo de manera inteligente y sostenible, la acuicultura es el camino para aumentar la producción mundial de alimentos y las oportunidades comerciales en tiempos de cambio y en un clima cambiante.
Pero es fundamental que las granjas marinas hagan su parte y sigan reduciendo su huella de carbono. Esto significa ubicar adecuadamente las granjas, utilizar los piensos de manera más eficiente, adoptar tecnologías de precisión y automatización, reducir la dependencia del transporte aéreo para llevar los productos acuícolas a los mercados y hacer la transición a fuentes de energía renovables en las granjas.
Muchos tenemos la imagen tradicional del agricultor como custodio de la tierra; a medida que el cambio climático transforma nuestra realidad, quienes producen alimentos en el océano podrían convertirse en los futuros custodios de nuestro planeta, en su mayor parte azul. Pero ningún sector puede liderar este esfuerzo por sí solo. Los consumidores deben apoyar la acuicultura sostenible, al igual que agricultores, gobiernos, empresas agroalimentarias mundiales, inversores y organizaciones no gubernamentales deberán trabajar juntos para aprovechar plenamente el potencial de la acuicultura restaurativa y alimentar a las personas en un clima cambiante.
• Este artículo apareció originalmente en www.nature.org
