El krill antártico es una parte vital de la cadena alimentaria, que sustenta diversas formas de vida en el océano Austral que rodea la Antártida.
También es objeto de la industria pesquera por sus valiosos ácidos grasos omega-3 y por su uso en piensos para la acuicultura.
Pero los datos que recoge la industria pesquera sobre el krill pueden ayudarnos a proteger el ecosistema que sustenta esta especie.
El krill antártico es una especie “clave” en el océano Austral que rodea la Antártida, y desempeña un papel fundamental en el mantenimiento del frágil ecosistema de la región. Este crustáceo de libre nado y rico en proteínas es una parte vital de la cadena alimentaria, ya que sustenta diversas formas de vida, como aves, peces, pingüinos y mamíferos marinos. Además, el krill desempeña un papel importante en el ciclo biogeoquímico del océano Austral.
El valor de esta extraordinaria criatura va más allá de su importancia ecológica. Rico en ácidos grasos omega-3, muy apreciados en suplementos y piensos para la acuicultura, el krill es objeto de la industria pesquera. Sin embargo, esta industria no solo proporciona productos de krill, sino también conocimientos científicos sobre el ecosistema del que depende, gracias a los datos recogidos a bordo de los buques pesqueros.
Los buques pesqueros están equipados con un dispositivo llamado ecosonda. Este instrumento determina la profundidad del lecho marino y también muestra los objetos de la columna de agua cuya densidad es diferente a la del agua de mar, como animales, pecios, submarinos y antorchas de gas.
Mediante el análisis de los datos de la ecosonda, los científicos pueden observar los enjambres de krill, sus patrones de distribución y dinámicas de migración, e incluso el comportamiento de los depredadores. Combinados con otros datos que describen las propiedades físicas y químicas del agua de mar en la zona, los científicos estudian cómo el cambio climático altera la salud del ecosistema.
Las iniciativas y proyectos científicos basados en datos permiten regular las prácticas pesqueras, allanando el camino hacia una explotación sostenible que garantice un alimento suficiente para todo el ecosistema, al tiempo que fomenta un crecimiento equitativo de las empresas dedicadas a la pesca de krill y contribuye así a las economías nacionales y a la producción alimentaria mundial.
La pesquería de krill en el océano Austral está regulada por la Comisión para la Conservación de los Recursos Marinos Vivos Antárticos (CCAMLR), una organización internacional establecida por tratado en 1982, que indica a la industria pesquera dónde y cuánto krill puede capturar. La captura de krill está restringida a la zona alrededor de la península Antártica, denominada Área 48 de la CCAMLR, donde los científicos han encontrado las mayores densidades de krill (48-63 millones de toneladas). Las cuotas de pesca se basan en límites históricos de captura divididos en unidades regionales (por ejemplo, Área 48.1-48.4). Estas cuotas se han mantenido estáticas desde 2009, con el límite de la captura total permisible actual fijado en 620.000 toneladas.
Las capturas se mantienen muy por debajo del límite precautorio superior fijado para la pesquería, según 10 años de datos recopilados alrededor de las islas Orcadas del Sur y publicados por el Instituto de Investigación Marina de Noruega. Sin embargo, la base para la cuota no incluye información de referencia anual sobre la población de mamíferos, el estado de salud del ecosistema, los efectos del cambio climático ni el influyente papel biogeoquímico del krill antártico.
La CCAMLR está revisando actualmente su gestión del krill para renovar la normativa y, por ello, prevé aumentar la recopilación, el seguimiento y el análisis de datos sobre el krill mediante un nuevo sistema denominado “gestión por retroalimentación”.
Trabajar con datos existentes
Sin embargo, existe una gran cantidad de datos ya recopilados y compartidos por buques pesqueros que los reguladores nunca han utilizado para contribuir a decisiones basadas en la ciencia. La fundación sin ánimo de lucro HUB Ocean contribuye de forma significativa en este ámbito al cumplir el mandato otorgado por el Panel de Alto Nivel para una Economía Oceánica Sostenible (un grupo de líderes mundiales de 18 grandes países oceánicos), para aumentar la cantidad de datos industriales compartidos de acuerdo con los principios FAIR (localizables, accesibles, interoperables y reutilizables).
Como parte de este esfuerzo, la reciente alianza entre la empresa noruega de pesca de krill Aker BioMarine y HUB Ocean marca un cambio en la accesibilidad y el aprovechamiento de los datos industriales. Aker BioMarine ha compartido una recopilación de datos de ecosonda obtenidos durante los últimos 10 años de las campañas de pesca de la empresa en el océano Austral. Los datos se pusieron a disposición mediante una infraestructura de datos nativa en la nube desarrollada por HUB Ocean, denominada Ocean Data Platform.
Un problema habitual al compartir datos acústicos es su gran volumen, que requiere mucho espacio de almacenamiento. Almacenar los datos en esta plataforma en la nube ofrece una oportunidad única para que estos datos encuentren un hogar internacional y se combinen con otros datos de tipo similar, con el fin de reforzar las iniciativas de investigación integrales y los procesos de elaboración de políticas.
Un elemento clave de esta colaboración fue el científico Sebastian Menze, del Instituto de Investigación Marina de Noruega. Utilizando su paquete de Python de código abierto Krill Scan, procesó los datos de Aker BioMarine, haciéndolos aún más accesibles y propicios para un uso científico más amplio. Las capacidades de análisis de datos y la potencia de cálculo que ofrece la Ocean Data Platform han optimizado considerablemente el procesamiento de grandes volúmenes de datos de ecosonda, revolucionando la velocidad y profundidad de análisis que antes requerían semanas para completarse.
Los datos procesados se utilizarán además en otros estudios interesantes sobre el ecosistema del océano Austral. Los investigadores estudiarán el comportamiento alimenticio de los mamíferos marinos y los pingüinos de la zona, y construirán un modelo ecosistémico para predecir las futuras dependencias entre los elementos del ecosistema y el cambio climático.
La CCAMLR se ha propuesto establecer una red de áreas marinas protegidas en las aguas que rodean la Antártida. Se cree que ello contribuirá a que tanto la fauna antártica como la actividad pesquera del krill prosperen a largo plazo. Un ejemplo tangible de esta visión son las zonas de restricción voluntaria adoptadas por Aker BioMarine y la Asociación de Empresas Responsables de la Captura de Krill, que demuestran su compromiso con la protección de las colonias de pingüinos durante las temporadas de cría y con el mantenimiento de medidas de conservación durante todo el año para los hábitats antárticos críticos.
En la encrucijada de la ciencia, la industria, la gobernanza y la tecnología, la historia del krill antártico está evolucionando. Los esfuerzos de colaboración, encabezados por Aker BioMarine en alianza con HUB Ocean y el Instituto de Investigación Marina de Noruega, como el seguimiento acústico de la biomasa de krill en las escalas definidas por la CCAMLR, ejemplifican un compromiso con prácticas responsables e informadas que nuestros océanos y el planeta necesitan. Estos ejemplos de liderazgo reflexivo y de gestión colaborativa son cruciales para el camino que queda por recorrer.







