La generación de 44 billones de dólares de valor económico —más de la mitad del PIB mundial— depende en grado moderado o alto de la naturaleza; sin embargo, estamos perdiendo la naturaleza a un ritmo alarmante.
Un grupo de investigadores desarrolló el concepto de Producto Bruto de los Ecosistemas (PBE), que, siguiendo el modelo del Producto Interno Bruto (PIB), utiliza precios de mercado y precios de mercado sustitutos para calcular el valor contable de los bienes y servicios de los ecosistemas.
El PBE puede reflejar la contribución de la naturaleza al bienestar humano, y sus tendencias a largo plazo pueden servir como indicador de la extensión y la calidad de los ecosistemas locales y regionales, aportando una corrección o un complemento a un desarrollo más antropocéntrico.
La naturaleza es gratuita, pero nunca se puede exagerar su valor. Nos brinda muchos beneficios, desde lo esencial para la supervivencia biológica hasta los cimientos de la prosperidad económica. Según el informe El riesgo creciente de la naturaleza publicado por el Foro Económico Mundial, 44 billones de dólares de generación de valor económico —más de la mitad del PIB total mundial— dependen en grado moderado o alto de la naturaleza.
Sin embargo, los seres humanos tienden a dar por sentadas las cosas gratuitas y, en consecuencia, sobreexplotan la naturaleza. El Índice Planeta Vivo (LPI) de 2022 —que sigue las poblaciones de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios— revela una disminución promedio del 69 % en las poblaciones de fauna silvestre monitoreadas desde 1970. De forma alarmante, en el segundo que se tarda en decir la palabra «naturaleza» perdemos una superficie forestal equivalente a casi un campo de fútbol.
Por eso, toda la humanidad debe reconsiderar su relación con la naturaleza y reconocer el valor económico de los ecosistemas. El histórico Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal señala que todas las partes interesadas, incluidos los gobiernos, las empresas y las instituciones financieras, deben monitorear, evaluar y divulgar con transparencia y regularidad sus riesgos, dependencias e impactos sobre la biodiversidad.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial por la naturaleza?
El Centro para la Naturaleza y el Clima ayuda a los líderes a comprender las interconexiones entre el clima, la naturaleza y el desarrollo económico. Ofrece una plataforma para explorar vías que promuevan la resiliencia y la prosperidad dentro de los límites planetarios.
Al facilitar la cooperación entre sectores y regiones, el Centro ayuda a sus socios a convertir una comprensión compartida en soluciones prácticas para el clima y la naturaleza.
«Producto Bruto de los Ecosistemas»
Para comprender mejor lo que la naturaleza puede ofrecernos y tomar decisiones fundamentadas en el mundo empresarial, hay que expresar su valor en términos económicos tangibles. La cuestión es cómo medir y agregar el valor económico de activos ecosistémicos tan distintos como tierras de cultivo, un estanque, un árbol o una sola flor. ¿Cómo comparamos los cambios en la calidad del agua, medidos en miligramos de nitrógeno por litro, con los cambios en las emisiones de gases de efecto invernadero, calculadas en toneladas de dióxido de carbono equivalente?
Para resolver este problema de conmensurabilidad, un grupo de investigadores desarrolló el concepto de Producto Bruto de los Ecosistemas (PBE), basado en el método contable del Producto Interno Bruto (PIB). Mediante un proceso de fijación de precios, el PBE traduce el valor biofísico de los bienes y servicios de los ecosistemas —el rendimiento de los cultivos medido en toneladas, la disponibilidad de agua medida en litros y los ecoturistas medidos en número de personas— a un valor monetario. Esto facilita agregar y medir la contribución de los ecosistemas a la economía.
En el caso de activos ecosistémicos comercializables, como la madera y el agua, sus precios de mercado pueden incorporarse directamente al proceso contable. Cuando no existen precios de mercado para los activos ecosistémicos, se emplean diversas técnicas de valoración no basada en el mercado; en las economías desarrolladas se utiliza ampliamente el método del «costo de viaje».
La premisa básica de este método es que el tiempo y los gastos de viaje que las personas asumen para visitar un lugar representan el «precio» del acceso al lugar. Por lo general, se tienen en cuenta, entre otros, los costos de transporte, las entradas, las comidas y el alojamiento para estimar los gastos de los consumidores y medir el valor de este servicio ambiental.
Ir más allá del PIB para alcanzar los ODS
Paul Samuelson señaló: «Al igual que un satélite en el espacio puede observar el clima en todo un continente, el PIB puede ofrecer una imagen general del estado de la economía». De manera similar, el PBE ofrece una visión general del estado actual de los ecosistemas e incorpora los servicios ecosistémicos a la toma de decisiones.
Los Objetivos de Desarrollo Sostenible miden tres dimensiones del desarrollo sostenible: económica, social y ambiental. Para medir el progreso económico, ya se cuenta con el PIB o el PIB Verde. En cuanto al bienestar social, el Informe Mundial sobre la Felicidad, impulsado por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU, se cita ampliamente.
Al comenzar 2023, el mundo se encuentra a mitad de camino hacia el logro de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible; ahora más que nunca se necesita un índice que mida la situación y el progreso de la biosfera.
Las personas y el ecosistema en el que viven conforman un complejo sistema «socioecológico» en el que las actividades antropogénicas afectan de manera sustancial las condiciones de los ecosistemas que sustentan el bienestar humano. Por consiguiente, un objetivo clave del desarrollo socioeconómico es garantizar la calidad y la cantidad de los servicios ecosistémicos, lo que hace urgente contabilizar, medir y valorar otros servicios ecosistémicos.


