La Organización Mundial de la Salud ha declarado la contaminación del aire una importante emergencia de salud pública, al señalar que causa millones de muertes prematuras cada año.
Respirar aire tóxico puede provocar un sistema inmunitario comprometido y un mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas.
Las personas expuestas a una mala calidad del aire son más susceptibles a la amenaza de la COVID-19.
Respirar aire contaminado provoca 7 millones de muertes prematuras cada año y puede aumentar la amenaza que representa la COVID-19, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La contaminación del aire ha sido declarada una importante emergencia de salud pública, ya que nueve de cada 10 personas en el mundo, especialmente quienes viven en ciudades, respiran aire que no cumple las normas sanitarias de la OMS.
“La contaminación del aire es uno de los mayores problemas de salud pública a los que nos enfrentamos hoy”, afirma la doctora Maria Neira, directora de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS, en el vídeo «Science in 5» más reciente de la organización.
“La exposición prolongada a la contaminación del aire afectará a su sistema inmunitario y, por tanto, lo hará más susceptible a cualquier tipo de enfermedad respiratoria. Y, evidentemente, la COVID-19 es una enfermedad respiratoria”, explica.
La contaminación del aire y sus fuentes
La contaminación del aire adopta muchas formas. Entre las fuentes naturales figuran elementos como los incendios, el polen y los volcanes, pero muchas de las partículas tóxicas que respiramos son generadas por la actividad humana.
Entre ellas se incluye la cría de ganado y la quema de combustibles sólidos para cocinar, práctica habitual en muchos países más pobres. La combustión de combustibles fósiles para generar electricidad o calor, enfriar edificios, para el transporte o para satisfacer otras necesidades energéticas también contribuye.
Las diminutas partículas procedentes de estas fuentes, conocidas como material particulado, se suspenden en el aire e inhaladas llegan a los pulmones. Las partículas extremadamente finas, cuyo diámetro es aproximadamente una trigésima parte del de un cabello humano, pueden atravesar las paredes pulmonares.
Aunque las estimaciones varían, los datos de la OMS muestran que la contaminación del aire exterior causa 4,2 millones de muertes prematuras al año, y respirar aire interior tóxico mata a 3,8 millones.
Por qué importa la contaminación del aire
La inhalación de material particulado en los pulmones afecta al sistema respiratorio y puede provocar enfermedades como el cáncer de pulmón, la neumonía, el asma y la bronquitis.
Cada vez hay más pruebas científicas que vinculan los sistemas inmunitarios debilitados por la contaminación del aire con un mayor riesgo frente a la COVID-19. Pero el daño no se detiene ahí.
“Ahora sabemos que estas partículas tóxicas llegan a los pulmones, desde allí pasan al torrente sanguíneo y alcanzan el sistema cardiovascular”, afirma la doctora Neira.
Esto puede provocar enfermedades como cardiopatías, trastornos neurológicos, accidentes cerebrovasculares y problemas del sistema reproductor, explica.
¿Qué podemos hacer para reducir la contaminación del aire?
La respuesta fácil es dejar de quemar combustibles fósiles y pasar a fuentes de energía más limpias, afirma la doctora Neira. Pero eso es más fácil de decir que de hacer.
La legislación puede ayudar a los países a aplicar las directrices de la OMS sobre calidad del aire. Y los responsables de políticas pueden introducir cambios a nivel local o municipal para implantar sistemas de transporte público más limpios, reducir el uso del vehículo privado, promover un uso eficiente de la energía en los edificios y fomentar un estilo de vida sostenible.
La recomendación de la doctora Neira es que las personas exijan medidas para combatir la contaminación del aire a nivel político y que se garanticen sistemas que vigilen la calidad del aire que respiramos a diario.
“Abordar las causas del cambio climático también aportará enormes beneficios para reducir las causas de la contaminación del aire, contribuyendo así enormemente a nuestra salud”, afirma.







