Para revertir el daño causado por la deforestación, la regeneración natural es un enfoque alternativo a la plantación de árboles.
Consiste en poner una zona específica bajo protección y permitir que crezca de forma espontánea.
Debido a la caza, en estas zonas suele faltar fauna que disperse las semillas, lo que dificulta que los ecosistemas se recuperen de forma natural.
Un estudio concluyó que un bosque restaurado de forma activa es más eficaz, porque almacena carbono un 50 % más rápido que el bosque que se regenera de forma natural.
La destrucción de los bosques tropicales es un factor importante de la pérdida de biodiversidad y de la crisis climática. Ante esta situación, los conservacionistas y los científicos como nosotros debatimos cuál es la mejor manera de impulsar la recuperación de estos bosques. ¿Cómo se transforma una extensión de tierra cubierta de tocones, o incluso una pradera o una plantación de palma aceitera, en un bosque próspero poblado de sus especies originales?
Los silvicultores han recurrido tradicionalmente a la plantación de árboles, lo que parece bastante obvio. Sin embargo, este enfoque ha sido criticado por algunos ecólogos de la restauración, que sostienen que plantar y cuidar árboles jóvenes es costoso y un uso ineficiente de recursos escasos. También señalan que el carbono almacenado en los árboles en crecimiento se libera rápidamente a la atmósfera si las plantaciones se talan y su madera se destina a productos de vida corta, como el papel o el cartón.
Incluso existen algunos casos de estudio bien documentados en los que la plantación de árboles ha tenido resultados negativos. Por ejemplo, cuando se amplió la cubierta forestal en la meseta de Loess, en China, aumentó la erosión del suelo y hubo menos agua disponible para las personas y la agricultura. En Chile, las subvenciones para la plantación de árboles crearon un incentivo perverso para plantar árboles en lugar de conservar los bosques naturales. Entre 2006 y 2011, la política provocó una pérdida de cubierta forestal natural y ningún cambio neto en la cantidad de carbono almacenado en los árboles de todo el país.
¿Dejarlo en manos de la naturaleza?
El enfoque alternativo se conoce como regeneración natural. En general, esto implica proteger la zona que se quiere recuperar, quizá con vallas o nueva legislación, y luego dejar que el bosque se recupere de forma espontánea a partir de semillas latentes enterradas en el suelo o de semillas dispersadas por el viento o los animales.
La regeneración natural tiene numerosas ventajas: requiere una infraestructura o unos conocimientos técnicos limitados y suele ser barata de implementar. Además, existen pruebas generalizadas de que la regeneración natural ha sido eficaz para impulsar la recuperación de la biomasa forestal y de la biodiversidad. Resulta tentador considerar la regeneración natural como una solución win-win para el desarrollo económico y el medioambiente.
Pero las realidades socioecológicas complican este mensaje positivo. El primer paso fundamental es asegurar los avances logrados con cualquier intervención, ya que tanto el bosque que se regenera de forma natural como el restaurado de forma activa pueden seguir degradándose por una explotación excesiva si no están protegidos. Para ello se requiere la estrecha participación de las comunidades locales y de los propietarios de las tierras en la toma de decisiones, a fin de garantizar que los beneficios y los costes de la restauración forestal se distribuyan de manera adecuada.
La regeneración natural a menudo depende de los animales para dispersar las semillas. Sin embargo, en muchos bosques tropicales estos animales, en especial las aves y los mamíferos de mayor tamaño que dispersan las semillas más grandes, han sido gravemente diezmados por la caza. En los bosques atlánticos de Brasil, los árboles con semillas más grandes tienen una madera más densa, y la pérdida de mamíferos y aves de gran tamaño que dispersan semillas, como los tapires y los tucanes, puede hacer que los bosques en recuperación estén dominados por árboles de madera ligera, que almacenan menos carbono. En los bosques lluviosos del sudeste asiático, los árboles dominantes tienen semillas aladas que giran en el aire a distancias cortas, por lo que no pueden recolonizar zonas situadas a más de unas pocas decenas de metros de una fuente de semillas.
Los bosques tropicales suelen regenerarse de forma natural en tierras abandonadas alejadas de los bosques originales e intactos. Sin embargo, si las limitaciones en la dispersión de semillas implican que carecen de las especies arbóreas que originalmente eran dominantes, estos bosques jóvenes almacenarán carbono más lentamente y albergarán menos especies animales.
Un estudio de 20 años
Entonces, ¿cómo se compara la regeneración natural con un enfoque más activo? Recientemente publicamos los resultados de un estudio de 20 años que trataba de responder a esta pregunta. Tras la tala de un bosque tropical en Malasia en las décadas de 1980 y 1990, nuestro equipo internacional midió primero cuánto carbono seguía almacenando en sus árboles restantes. Después, durante dos décadas, registramos el almacenamiento de carbono tanto en zonas que se dejaron regenerar de forma natural como en parcelas contiguas que se restauraron de forma activa mediante la plantación de árboles y la eliminación de malezas y lianas competidoras.
Al comparar ambos enfoques, comprobamos que el bosque restaurado de forma activa almacenaba carbono un 50 % más rápido que el bosque que se regeneraba de forma natural. Este hallazgo se respaldó midiendo el tamaño y el número de árboles en el terreno y mediante escaneado láser del bosque desde una aeronave.
Todavía no sabemos cómo se logró ese aumento. Una posibilidad es que los árboles plantados llenaran los amplios huecos entre los pocos árboles grandes que dejaron los madereros, mientras que parcelas equivalentes en bosques que se regeneraban de forma natural quedaban fuera del alcance de la dispersión natural de semillas. Una mayor separación entre los árboles jóvenes, combinada con la eliminación de las enredaderas competidoras y una selección cuidadosa de especies, pudo haberles permitido crecer más rápido y acumular más carbono con el tiempo.
El tratamiento de restauración fue costoso, con un coste aproximado de 1.500 US$ (1.080 £) por hectárea de bosque tratado durante toda la vida del proyecto. Parte de este coste podría recuperarse mediante la venta de créditos de carbono (en los que los contaminadores pagarían por la restauración forestal para «compensar» sus propias emisiones), pero cubrir el coste total no es realista a los precios actuales.
El alto coste limitará inevitablemente el uso de la restauración activa a los emplazamientos más aislados o degradados, donde es menos probable que los bosques se regeneren de forma natural. Aunque en muchos entornos tendremos que depender de los animales y del viento para dispersar las semillas, en otros la plantación de árboles será una necesidad ecológica que no podemos permitirnos rechazar.







