El cambio climático es una crisis mundial en la que más de la mitad del producto interno bruto total del mundo depende de la naturaleza en grado moderado o alto.
Comprender la urgencia de la transición ecológica es fundamental para los líderes mundiales, en particular para los directivos de empresas, pues ejercen una influencia considerable sobre la sostenibilidad ambiental y el bienestar futuro.
Cultivar el amor por la vida es fundamental, ya que alimentará la motivación intrínseca y el valor para emprender acciones significativas, y fomentará un compromiso colectivo con las prácticas sostenibles.
La urgente necesidad de abordar el cambio climático y acelerar una transición ecológica es imperativa para nuestro futuro compartido, como indica el Foro Económico Mundial en su informe sobre la Nueva Economía de la Naturaleza, que señaló que aproximadamente 44 billones de dólares de generación de valor económico —más de la mitad del producto interno bruto total del mundo— dependen de la naturaleza en grado moderado o alto.
Como sistema holístico, tenemos una responsabilidad directa por la degradación del mundo natural. Como se destacó en un reciente debate de Giving to Amplify Earth Action y Agora en la Reunión Anual del Foro en Davos, Suiza, las soluciones basadas en la naturaleza son fundamentales.
En mi opinión, dada la naturaleza sistémica de nuestro mundo y la compleja interacción de los sistemas ecológicos, parece plausible que, al abordar un gran desafío ambiental como el cambio climático, la naturaleza pueda idear de forma autónoma soluciones para otros problemas interconectados.
Los líderes mundiales, en especial los directores ejecutivos (CEO) y otros directivos de empresas, deben comprender la urgencia de esta transición ecológica. Sin embargo, también debemos atender a nuestra motivación y al valor para actuar y contribuir a esta causa. El amor por la vida es el impulso para actuar e influir en una transición ecológica sostenible.
La motivación que le falta a la transición ecológica
Es probable que las temperaturas mundiales alcancen 1,5 grados Celsius por encima de los niveles preindustriales entre 2030 y 2052 si siguen aumentando al ritmo actual, lo que provocará efectos climáticos extremos e irreversibles. Este impacto no es una preocupación exclusiva de las generaciones futuras, sino un llamado urgente a actuar de inmediato: un compromiso colectivo con una acción coordinada y sistémica.
En distintos lugares y niveles se entablan conversaciones y movimientos relacionados con el clima; sin embargo, no se habla de la motivación que impulsa la transición ecológica. Al omitir este debate, corremos el riesgo de caer en el lavado verde y de privar a la transición de la atención que realmente merece.
Propongo la analogía del automóvil y quien lo conduce. Las políticas, los procesos y la tecnología son cruciales, pero son herramientas, como los componentes de un automóvil. Por bueno que sea el vehículo, su rendimiento depende en última instancia de quien lo conduce y elige cómo actuar: cuándo pisar el acelerador y cómo recorrer el camino.
¿Qué impulsa a quien conduce a adentrarse a toda velocidad en un futuro desconocido y qué alimenta su valor? En esta analogía, las finanzas son el combustible que mueve el vehículo, mientras que la motivación de quien lo conduce es análoga al amor. El resultado, semejante a la trayectoria del vehículo, depende de la calidad del liderazgo al encaminarse hacia un cambio sostenible.
Un catalizador del cambio
Los avances recientes en la ciencia cuántica han provocado un cambio de paradigma que tiende un puente entre el materialismo del sistema externo y la espiritualidad de nuestro mundo interior, y supone un alejamiento significativo de las perspectivas convencionales. Un viaje a nuestro mundo interior cambiará la forma en que vemos el mundo y el significado que le damos, y abrirá nuevas posibilidades y opciones a nuestro alcance.
Cuando tomamos decisiones distintas, vivimos experiencias nuevas que desencadenan un cambio de conciencia. Al encontrar coherencia entre ambos sistemas, el «yo» se vuelve inseparable del «nosotros», activa el amor desde dentro y nos permite cuidar con naturalidad el mundo exterior.
Amar forma parte de nuestra naturaleza y, cuando vemos que la esencia de todo está conectada, buscamos de forma natural la conexión y la armonía. En esencia, somos seres relacionales y, cuando descubrimos nuestra verdadera naturaleza, el amor y el cuidado guiarán todas nuestras acciones y nos ayudarán a contribuir a la solución de los desafíos compartidos de la humanidad. Esta es la transición ecológica. Sin amor no puede haber cuidado, y sin cuidado no habrá conexión ni motivación suficiente para actuar y aportar valor al mundo.
El amor es la esencia del bienestar y el combustible del valor y el liderazgo. Es importante inculcar esta conciencia en nuestras instituciones, donde corresponde a sus líderes asumir la iniciativa y convertirse en directores ejecutivos del amor.
La filantropía es otra expresión del amor. La palabra «filantropía» procede del griego «philanthropia», que significa «amor a la humanidad». La filantropía no es una institución ni una causa para obtener una satisfacción momentánea; es una cultura, una forma de vivir o un estilo de vida. Es un compromiso con una vida compasiva: una forma de poner el amor en acción. El momento de impulsar un cambio transformador es ahora, y podemos contribuir si adoptamos el amor como fuerza motriz de un mundo más verde y sostenible.
Reevaluar los sistemas alimentarios
La sesión de clausura de Jane Goodall en Davos 2024 tuvo un profundo impacto y sentó las bases del debate posterior. Hay una medida concreta que cada persona puede tomar para contribuir a un compromiso colectivo: un paso transformador hacia un futuro más saludable para nosotros y el planeta, que consiste en promover una alimentación basada en plantas y reevaluar nuestro sistema alimentario.
Una iniciativa destacable es adoptar una dieta predominantemente basada en plantas. Las investigaciones indican que pasar a una dieta basada en plantas puede reportar importantes beneficios ambientales, incluida una reducción del 49 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero asociadas a la producción agrícola de carne y lácteos. Además, esta transición puede mitigar la pérdida de biodiversidad, pues la ganadería es un importante factor de deforestación y extinción de especies, y promete un futuro más sostenible para la seguridad alimentaria mundial.
Adoptar una dieta basada en plantas es práctico y accesible para todos; supone un cambio relativamente pequeño para cada persona, pero enorme para la humanidad y la naturaleza, y representa una contribución decisiva al bienestar personal y a la salud general de nuestro planeta.
El llamado a la acción es claro: demostrar un enfoque holístico y sistémico basado en el amor por la vida es esencial para acelerar la transición ecológica. Debemos difundir esta conciencia entre las instituciones y los hogares. Es fundamental reconocer los elementos interconectados, asumir la realidad cuántica y reconocer el papel de la motivación interna.
Es hora de empezar a actuar para lograr un impacto real y afianzar un liderazgo capaz de pasar a la acción. Y el momento es ahora.





