Una mirada bajo el mayor glaciar de la Antártida Oriental

Una mirada bajo el mayor glaciar de la Antártida Oriental
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Son las 11 de la noche de enero de 2011 mientras nuestro venerable y viejo avión DC-3 se inclina al virar sobre la estación Casey, bajo los últimos rayos dorados de un atardecer antártico. Mar adentro, una armada de enormes icebergs permanece varada en las aguas relativamente poco profundas de Peterson Bank, entre reflejos rosa oscuro y sombras violetas.

Dentro del avión apagamos nuestros instrumentos y vuelvo a abrocharme el cinturón en mi asiento antes del suave golpe y deslizamiento del aterrizaje sobre la nieve: otra misión cumplida.

El proyecto ICECAP (Colaboración Internacional para la Exploración de la Criosfera mediante Perfiles Aerogeofísicos, por sus siglas en inglés) —una colaboración entre investigadores antárticos de Estados Unidos, el Reino Unido y Australia— ha estado cartografiando la capa de hielo de la Antártida Oriental para buscar cambios. En nuestros numerosos vuelos hemos utilizado instrumentos de radar, láser, geomagnéticos y de gravedad para estudiar una zona del tamaño de Nueva Gales del Sur, tierra adentro desde la estación Casey. Hasta ahora, los vuelos han recorrido un total de 150.000 km sobre la vasta extensión oriental del continente helado.

Y resulta que la Antártida Oriental requiere una observación cuidadosa. El proyecto nos ofrece una nueva mirada a la parte inferior de la capa de hielo de la Antártida Oriental y suscita importantes preocupaciones por futuros aumentos del nivel del mar. Uno de los principales descubrimientos recientes del proyecto es que el terreno bajo el glaciar más grande e importante de la región podría hacerlo más vulnerable al deshielo de lo que pensábamos.

Antes de emprender el proyecto ICECAP, había enormes lagunas en nuestros mapas del lecho rocoso bajo el hielo. La región contiene algunos de los hielos más gruesos y profundos del continente, con más de 4 km de espesor, y es un lugar que debemos cartografiar mientras buscamos un buen sitio para perforar y obtener un esquivo testigo de hielo de «un millón de años».

En general, esperábamos que los estudios cartográficos revelaran una capa de hielo estable, poco propensa a verse afectada por los cambios provocados por el calentamiento climático, como sí ocurre en la más vulnerable Antártida Occidental. Pero esta perspectiva iba a cambiar.

El monstruo del deshielo

La vigilancia satelital nos llamó la atención sobre un punto crítico justo al lado de nuestro centro en Casey. El glaciar Totten es el mayor glaciar de la Antártida Oriental. Drena la mayor parte de la zona que estudiamos y cada año descarga más de 70 km cúbicos de agua en el océano Austral. El glaciar monstruoso llega a la costa detrás de un gran obstáculo rocoso conocido como Law Dome.

La estación Casey está en el lado occidental de Law Dome, mientras que el glaciar Totten desemboca por el lado oriental. Al hacerlo, excava una profunda fosa de más de 2 km por debajo del nivel del mar, por la que emerge el hielo y empieza a flotar. Nuestras mediciones satelitales mostraban que, justo en torno al punto donde el hielo empieza a flotar, el glaciar Totten se está adelgazando y la altura de su superficie disminuye unos 2 m al año. Los investigadores de ICECAP se pusieron a medir la salida del glaciar Totten para que pudiéramos entender qué está ocurriendo.

El glaciar Totten drena una enorme zona de la Antártida Oriental.
Imagen proporcionada por el autor

Los resultados del proyecto han cambiado de manera bastante drástica nuestra perspectiva de la Antártida Oriental, tanto en cuanto al panorama general de la estabilidad del hielo en la región como a las implicaciones de los cambios en el propio glaciar Totten. La perspectiva anterior era que, salvo por un valle mal cartografiado tierra adentro desde Casey, llamado cuenca Aurora, la mayor parte del hielo descansaba sobre colinas y montañas, muy por encima del nivel del mar. Pero resulta que la cuenca Aurora es muy profunda y mucho más extensa de lo que pensábamos.

Más preocupante aún, la cuenca está conectada con la costa por un terreno que se encuentra en gran parte por debajo del nivel del mar. Esto la hace mucho más parecida a la Antártida Occidental, donde existe una seria preocupación de que la pérdida gradual pero irreversible de hielo ya esté en marcha. La posibilidad de que un patrón así también afecte a la Antártida Oriental es nueva; y preocupa profundamente la posibilidad de que el adelgazamiento del glaciar Totten presagie un proceso similar de aceleración de la pérdida de hielo en la Antártida Oriental.

Glaciares y trabajo de campo

Para comprender la situación física, hace falta algo de glaciología. En primer lugar, los glaciares de salida como el Totten llegan al océano en plataformas de hielo flotantes, donde desprenden icebergs y también se derriten en el océano, relativamente más cálido. Estas plataformas de hielo están apoyadas contra la costa por sus flancos y, además, en casos como el del Totten, se encuentran muy congestionadas en el frente de desprendimiento.

Esto actúa como un «corcho en una botella» que ralentiza el hielo a medida que fluye hacia el mar. Pero cualquier pérdida de la plataforma de hielo o retroceso del frente de desprendimiento puede hacer saltar ese corcho.

Un segundo factor puede entrar en juego cuando el glaciar descansa por debajo del nivel del mar, sobre un lecho que se hace más profundo hacia el interior. En esta situación, si el hielo retrocede, se desencadena un proceso desbocado de aceleración del flujo y nuevo retroceso que no se puede detener hasta que el hielo llegue a un punto donde el lecho vuelva a elevarse. En el caso del glaciar Totten, un retroceso hasta la profunda cuenca Aurora liberaría suficiente hielo derretido durante los próximos siglos para elevar el nivel del mar al menos 3,5 m ; una contribución similar a la potencial de toda la Antártida Occidental.

Además, mis colegas y yo identificamos recientemente al menos dos canales profundos que se extienden bajo el frente del glaciar, que podrían permitir que el agua cálida llegara a gran profundidad bajo el glaciar y explicar el adelgazamiento y descenso observados. Descubrimos los canales con ayuda de mediciones aerotransportadas de radar y gravedad, pero lo que realmente necesitamos ahora son mediciones directas del océano. Se están considerando planes para utilizar vehículos submarinos controlados a distancia y flotadores robóticos lanzados desde el aire para investigar qué está ocurriendo realmente bajo el glaciar Totten.

Una mejor cartografía del lecho rocoso y de las cavidades oceánicas de la región también nos ayudará a comparar las observaciones con simulaciones por computadora del hielo y los océanos, algo crucial para predecir los cambios que podemos esperar que experimente la Antártida Oriental en el futuro.

Los drones y submarinos ayudarán a recopilar estas mediciones, pero queda mucho trabajo por delante y es justo decir que nuestro viejo avión DC3, incansable caballo de batalla, estará ocupado estudiando la Antártida Oriental durante muchos años más.

Este artículo se publica en colaboración con The Conversation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Tas Van Ommen es científico investigador principal sénior de Clima y Hielo en la División Antártica Australiana.

Imagen: Pingüinos adelia caminan sobre el hielo en el cabo Denison, bahía de la Commonwealth, Antártida Oriental, en esta fotografía tomada el 31 de diciembre de 2009. REUTERS/Pauline Askin.

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