Una forma más ecológica y económica de secar el té

Una forma más ecológica y económica de secar el té
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Lo primero que llama la atención al entrar en la fábrica de té Makomboki es el aire. Es limpio, sin el denso humo oscuro que sale de las calderas de las otras fábricas de té de Kenia.

De las 66 fábricas de té gestionadas por la Autoridad de Desarrollo del Té de Kenia, Makomboki es la única que no utiliza leña en el procesamiento de su té.

En su lugar, la fábrica ha pasado a usar un combustible más ecológico y económico: briquetas elaboradas con subproductos de biomasa que, de otro modo, se tratarían como residuos.

En lo profundo del centro de Kenia, en el condado de Muranga, una zona montañosa y fértil dedicada al cultivo del té, los empleados de Makomboki alimentan las calderas de la fábrica con briquetas de cáscaras de macadamia, anacardo y arroz, mezcladas con serrín.

«No hemos usado ni un solo metro cúbico de leña en los últimos seis meses, y estamos muy contentos por ello», afirmó John Gitau, director de la fábrica.

En 2010, el Centro de Comercio Internacional puso en marcha un proyecto de formación destinado a enseñar a los productores de té de Kenia técnicas de mitigación del cambio climático.

Inspirados por lo aprendido, los miembros del consejo de administración de Makomboki decidieron cambiar su fuente de combustible, pasando de la leña a las briquetas. Desde entonces, la fábrica ha ampliado el uso de combustibles alternativos y se ha desprendido de su dependencia de la leña.

Makomboki fabrica sus briquetas con máquinas donadas por la organización benéfica con sede en el Reino Unido Living Earth Foundation. Todo ello surgió después de que uno de los principales clientes de Makomboki, la empresa británica de té y café Taylors of Harrogate, se pusiera en contacto con la organización no gubernamental para ver si podía ayudar en la misión de la fábrica de abandonar la leña.

Las cáscaras para las briquetas proceden de otras fábricas de los condados de Muranga y Kiambu, y el serrín, de aserraderos cercanos a Makomboki.

«Los aserradores tienen en realidad un problema para deshacerse de su serrín», afirmó Gitau. «Los estamos ayudando a librarse de sus residuos».

Según Gitau, en los seis meses que tarda la fábrica en producir unos 2,5 millones de kilogramos (5,5 millones de libras) de té, sus calderas consumían hasta 10.000 metros cúbicos de madera, equivalentes a 30.000 árboles.

Según explicó, al sustituir la leña por serrín y briquetas, Makomboki por sí sola habrá ahorrado 60.000 árboles a lo largo de un año.

«Si todas las fábricas de Kenia replicaran esta práctica, habríamos salvado muchos árboles y contribuido a un medio ambiente mejor», afirmó Gitau.

Mejor para las fábricas y los agricultores

Mary Njenga, investigadora posdoctoral en bioenergía del Centro Mundial de Agrosilvicultura, celebra el uso del serrín en la fabricación de briquetas de combustible.

Siempre que el serrín sea un subproducto de un sistema maderero sostenible, en el que se planten nuevos árboles para reemplazar los que se talan, quemar serrín en una fábrica es preferible a que los aserraderos apilen montones de este material y les prendan fuego al aire libre.

«Muchas zonas madereras queman el serrín (para deshacerse de él), pero las fábricas de té podrán convertir el serrín en un recurso», afirmó.

Según Njenga, quemar serrín en una caldera libera menos emisiones de carbono que quemarlo en un campo.

«Las temperaturas en el interior de las calderas de las fábricas de té son tan altas que pueden quemar más a fondo el material particulado y el dióxido de carbono, de modo que se libera muy poco», afirmó.

Gitau, director de Makomboki, afirma que las fábricas de té que siguen utilizando leña no pueden ignorar su propia responsabilidad en los efectos adversos del cambio climático. Señala una estación seca inusualmente larga que afectó este año a los cultivos de té.

«Durante la estación seca de este año, estamos experimentando problemas que nunca antes habíamos tenido», afirmó. «Los arbustos de té se están secando y los agricultores tienen que cortarlos, y podrían tardar hasta tres años en volver a estar listos para la cosecha».

El abandono de la leña también tiene sentido desde el punto de vista financiero. Gitau afirma que el cambio a las briquetas de combustible ha reducido los costes energéticos de Makomboki casi a la mitad.

La fábrica solía gastar 55 millones de chelines (542.000 dólares) al año en leña, pero la introducción de las briquetas ha reducido la factura energética a 30 millones de chelines (295.600 dólares).

Según Gitau, se está difundiendo la noticia de los beneficios de las briquetas. Delegaciones de otras fábricas han visitado Makomboki para conocer mejor este combustible alternativo, explicó. Y él espera que también ellas sigan el ejemplo de su fábrica.

«Queremos dirigir aquí un negocio sostenible», afirmó Gitau. «Quiero que mi hijo sea algún día director de una fábrica, y si todos conservamos el medio ambiente, eso sucederá».

Este artículo se publica en colaboración con Thomson Reuters Foundation. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.

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Autor: Anthony Langat es colaborador independiente de la Thomson Reuters Foundation, con interés en las cuestiones relacionadas con el cambio climático. Reside en Nairobi.

Imagen: Un trabajador de la fábrica de té Makomboki entrega residuos de la fábrica para la fabricación de briquetas de combustible, con leña apilada, que Makomboki utilizaba antes en sus calderas, al fondo. TRF/Anthony Langat

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