Centrarse en las ciudades podría ayudar a los gobiernos a afrontar la crisis climática y a promover el desarrollo sostenible.
Un informe de la Coalición para las Transiciones Urbanas ha analizado cómo las prácticas y tecnologías disponibles actualmente podrían reducir las emisiones urbanas en seis países emergentes.
Estas son seis formas en que los gobiernos nacionales pueden apoyar a las ciudades para acelerar la descarbonización, recuperarse de la COVID-19 y reforzar su resiliencia.
Los gobiernos nacionales se enfrentan en la actualidad a un enorme triple desafío: recuperarse de la COVID-19, crear un desarrollo sostenible e inclusivo, y hacer frente a la crisis climática. Nueva investigación demuestra que centrarse en las ciudades es clave para superar estos desafíos y, al mismo tiempo, generar considerables beneficios económicos, sociales y ambientales.
Un informe de la Coalición para las Transiciones Urbanas, Aprovechar la oportunidad urbana, concluye que la aplicación de un conjunto de tecnologías y prácticas disponibles actualmente en seis países emergentes —China, India, Indonesia, Brasil, México y Sudáfrica— podría reducir colectivamente las emisiones anuales de sectores urbanos clave entre un 87 % y un 96 % para 2050, más allá de los compromisos iniciales de los países en el marco del Acuerdo de París. Igual de importante es que podrían generar rendimientos económicos con un valor actual neto de más de 12 billones de dólares para 2050, basándose únicamente en los ahorros directos de costes energéticos y de materiales, y potencialmente crear 31 millones de nuevos empleos en 2030.
1. Elaborar una estrategia nacional de desarrollo económico de cero emisiones netas y situar a las ciudades en su centro.
Nada frena más el progreso que un enfoque desarticulado. Para impulsar la acción y las inversiones en todos los sectores y ministerios, una visión nacional compartida es fundamental. Una estrategia nacional de desarrollo de cero emisiones netas garantiza que todas las zonas geográficas de un país adopten el mismo nivel de acción climática y trabajen hacia el mismo objetivo. Como motores económicos que generan el 80 % del PIB mundial y albergan al 56 % de la población mundial, las ciudades deberán estar en el centro de las estrategias nacionales de cero emisiones netas.
Los gobiernos nacionales podrían aprender de la Estrategia de Desarrollo con Bajas Emisiones a Largo Plazo de Sudáfrica (SA-LEDS), que tiene como objetivo transformar la economía sudafricana y alcanzar las emisiones netas cero para 2050. Incluye iniciativas a escala nacional, como la Estrategia Nacional de Eficiencia Energética, que proporciona incentivos y mecanismos de apoyo para impulsar la adopción de tecnologías de energía limpia, como los calentadores solares de agua para las familias de bajos ingresos en muchos de los principales centros urbanos de Sudáfrica. El enfoque a escala nacional del país también implica que iniciativas exitosas, como el sistema de transporte rápido en autobús de Johannesburgo, puedan adaptarse e implementarse en otras grandes ciudades.
2. Impulsar políticas nacionales que respalden ciudades compactas, conectadas, limpias y resilientes.
La transformación urbana hacia ciudades más compactas, conectadas, limpias y resilientes puede respaldar una amplia gama de prioridades de desarrollo, como una mayor competitividad económica, una mejor salud pública, niveles de vida más elevados y una menor contaminación. Es fundamental que los gobiernos introduzcan políticas nacionales que impidan la expansión urbana descontrolada, que supone un obstáculo para la prestación de servicios municipales.
La India es uno de los países que ha impulsado políticas nacionales para respaldar la transformación urbana. Su Misión Nacional para el Hábitat Sostenible ayuda a las ciudades a hacer frente al riesgo climático y a fomentar un desarrollo limpio, inclusivo y sostenible. Por su parte, su nuevo Marco de Evaluación de Ciudades Inteligentes para el Clima utiliza 28 indicadores para evaluar la vulnerabilidad de las ciudades y su potencial de actuación en materia de energía y edificios ecológicos, planificación urbana, espacios verdes y biodiversidad, movilidad, calidad del aire, gestión del agua y de los residuos. Casi 100 ciudades de todo el país utilizan ahora la plataforma de intercambio de conocimientos de la herramienta para aprender unas de otras y aplicar las mejores prácticas con el fin de crear una ciudad más compacta, conectada y limpia.
3. Financiar e invertir en infraestructuras urbanas ecológicas.
Financiar infraestructuras urbanas sostenibles y resilientes, como el transporte público y los edificios ecológicos, ofrece el potencial de generar enormes rendimientos económicos para los gobiernos nacionales gracias a los ahorros energéticos y de materiales. Por ejemplo, en Indonesia, las emisiones urbanas podrían reducirse un 50 % en 2030 y un 96 % en 2050 mediante medidas bajas en carbono probadas, como el establecimiento de sistemas de transporte público y el desarrollo de infraestructuras para caminar y andar en bicicleta. Los modelos económicos sugieren que la aplicación de las medidas bajas en carbono requeriría inversiones adicionales de 1 billón de dólares para 2050, pero podría generar rendimientos con un valor actual neto de 2,7 billones de dólares para 2050, basándose únicamente en los ahorros de costes energéticos y de materiales.
Los edificios y el transporte de pasajeros ofrecen el mayor potencial de reducción de emisiones. En Indonesia, las medidas para fomentar una urbanización compacta y reducir la demanda de desplazamientos requerirían una inversión adicional de 24 400 millones de dólares para 2050, pero generarían ahorros energéticos y de materiales con un valor actual neto de 731 200 millones de dólares. Dado que Indonesia ha anunciado que construirá una nueva capital en Borneo, el país tiene una oportunidad única de cosechar los beneficios de una urbanización compacta, conectada, limpia y resiliente.
4. Respaldar la acción climática local en las ciudades mediante reformas de gobernanza y fiscales que permitan el liderazgo de los gobiernos locales y faciliten la colaboración.
Para crear un entorno que capacite a los líderes locales y a los alcaldes para emprender una acción aún mayor en materia de clima, los gobiernos nacionales pueden impulsar reformas políticas y fiscales que aseguren la inversión y creen autoridades metropolitanas que fomenten la colaboración y un enfoque integrado.
Por ejemplo, en Sudáfrica, la reforma de la Ley de Regulación de la Electricidad debería permitir pronto a los municipios adquirir su propia energía limpia, mejorando así el acceso a las energías renovables. Algunos municipios, como eThekwini, que engloba la ciudad de Durban, planean ahora construir su propia capacidad de generación renovable, principalmente a partir de la energía eólica y solar, reduciendo así su dependencia del sistema de red central.
En México, las reformas de gobernanza, como la creación de la Autoridad Metropolitana de Guadalajara, han mejorado la planificación integrada del uso del suelo y del transporte, y han ampliado la oferta de transporte público asequible. La creación de autoridades metropolitanas fortalece la capacidad del personal municipal. Dado que gran parte del crecimiento de México se produce en ciudades más pequeñas, el apoyo nacional —incluida la asistencia técnica, la financiación y las reformas de gobernanza para facilitar la colaboración entre ministerios— puede garantizar que estas ciudades en crecimiento sean compactas, conectadas, limpias y resilientes.
5. Priorizar medidas que fortalezcan la resiliencia y amplíen las oportunidades económicas para las personas pobres.
Los gobiernos nacionales no deberían temer que la transición hacia una economía baja en carbono provoque pérdidas de empleo. La descarbonización de las ciudades tiene el potencial de crear millones de nuevos empleos y podría impulsar una transición justa. Un análisis reciente de Vivid Economics para la Coalición para las Transiciones Urbanas reveló que, en 2030, podrían crearse unos 31 millones de nuevos empleos en China, India, Indonesia, Brasil, México y Sudáfrica si se adoptan las medidas bajas en carbono modelizadas en el informe, en comparación con la alternativa de continuar como hasta ahora.
Las medidas urbanas bajas en carbono, como la rehabilitación de edificios, podrían crear un estimado de entre 8 y 21 empleos por cada millón de dólares gastado en medidas de eficiencia energética, frente a tres empleos en el sector de los combustibles fósiles. Los gobiernos nacionales deberán apoyar a las ciudades para que los trabajadores informales y otras personas en situación precaria puedan participar de los beneficios de la transición ecológica y no queden en desventaja de forma involuntaria. Para ello, los ingresos procedentes de los impuestos sobre el carbono o de la reforma de las subvenciones a los combustibles fósiles pueden utilizarse para elaborar planes de transición para los trabajadores de la industria de los combustibles fósiles.
6. Trabajar con el sector privado para ayudar a financiar la transformación urbana.
Para cubrir la brecha de financiación de las infraestructuras urbanas sostenibles, necesitaremos un aumento significativo de la inversión tanto en el sector público como en el privado. No obstante, merecerá la pena, ya que invertir en ciudades sostenibles e inclusivas a escala mundial podría representar una oportunidad económica de al menos 24 billones de dólares para 2050. Los gobiernos nacionales pueden promover políticas que estimulen y reduzcan el riesgo de la inversión del sector privado y fomenten las asociaciones público-privadas.
Los beneficios de adoptar estas medidas superarán a los costes. Por ejemplo, el sector del transporte de Brasil concentra el 45 % del potencial de reducción de emisiones urbanas del país hasta 2050. Trasladar los desplazamientos del automóvil al transporte público en Brasil requeriría una inversión acumulada de 29 600 millones de dólares para 2050, pero podría generar rendimientos con un valor actual neto de 223 300 millones de dólares. Del mismo modo, el cambio a vehículos eléctricos podría respaldar unos 128 000 empleos estimados en el país en 2030. Las ciudades ya están adoptando autobuses eléctricos y camiones de recogida de residuos para aprovechar esta oportunidad. El Gobierno brasileño podría seguir el ejemplo de China, que aprobó recientemente un estímulo fiscal de 729 000 millones de dólares para acelerar el despliegue de vehículos eléctricos y de la infraestructura asociada, apoyar la renovación de edificios y mejorar la red ferroviaria. En China, las subvenciones iniciales específicas para la compra de vehículos eléctricos han atraído a más empresas al mercado y han captado inversiones.
Aprovechar la oportunidad
En medio de la mayor recesión económica mundial en casi un siglo, es necesario reimpulsar el progreso en materia de desarrollo sostenible y acelerar la transición baja en carbono. Ahora es el momento de que los gobiernos nacionales reconstruyan mejor, de forma más justa y más ecológica que antes.
El papel de las ciudades como motores económicos, junto con el hecho de que la población urbana pobre se vio especialmente afectada por la COVID-19, significa que los centros urbanos deben estar en el núcleo de un plan a largo plazo para un desarrollo sostenible e inclusivo.
Los gobiernos nacionales desempeñan un papel central para desbloquear el enorme potencial de las ciudades. Instamos a los líderes de todos los países a apoyar a las ciudades para que resuelvan su triple desafío: estimular la economía, aliviar la pobreza y la desigualdad, y avanzar hacia las emisiones netas cero.






