A principios de este año se publicó un estudio que sugería que las ballenas jorobadas están recuperándose. La población parece estar viviendo un auge de nacimientos que revierte años de descenso provocado por la caza comercial de ballenas.
Fue una rara buena noticia sobre la vida marina, y llega en un momento en que las amenazas para nuestros océanos nunca habían sido tan graves.
Cada año, el Día Mundial de los Océanos nos anima a celebrar y honrar el océano. El tema de 2018 es prevenir la contaminación por plásticos y promover soluciones para un océano saludable.
Fuente de vida
El agua cubre el 71% de la superficie de nuestro planeta. El océano absorbe alrededor de una cuarta parte del CO2 que emitimos los seres humanos y las plantas marinas producen la mayor parte del oxígeno de la atmósfera.
Sin embargo, nuestro modo de vida amenaza estos complejos ecosistemas. La contaminación por plásticos asfixia a la fauna marina y daña los corales, y llega incluso a la parte más profunda del océano. El cambio climático está provocando la subida del nivel del mar y de la temperatura de los océanos, así como su acidificación; la sobrepesca está mermando drásticamente las poblaciones de peces del mundo y los arrecifes de coral están muriendo.
Puede parecer que el mundo está inundado de malas noticias sobre el océano, pero también hay algunos motivos para la esperanza. Aquí presentamos cinco historias recientes sobre conservación y cooperación marinas que han causado sensación.
Se recuperan algunas especies de ballenas y tiburones
En los siglos XIX y XX, la ballena jorobada fue cazada hasta quedar al borde de la extinción. Pero un nuevo estudio aporta pruebas de que su población está creciendo rápidamente.
Entre 2010 y 2016, los investigadores recogieron 577 muestras de ADN de ballenas jorobadas en las aguas que rodean la península Antártica Occidental.
De ellas, 239 eran de machos y 268 de hembras. Los niveles de progesterona detectados en su grasa indicaban que, en promedio durante ese período, el 63,5% de las hembras estaba preñado.
Además, aumentó el número de hembras preñadas: del 36% en 2010 al 86% en 2014.
Los investigadores también descubrieron que las ballenas se reproducían cada año: el 54,5% de las hembras acompañadas de una cría estaba preñado.
«Estas altas tasas de embarazo concuerdan con una población que se recupera de la explotación sufrida en el pasado», señala el estudio.
También se recuperan las poblaciones de tiburones
La cantidad de tiburones disminuyó rápidamente en las décadas de 1970 y 1980 debido a la sobrepesca y a la captura incidental (cuando se capturan peces o mamíferos marinos sin intención).
Como señala en una entrada reciente de su blog el Dr. David Shiffman, experto en conservación de tiburones y biólogo marino, los tiburones blancos estuvieron entre las primeras especies en beneficiarse de las medidas de conservación en todo el mundo.
En 2009, la población se había recuperado hasta situarse un 30% por debajo de los niveles históricos, lo que indicaba una tendencia al alza.
Pero también están aumentando las poblaciones de especies de tiburón menos conocidas, como el tiburón trozo, el tiburón de puntas negras, el tiburón tigre y el tiburón spinner, gracias a los esfuerzos de conservación.
«Aunque no podemos olvidar que muchas especies de tiburón están en peligro, podemos y debemos celebrar los éxitos mientras trabajamos para reproducirlos en otros lugares. El aumento de las poblaciones demuestra que la conservación de los tiburones funciona», escribe Shiffman.
2. El bacalao del mar del Norte sale de la lista de especies en peligro
Al acercarnos al final del último milenio, las poblaciones de bacalao del mar del Norte estaban al borde del colapso.
La combinación de la sobrepesca sostenida y el calentamiento de las aguas redujo el éxito reproductivo del bacalao del mar del Norte.
Pero en 2015, salió de la lista «Fish to Avoid» (Peces que se deben evitar) de la Marine Conservation Society (MCS).
La recuperación del bacalao se debió a un plan de la UE que incluía cuotas estrictas sobre cuánto podían pescar los pescadores y cuántos días podían pasar en el mar, además de una retirada de gran escala de buques pesqueros.
«Es fantástico ver que esta pesquería por fin ha salido de la lista roja. Años de sacrificios y mucho trabajo han hecho que las poblaciones aumenten y superen niveles peligrosamente bajos», dijo Samuel Stone, responsable de Pesca de la MCS.
Sin embargo, también advirtió que las poblaciones de bacalao quizá nunca vuelvan a los niveles de las décadas de 1970 y principios de 1980.
Gran aumento de las áreas marinas protegidas

El año pasado se produjo un enorme aumento del número de áreas marinas protegidas: se añadieron cerca de 4.000 sitios, que abarcan casi 7 millones de km cuadrados. En todo el mundo, las áreas marinas protegidas ahora cubren casi el 7% del océano, es decir, 2 millones de km².
Entre las incorporaciones recientes más destacadas se encuentran dos de las áreas protegidas más grandes del mundo: el Área Marina Protegida de la Región del Mar de Ross, en la Antártida, con más de 2 millones de km², y el Parque Marino Marae Moana en el océano Pacífico Sur, con algo menos de 2 millones de km².
El Área Marina Protegida de la Región del Mar de Ross representa el 58% de la superficie protegida en alta mar, una zona muy importante del océano mundial que actualmente no cuenta con una protección amplia.
Algunos países también han ampliado significativamente su red de áreas marinas protegidas.
En 2017, Gabón añadió 29 áreas marinas protegidas, que suman un total de 54.340 km².
Y el Reino Unido añadió seis nuevas áreas marinas protegidas en virtud de la Directiva de hábitats de la UE, entre ellas varias que protegen una gran parte de la costa noroccidental de Escocia.
En septiembre del año pasado, Pew Charitable Trust presentó una propuesta para proteger plenamente las islas Sandwich del Sur con el fin de conservar esta zona del Atlántico Sur, de importancia mundial, y en particular su fauna silvestre.
La zona es un área marina protegida desde 2012, pero la organización sostiene que solo se beneficiará plenamente si se convierte en un santuario marino protegido.

Fiordos sin emisiones en Noruega
Los fiordos noruegos están entre las maravillas naturales más espectaculares del mundo. Para proteger su extraordinaria belleza, Noruega está creando algunas de las primeras zonas de cero emisiones del mundo en el mar.
Para 2026, solo se permitirá la entrada al Geirangerfjord y al Nærøyfjord, sitios declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO, a cruceros y transbordadores sin emisiones.
El año pasado, más de 300.000 pasajeros de cruceros visitaron los fiordos, lo que provocó un aumento del tráfico y de la contaminación atmosférica.
Se espera que más de 60 transbordadores eléctricos empiecen a operar en Noruega en los próximos años.
Aumenta la cooperación mundial
Los países han estado trabajando juntos para mejorar la situación de nuestros océanos.
La reducción de las emisiones del transporte marítimo a escala mundial figuró en el orden del día de una reunión reciente de la Organización Marítima Internacional (OMI) de las Naciones Unidas en Londres.
En la reunión, la ONU adoptó una estrategia sobre el cambio climático para el transporte marítimo internacional. Su objetivo es reducir las emisiones totales del sector al menos un 50% para 2050. Se trata de una estrategia inicial cuyo objetivo último es eliminar por completo las emisiones.
En abril, los 53 jefes de Gobierno de la Commonwealth acordaron una Carta Azul, destinada a proteger el océano del cambio climático, la contaminación y la sobrepesca. La Carta abarca un tercio de las aguas costeras nacionales del mundo.
Entre los países que están tomando medidas figuran Australia, Belice y Mauricio, que lideran la protección y restauración de los arrecifes de coral; Sri Lanka, que inicia la colaboración para restaurar los manglares; Kenia, pionera en el desarrollo del crecimiento económico «azul»; y Nueva Zelanda, que promueve medidas contra la acidificación de los océanos causada por las emisiones de CO2 de origen humano.
Mientras tanto, Canadá anunció que aprovecharía su presidencia del G7 en 2018 para abordar el cambio climático, mejorar la salud de los océanos del mundo y transformar la forma en que producimos, transportamos y usamos la energía.
En diciembre pasado, la ONU declaró el período 2021-2030 Decenio de las Naciones Unidas de las Ciencias Oceánicas, con el objetivo de «movilizar a la comunidad científica, los responsables de formular políticas, las empresas y la sociedad civil en torno a un programa conjunto de investigación e innovación tecnológica».








