Por qué Estados Unidos no está preparado para la automatización

Robotic arms spot welds on the chassis of a Ford Transit Van under assembly at the Ford Claycomo Assembly Plant in Claycomo, Missouri April 30, 2014. REUTERS/Dave Kaup (UNITED STATES - Tags: BUSINESS TRANSPORT) - RTR3NB56
Industrial robots alone have eliminated up to 670,000 American jobs between 1990 and 2007.Image: REUTERS/Dave Kaup
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Desde hace tiempo, los economistas sostienen que la automatización, y no el comercio, es responsable de la mayor parte de los seis millones de empleos perdidos por el sector manufacturero en los últimos 25 años. Ahora han puesto una cifra precisa a algunas de esas pérdidas.

Los robots industriales por sí solos eliminaron hasta 670.000 empleos estadounidenses entre 1990 y 2007, según una nueva investigación de Daron Acemoglu, del MIT, y Pascual Restrepo, de la Universidad de Boston.

La cifra, a primera vista, es asombrosa, y muchos han interpretado el estudio como una condena del cambio tecnológico: una señal de que «los robots están ganando la carrera por los empleos estadounidenses». Pero la conclusión más importante es que el país no estaba preparado para afrontar la conmoción causada por la automatización.

Los investigadores estiman que la mitad de las pérdidas de empleo se debió a que los robots sustituyeron directamente a los trabajadores. El resto de los puestos desapareció en otros lugares de la comunidad local. Parece que, cuando una fábrica despide trabajadores, ese golpe económico repercute y provoca más desempleo, por ejemplo, en el supermercado o en el concesionario de automóviles del barrio.

En cierto modo, esto sorprende. Los economistas entienden que la automatización tiene costes, pero en gran medida han destacado sus beneficios: las máquinas abaratan las cosas y liberan a los trabajadores para que desempeñen otros empleos. Por ejemplo, el 41 % de los estadounidensestrabajaba en la agricultura hace un siglo, pero gracias a los tractores y las cosechadoras mecánicas, hoy solo el 2 % trabaja en ese sector. El resto ahora puede aspirar a ser programador, anestesiólogo, DJ o piloto de drones.

El último estudio revela que, para los trabajadores manufactureros, el proceso de adaptación al cambio tecnológico ha sido mucho más lento y doloroso de lo que pensaban la mayoría de los expertos. «Analizábamos un período de 20 años, así que cabría esperar que, en ese plazo, los trabajadores manufactureros pudieran encontrar otro empleo», dijo Restrepo. En cambio, no solo desaparecieron los empleos de las fábricas, sino también otros puestos de trabajo locales. Acemoglu y Restrepo afirman que cada robot industrial eliminó unos tres puestos en la manufactura y otros tres empleos en la localidad.

Si queremos superar la próxima ola de automatización, que, según las previsiones, transformará aún más sectores, quizá tengamos que replantearnos nuestras políticas laborales y educativas, y aprender de los sectores que mejor se han adaptado.

La investigación de Acemoglu y Restrepo se suma al trabajo de David Autor, David Dorn y Gordon Hanson, quienes han demostrado que los efectos perjudiciales del comercio con China también se concentraron en ciertas comunidades. Los trabajadores manufactureros despedidos no pudieron encontrar nuevos empleos rápidamente, por lo que el impacto económico persistió en sus barrios. Los expertos siguen creyendo que el comercio y la automatización pueden beneficiar a los estadounidenses en general, al contribuir a reducir los precios y crear nuevos tipos de empleo. Pero estas pruebas llaman la atención sobre quienes salen perdiendo: los trabajadores desplazados de las fábricas, que sencillamente no logran recuperarse.

Estados Unidos cuenta con un programa para volver a capacitar a los trabajadores que perdieron sus empleos debido a la competencia extranjera, pero las investigaciones muestran que la mayoría recurre a otras partes de la red de protección social del Gobierno, como la Seguridad Social, las prestaciones por discapacidad y Medicaid. Sin embargo, ninguno de estos esfuerzos parece ser suficiente para las comunidades que han perdido su base manufacturera, donde la gente percibe ingresos más bajos durante el resto de su vida.

Quizá eso ya era evidente. Al fin y al cabo, abundan las anécdotas sobre el Cinturón del Óxido. Pero los nuevos hallazgos refuerzan la conclusión de que estas dislocaciones económicas no son contratiempos pasajeros, sino que pueden perjudicar a ciertas zonas durante toda una generación.

El artículo de Acemoglu y Restrepo también destaca por su precisión. Ha sido difícil determinar con exactitud el impacto de la tecnología en el empleo, en parte porque sus efectos se han extendido ampliamente. «Cuando los economistas hablamos de automatización, en realidad nos referimos a muchas cosas: capital, software, maquinaria, robots e inteligencia artificial», dijo Restrepo.

Muchos de estos cambios son invisibles o, al menos, se dan por sentados, y por eso persisten relatos falsos, como la idea de que el comercio con China causó la gran mayoría de las pérdidas de empleo de la última década. Es más difícil demonizar a Microsoft Word o a los soldadores robóticos que han sustituido discretamente a las personas en muchas fábricas de automóviles.

¿Cómo sabemos siquiera que la automatización es una parte importante de la historia? Una prueba clave es que, pese a los despidos masivos, los fabricantes estadounidenses producen más que nunca. Las fábricas se han vuelto muchísimo más productivas. Muchos factores contribuyeron a estos cambios, y Acemoglu y Restrepo se centraron en uno en particular: el auge del robot industrial.

Image: The Washington Post

Esto es lo que la gente suele imaginar cuando piensa en robots: plataformas autónomas que transportan piezas por la fábrica o brazos programables capaces de soldar, pintar e incluso manejar maquinaria pesada. Los investigadores obtuvieron nuevos datos sobre la difusión de esta tecnología, lo que les permitió estimar cuántos empleos desplazó. Su estudio no ofrece un recuento completo de los costes de la automatización, sino un análisis preciso de un componente de esta tendencia.

Dado que los robots industriales todavía representan solo una fracción de lo que consideramos automatización, resulta aún más sorprendente afirmar que causaron la pérdida de 670.000 empleos. Como señalan los investigadores, algunos consultores creen que el número de robots industriales se cuadruplicará en la próxima década, lo que podría significar el desplazamiento de millones de trabajadores manufactureros más.

Restrepo es el primero en admitir que su investigación se centra principalmente en la columna de los costes. Los beneficios de los robots —y del avance tecnológico en general— son aún más difíciles de medir, y muchos economistas siguen viendo este asunto con optimismo.

En el pasado, las máquinas sí automatizaron hasta hacer desaparecer muchos empleos, pero las nuevas tecnologías siempre crearon nuevas oportunidades: nuevos tipos de necesidades y nuevos empleos para satisfacerlas. Las recientes preocupacionespor el cambio tecnológico no son nada nuevas: en la década de 1930, el economista Maynard Keynes aconsejó tener paciencia y aseguró que los empleos perdidos por la tecnología solo representaban una «fase temporal de inadaptación».

La pregunta ahora es qué hacer si el período de «inadaptación» dura décadas o quizá toda una vida, como sugieren las últimas pruebas. Algunos dicen que ha llegado el momento de establecer una renta básica universal. Hace poco, Bill Gates propusootra idea provocadora: quizá los robots deberían pagar impuestos para compensar a los trabajadores a quienes sustituyen.

Otra lección de la historia es que quizá las personas tengan que volverse más flexibles. La transformación de Estados Unidos, de una nación agrícola a una nación manufacturera, no ocurrió por casualidad, afirma Michael Chui, socio del McKinsey Global Institute que estudia las tendencias de automatización. «Para que la gente pasara del trabajo en el campo al trabajo en las fábricas, elevamos considerablemente el nivel educativo del país durante ese período», dijo. «Nuestros líderes tomaron decisiones deliberadas que hicieron posibles esos cambios».

Algunos trabajadores han resistido mejor que otros las tensiones de la automatización. El número de empleos en el sector financiero, por ejemplo, ha seguido aumentandoen las últimas décadas, pese a que las computadoras asumieron muchas tareas, desde archivar documentos y realizar investigaciones hasta ejecutar operaciones bursátiles. La informatización desplazó a algunas personas, pero también creó nuevos tipos de trabajo: empleos para programadores y para quienes analizan terabytes de datos financieros. En este caso, la automatización amplió las oportunidades para personas con habilidades y talentos avanzados.

Incluso en la fabricación de automóviles, un sector que ha sido el ejemplo más citado de robots que desplazan a trabajadores, hay indicios de nuevas oportunidades. Ron Harbour, analista de Oliver Wyman, afirma que muchas de las fábricas más automatizadas de hoy en día requieren en realidad más mano de obra humana para producir un automóvil. Esto se debe a que los propios automóviles se han vuelto más complejos, con elementos como asientos eléctricos y airbags laterales, además de sistemas de entretenimiento y cámaras de marcha atrás.

«Hoy en día, una planta requiere más trabajo que nunca, así que las horas de mano de obra han aumentado un poco», dijo. «Las plantas han logrado mejoras importantes de productividad, pero estas se han visto contrarrestadas por la creciente complejidad del proceso. Simplemente hay más trabajo».

Desde luego, los empleos actuales en la industria automotriz no son iguales a los de antes. Hoy las fábricas buscan más técnicos en robóticaque soldadores de cadenas de montaje. Pero esto ilustra la esperanza de que algún día haya trabajo más que suficiente tanto para las personas como para los robots y los sistemas de inteligencia artificial, siempre que estemos preparados para que sea distinto de lo que conocemos. Solo tenemos que ir saliendo adelante mientras tanto.

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