¿Qué países están mejor preparados para el futuro de la producción?

A robot operates at a production line during a tour of an REC solar panel manufacturing plant in Singapore May 5, 2017. Picture taken May 5, 2017. REUTERS/Edgar Su - RC125CEAAB70
Grasping the future: The Fourth Industrial Revolution will change the nature of manufacturingImage: REUTERS/Edgar Su
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A medida que la Cuarta Revolución Industrial (4IR) cobra impulso y estimula el desarrollo de nuevas técnicas y modelos de negocio que transformarán profundamente la producción, quienes toman decisiones en los gobiernos, la industria y la sociedad se enfrentan a un nuevo conjunto de incertidumbres.

La enorme velocidad y el alcance del cambio asociado a tecnologías emergentes, como la fabricación aditiva y el internet de las cosas, han añadido otra capa de complejidad a una tarea ya de por sí difícil: desarrollar e implementar estrategias industriales que promuevan tanto la productividad como el crecimiento inclusivo.

Ante este panorama cambiante, los países deben replantearse sus estrategias industriales. Y ya hay avances en algunos ámbitos. Con el lanzamiento de Industrie 4.0 en 2011, Alemania fue uno de los primeros países en impulsar la digitalización y la interconexión de productos, cadenas de valor y modelos de negocio para promover la fabricación digital. En 2016 le siguió la iniciativa japonesa Society 5.0: una estrategia para usar tecnologías emergentes con el fin de transformar no solo la producción, sino toda la sociedad. Mientras tanto, varias iniciativas importantes lanzadas durante el último año, como la nueva Estrategia Industrial del Reino Unido y el Índice de Preparación para la Industria Inteligente de Singapur, demuestran la necesidad de actuar mientras los países buscan competir en el nuevo entorno.

Sin embargo, está claro que todos los países deben decidir cuál es la mejor manera de responder al nuevo panorama de la producción, o arriesgarse a quedarse atrás. ¿Qué lugar ocupa la producción en sus estrategias nacionales y regionales, y en qué medida? ¿Cómo pueden colaborar a escala mundial en un mundo que a veces parece fragmentarse? ¿Qué factores y condiciones tendrán el mayor impacto en los sistemas de producción que utilizan hoy? ¿Y qué tan preparados están para el futuro?

Un panorama desigual

La cruda realidad es que estamos al comienzo del proceso de transformación y que surgirán distintas vías a medida que los países afronten la transformación de sus sistemas de producción. Ningún país, ni siquiera el más avanzado, ha alcanzado la frontera de la preparación, y mucho menos ha aprovechado todo el potencial de la Cuarta Revolución Industrial en la producción. Muchos otros ni siquiera han salido de la línea de partida.

La pregunta ahora debe ser cómo podemos ayudar a los países no solo a comprender qué tan preparados están para el futuro de la producción, sino también a actuar en función de esa comprensión y desarrollar las estrategias y políticas pertinentes que les permitan aprovechar las oportunidades que se avecinan.

El diagnóstico

Uno de los pasos clave en cualquier transformación es, por supuesto, comprender la situación actual. El informe Readiness for the Future of Production 2018 presenta los resultados de una evaluación inicial desarrollada y realizada por el Foro Económico Mundial en colaboración con A.T. Kearney.

La evaluación se centró en 100 países y economías que, en conjunto, representan más del 96 % tanto del valor añadido manufacturero (MVA) mundial como del producto interno bruto (PIB) mundial.

El análisis examinó la base actual de producción de cada uno (la Estructura de la Producción), así como la presencia —o ausencia— de los principales factores habilitadores que les permiten aprovechar las tecnologías emergentes y transformar los sistemas de producción (los Impulsores de la Producción).

Figura 1: Marco del modelo de diagnóstico de preparación

Reconociendo que cada economía tiene una trayectoria de desarrollo y unos objetivos de producción propios, se las clasificó en uno de cuatro arquetipos según sus puntuaciones en los elementos de Estructura de la Producción e Impulsores de la Producción. Esto permite comparar economías en una situación similar y destacar posibles trayectorias futuras.

Los arquetipos resultantes y la ponderación de cada categoría ofrecen un retrato elocuente del panorama actual de la producción.

  • Líderes: Países con una sólida base de producción en la actualidad que también muestran un alto nivel de preparación para el futuro gracias a su buen desempeño en todos los impulsores. Estos países también tienen el mayor valor económico actual en juego ante futuras disrupciones.

  • Legado: Países con una sólida base de producción en la actualidad que corren riesgos de cara al futuro debido a debilidades en los Impulsores de la Producción.

  • Alto potencial: Países con una base de producción limitada en la actualidad que obtienen buenos resultados en los Impulsores de la Producción, lo que indica que existe capacidad para aumentar la producción en el futuro, según las prioridades de la economía nacional.

  • Emergentes: Países con una base de producción limitada en la actualidad que muestran un bajo nivel de preparación para el futuro debido a un desempeño débil en todos los impulsores.

Figura 2: Arquetipos de preparación

Entonces, ¿qué hemos aprendido de esta evaluación inicial? Veamos algunos de los resultados clave:

Los resultados

Figura 3: Mapa mundial de los resultados de la evaluación de preparación para el futuro de la producción

Hay 25 países líderes, concentrados en Europa, América del Norte y Asia Oriental. Todos los países de este arquetipo, salvo dos, son economías de ingresos altos. En conjunto, representan más del 75 % del valor añadido manufacturero (MVA) mundial actual y están bien posicionados para aumentar su cuota del mercado de producción en el futuro.

Sin embargo, la mayoría de las economías evaluadas mostró un bajo nivel de preparación para el futuro de la producción. 58 quedaron en el arquetipo Emergentes, incluidos alrededor del 90 % de las economías de América Latina, Oriente Medio y Norte de África, África subsahariana y Eurasia. Como representan apenas el 10 % del MVA mundial, estas economías necesitarán niveles importantes de inversión para obtener posibles beneficios del nuevo panorama de la producción.

De las economías restantes, 10 —entre ellas India, México, Brasil, Indonesia y, quizá de manera sorprendente, Rusia— pertenecen al arquetipo Legado. Muchas se han beneficiado históricamente al ofrecer mano de obra de menor costo, pero corren riesgos de cara al futuro si no definen una estrategia en torno a la producción y desarrollan las capacidades adecuadas en los distintos impulsores.

Australia y los Emiratos Árabes Unidos se suman a los otros 7 países del arquetipo Alto potencial. Todos son economías de ingresos altos y varios son ricos en recursos naturales. Sin embargo, el desafío consiste en determinar si existe suficiente voluntad a escala nacional para crear una base de fabricación avanzada en los próximos años.

Las implicaciones

Está muy claro que surgirán distintas vías a medida que las economías avancen en la transformación de sus sistemas de producción. No todas apostarán por la fabricación avanzada. Algunas de las próximas en ofrecer mano de obra de bajo costo podrían optar, en cambio, por aprovechar las oportunidades de la fabricación tradicional a corto plazo. Otras adoptarán un enfoque dual, quizá a escala regional. Y otras darán prioridad a sectores completamente distintos.

Lo más importante es que cada economía reconozca sus propias ventajas competitivas y haga concesiones acertadas al formular una estrategia propia que tenga en cuenta los efectos de la Cuarta Revolución Industrial. No cabe duda de que estos efectos se sentirán en todo el mundo.

Trazar el camino a seguir

Por supuesto, incluso cuando las economías comienzan a abordar el futuro de la producción, hay un asunto de mayor alcance en juego: la preparación real solo puede lograrse mediante soluciones que atiendan preocupaciones mundiales, no solo nacionales o regionales. Los sistemas de producción conectados a escala mundial requieren las tecnologías más sofisticadas, pero también que estas se desarrollen conforme a las mismas normas, estándares y reglamentos.

En pocas palabras, si queremos liberar todo su potencial, deben poder comunicarse entre sí a través de cualquier tipo de frontera, ya sea técnica, geográfica o política. Esto justifica desarrollar los marcos pertinentes a escala sectorial, en lugar de hacerlo desde cada nación. También significa que se necesitan nuevos enfoques de colaboración entre los sectores público y privado para acelerar el camino hacia la transformación.

En este sentido, el Foro Económico Mundial seguirá ofreciendo una plataforma para el diálogo y la acción a medida que el futuro de la producción se haga realidad. El siguiente paso es un nuevo marco de transición que ayudará a los gobiernos a diseñar sus estrategias en colaboración con el sector privado, la sociedad civil y el mundo académico. La evaluación de preparación servirá como diagnóstico, y el marco de transición ayudará a abordar ese diagnóstico para que las economías avancen en sus procesos de transformación.

Para obtener más información, consulte la Iniciativa del Sistema sobre el Futuro de la Producción.

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