La pandemia ha obligado al sector manufacturero a cambiar a un ritmo sin precedentes.
Ahora tenemos la oportunidad de construir una industria sostenible y resiliente, pero debemos actuar ya.
Desde la transformación digital hasta los análisis del ciclo de vida: así se hace.
La pandemia de COVID-19 está afectando simultáneamente a la demanda mundial de productos manufacturados y a las cadenas de suministro, la disponibilidad de mano de obra, el uso de energía y las emisiones de CO2. Nunca antes habíamos presenciado el drástico impacto que la reducción de la actividad humana puede tener en las emisiones mundiales. De hecho, se prevé que las emisiones mundiales de CO2 relacionadas con la energía caigan casi un 8% en 2020, hasta su nivel más bajo en una década. La ONU recomienda que las emisiones mundiales se reduzcan en esa misma proporción cada año durante la próxima década para limitar el calentamiento global a 1.5˚C.
Hay esperanza cuando hay propósito
Durante los últimos tres meses, el sector manufacturero se ha visto obligado a cambiar a un ritmo sin precedentes, tanto para encontrar formas de innovar ante la escasez de recursos como para acelerar la transformación digital.
La reducción de emisiones impulsada por las restricciones de la crisis es reveladora y ofrece esperanza de que sea posible un cambio drástico, pero debemos actuar ya. Cuando los recursos abundan, las personas no se sienten impulsadas a innovar ni a cuestionar el statu quo. Al diseñar soluciones dentro de los límites de nuestro planeta, la industria puede establecer la base de lo que debe tenerse en cuenta y ampliar lo que se puede lograr de forma sostenible.
Esto empieza con un rápido cambio del discurso cultural, ya fundamental para captar el interés de los consumidores y de la fuerza laboral de la próxima generación: pasar del crecimiento empresarial a costa de las personas y la naturaleza a un futuro que dé prioridad al bienestar del planeta.
Las empresas más comprometidas con los sistemas de evaluación comparativa y presentación de informes sobre criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG) siguen demostrando que pueden afrontar mejor que sus pares los períodos de incertidumbre del mercado. Según un informe reciente de Blackrock, pese a las turbulencias recientes, las empresas con un historial de buenas relaciones con los clientes o una sólida cultura corporativa están mostrando un desempeño financiero resiliente. De hecho, hasta la fecha, más del 90% de los índices sostenibles han superado el rendimiento de sus índices de referencia matriz durante la pandemia de COVID-19.
Resiliencia mediante la transformación digital
Como gran consumidor de energía y responsable de más de una cuarta parte de las emisiones mundiales de CO2, la industria debe asumir un papel de liderazgo para impulsar una recuperación económica que considere la sostenibilidad un imperativo empresarial. Al dar forma a nuestro mundo hacia una nueva normalidad, la industria debe acelerar el ritmo de la transformación digital. Aunque suele emplearse para mejorar la productividad, la transformación digital también es igual de eficaz para lograr resiliencia económica y ambiental.
Para aprovechar la convergencia de la Industria 4.0 y los objetivos ESG, los líderes industriales deben mejorar la eficiencia operativa, recurrir a las energías renovables, adoptar una perspectiva de ciclo de vida y promover la transparencia de los datos de la cadena de suministro.
Mejorar la eficiencia operativa
La mayoría de las instalaciones de producción son participantes pasivos en la cadena mundial de suministro de energía. Supervisan el uso total de energía y los costos asociados a las fuentes disponibles, pero a menudo pasan por alto los factores controlables dentro de las operaciones que permiten gestionar el consumo de manera que aporte valor al negocio.
Según el World Energy Outlook 2019 de la Agencia Internacional de Energía (AIE), «un fuerte repunte de las mejoras de eficiencia es el elemento individual más importante para acercar al mundo al Escenario de Desarrollo Sostenible».
Los fabricantes deben evaluar y optimizar los procesos individuales de alto consumo energético dentro de sus operaciones mediante el seguimiento y la medición de las unidades de proceso, las líneas y las máquinas que consumen energía, y luego controlar el consumo total, los costos y las emisiones.
Aprovechar las energías renovables
El costo de las energías renovables está impulsando su adopción exponencial. Según el costo nivelado de la energía, en 1977 el costo por vatio producido por los paneles solares era de $77; en 2020 es de $0.14.
La combinación de una economía favorable con modelos de negocio modernos permite que los activos altamente descentralizados y digitalizados tengan éxito.
Las tecnologías digitales que permiten el control bidireccional y la conectividad, al combinarse con recursos energéticos distribuidos —como la energía solar con almacenamiento en baterías—, abren nuevas oportunidades para flexibilizar la demanda y reducir el consumo. Esto incluye reducir la carga máxima, participar en la gestión automática de la respuesta a la demanda, comprar y vender energía en el mercado o ajustar dinámicamente las operaciones para adaptarlas a la disponibilidad de energía solar y de sistemas de almacenamiento en baterías, por ejemplo, en función de incentivos financieros y prioridades operativas.
Adoptar una perspectiva de ciclo de vida
El análisis del ciclo de vida (ACV) es un marco ambiental que ofrece a la industria una metodología integral para evaluar los impactos ambientales asociados a las distintas etapas del ciclo de vida de los productos.
Consideremos el ciclo de vida de un vehículo. El actual marco regulatorio estadounidense sobre las emisiones de los vehículos se centra únicamente en el automóvil durante la fase de «uso de combustible/energía» y no aborda las emisiones generadas a lo largo de su ciclo de vida completo, que es extenso e incluye la extracción de materias primas, la fabricación del sistema de propulsión y sus componentes, el ensamblaje del vehículo, el ciclo del combustible y el uso de energía, y el reciclaje y la eliminación al final de su vida útil.
Nestlé, que ha asumido un papel de liderazgo en la creación de una recuperación con cero emisiones netas tras la COVID-19, realizó su primer ACV hace más de una década para evaluar y minimizar el impacto del cambio climático en distintas etapas de su cadena de suministro. A raíz del estudio, Nespresso se comprometió a reducir en un 28% la huella de carbono de una taza de café para 2020. Desde entonces, ha aumentado la eficiencia energética de sus máquinas y ha empezado a abastecer sus operaciones comerciales con energía renovable.
Promover la transparencia de los datos de la cadena de suministro
La cadena de suministro mundial está plagada de ineficiencias y ofrece oportunidades para reducir considerablemente los residuos.
La simbiosis industrial es un enfoque para lograr un sistema industrial más sostenible e integrado. Establece una red en la que los residuos de un proceso —como materiales, energía, agua, capacidad, conocimientos especializados o activos— se utilizan como recurso en otro.
Desarrollar relaciones simbióticas industriales a escala mundial significa ir más allá del enfoque tradicional en las operaciones internas y ampliar la actividad a nuevos negocios y alianzas empresariales a lo largo de la cadena de suministro. Estas comunidades simbióticas reúnen a diversas organizaciones en una red para promover la ecoinnovación y un cambio cultural a largo plazo.
La Red de Kalundborg, ubicada en Dinamarca, es un ejemplo destacado de simbiosis industrial.
Mediante la colaboración y el intercambio de flujos de materiales, agua y energía entre 11 socios públicos y privados, la red de Kalundborg aumenta la resiliencia y los beneficios económicos de sus miembros, al tiempo que cumple los objetivos ESG. Los beneficios combinados anuales de los socios son 100GWh de energía, 635,000 toneladas de CO2, 3.6 millones de toneladas de agua y ahorros netos de $24 millones. Este tipo de simbiosis representa una enorme oportunidad para la transparencia de los datos y la combinación de recursos infrautilizados entre empresas.





