Los inversores llevan mucho tiempo valorando a las empresas tecnológicas por su capacidad para sustituir a los empleados por tecnología. Ahora, junto con el software y los centros de servidores, avanzan a toda velocidad para encontrar seres humanos de carne y hueso que operen sus sistemas.
Lo hacen tras una serie de sonados fracasos de la automatización, que han desencadenado una intensa ola de presión por parte de los inversores, el público y los gobiernos.
La línea de producción altamente automatizada de Tesla no logró fabricar coches al ritmo prometido por su director ejecutivo, Elon Musk, lo que planteó dudas sobre la solvencia del fabricante de automóviles eléctricos. Los sistemas de YouTube, propiedad de Google, no detectaron vídeos extremistas y de explotación. Agentes rusos han trabajado para influir en elecciones usando Facebook, cuyos sistemas, por su parte, crearon categorías de usuarioscon etiquetas como «enemigo de los judíos» a quienes luego permitían dirigir anuncios.
Aunque empresas como Google y Facebook siguen insistiendo en que son plataformas de distribución y no creadoras de contenido, y en que tienen poca o ninguna responsabilidad por la mayor parte del contenido que alojan, cada vez reconocen más que deben hacer algo para frenar los abusos. Al menos a corto plazo, ese enfoque suele implicar más intervención humana.
«Se subestima a los humanos», tuiteó Musk, mientras la empresa lucha por aumentar la producción de su sedán Model 3. Musk ha culpado a un proceso de producción excesivamente automatizado. «Teníamos una red demencial y compleja de cintas transportadoras… Y no funcionaba, así que nos deshicimos de todo aquello», le dijo a CBS.
Mientras tanto, Google y Facebook han contratado a miles de personas para supervisar el contenido y la publicidad en sus plataformas, en medio de las críticas por alojar vídeos y mensajes extremistas, vídeos que muestran la explotación de menores, propaganda y contenido creado para manipular a los votantes en Estados Unidos y otros lugares.
El director ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, reiteró ante legisladores estadounidenses la semana pasada que la empresa planeaba duplicar hasta 20.000 personas su plantilla de seguridad y moderación de contenidos para finales de año, una inversión que, reconoció, perjudicaría su rentabilidad.
La directora ejecutiva de YouTube, Susan Wojcicki, dijo en diciembre que el sitio de vídeos propiedad de Google aspiraba a contar con 10.000 personas dedicadas a encontrar y combatir el contenido que infringe sus políticas, un aumento del 25 % según BuzzFeed.
Los expertos en inteligencia artificial afirman que Zuckerberg y otros ejecutivos tecnológicos son demasiado optimistas sobre los plazos para que las computadoras identifiquen cosas como el discurso tóxico, y señalan que los sistemas actuales fallan en esa tarea. Un nuevo informe de investigación de Barclays afirma que los seres humanos superan a los robots en «habilidades sensoriomotoras» y «funcionalidad cognitiva»; es decir, son menos torpes que los robots y toman mejores decisiones al tener en cuenta el contexto y los casos en los que la información es incompleta. Hay motivos para confiar en que los seres humanos conservarán algunas de esas ventajas durante las próximas décadas.
Pero es poco probable que cualquier aumento de la contratación en las empresas tecnológicas compense significativamente el impacto de la actual ola de automatización en el empleo. Además, los puestos para los que estas empresas contratan a gran escala —como vigilar vídeos en busca de contenido ofensivo— suelen requerir menos cualificación y estar peor pagados.



