Los sistemas de producción del mañana estarán más cerca de la naturaleza

Workers plant trees near a river inside the Olympic Park, which is under construction, in Beijing May 9, 2007. REUTERS/Jason Lee (CHINA) - RTR1PHTQ
Image: REUTERS/Jason Lee
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La economía mundial ha sido un motor constante de crecimiento durante casi seis décadas y, en este tiempo, se han producido numerosos avances positivos para la humanidad. Pero la cuarta revolución industrial se acerca a toda velocidad y promete ser aún más innovadora y disruptiva, al fusionar nuevas tecnologías con inclusión social, estructuras físicas y fundamentos biológicos.

Hasta hace poco, los patrones de producción solían determinar la trayectoria de desarrollo de un país. Las industrias de los países desarrollados con abundantes recursos superaban la producción de los países menos desarrollados. Aunque se han registrado avances cuantificables en todos los países, los efectos de los sistemas de producción actuales en nuestra sociedad y el medio ambiente no son sostenibles ante los cambios que se avecinan.

A medida que la economía mundial pasa a una fase más interconectada e integral de la era digital, los países menos desarrollados del mundo están, de hecho, mejor posicionados para dar un salto adelante y superar a los países desarrollados, y liderar la próxima revolución. Muchos de ellos no solo albergan algunos de los recursos naturales más valiosos del mundo —necesarios para producir nuevas tecnologías y proporcionar un clima estable y resiliente para nuestro bienestar—, sino que tampoco tienen que asumir el costo de la transición desde infraestructuras, inversiones y sistemas obsoletos.

Sin embargo, dar ese salto exige entender cómo los grandes logros del siglo pasado han afectado a nuestra sociedad, nuestras economías y el medio ambiente. De cara al futuro, tendremos que identificar nuevas oportunidades para aprovechar nuestros logros tecnológicos y promover una sociedad más inclusiva, junto con una mayor valoración de nuestros recursos finitos.

En cuanto a los elementos clave para dar forma a los sistemas de producción del futuro, está claro que el mundo biológico debe formar parte de la respuesta.

Será fundamental proteger los bienes comunes mundiales —los ecosistemas, biomas y procesos naturales que regulan la Tierra— e integrar el valor de estos servicios ecosistémicos en los sistemas contables de los sectores público y privado. Se estima que el valor monetario de los bienes y servicios que proporcionan los ecosistemas asciende, por sí solo, a unos 33 billones de dólares estadounidenses al año, casi el doble de la producción mundial resultante de las actividades humanas.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza ha demostrado que, cuando la infraestructura natural se combina con infraestructura de ingeniería o construida, puede optimizar el rendimiento y los beneficios financieros. En el caso de la infraestructura hídrica, esto supone un valor añadido de 29 billones de dólares al año en servicios, como la filtración de agua contaminada y la protección contra las tormentas.

Proteger estos procesos naturales también puede ayudarnos a descubrir modelos y eficiencias mayores para los sistemas de producción del futuro, como cadenas de valor de circuito cerrado y sin residuos, que son altamente eficientes e interdependientes, al igual que la naturaleza.

Sin embargo, la pérdida de especies y ecosistemas a un ritmo sin precedentes afectará nuestra capacidad para afrontar los desafíos futuros, a menos que podamos revertir esta tendencia. Entre 1970 y 2010, según las estimaciones de WWF, el planeta perdió el 52 % de su biodiversidad, mientras que la población humana casi se duplicó.

Un estudio reciente publicado por la UICN concluyó que más del 80 % de los procesos ecológicos del mundo que constituyen la base de ecosistemas marinos, de agua dulce y terrestres saludables —como los cambios en la diversidad genética o las migraciones estacionales— ya muestran señales de alteración como respuesta al cambio climático. Además, el estudio advierte que estos efectos en las especies y los ecosistemas repercutirán directamente en las personas y en la productividad de sectores como la pesca y la agricultura. También subraya que las respuestas de la naturaleza al cambio climático podrían aportar información esencial sobre las medidas de adaptación que necesitamos para sobrevivir.

El ritmo del cambio digital y tecnológico también alimenta el debate actual sobre el proteccionismo frente a la globalización y plantea preguntas importantes sobre cómo optimizar sistemas de producción adecuados a los recursos, las capacidades y la mano de obra de cada país, reconociendo al mismo tiempo que muchas de las nuevas tecnologías transformarán los panoramas políticos y económicos actuales que conocemos.

Al colaborar con líderes gubernamentales, empresariales y académicos para evaluar países y sectores, el Consejo sobre el Futuro de la Producción del Foro Económico Mundialse propone dar visibilidad a las oportunidades para los sistemas de producción del futuro. Mientras la protección de la naturaleza siga ocupando un lugar central en esta transformación, podremos esperar un crecimiento económico continuo, más inclusivo y sostenible que nunca.

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