El teff, un cereal antiguo de Etiopía y Eritrea, ha sidocreciendo en popularidad en todo el mundo en los últimos años. La enorme demanda hizo que los precios se dispararan y el gobierno etíope acabó imponiendo una prohibición de exportación que mantuvo vigente durante seis años. El objetivo era que los etíopes, que dependen de este cultivo básico, pudieran volver a permitírselo.
El teff es muy demandado porque tiene diversos beneficios para la salud y un contenido nutricional singular. Es alto en fibra y rico en hierro, calcio, magnesio, proteínas y aminoácidos. Pero lo que realmente ha contribuido a su enorme popularidad, sobre todo en Europa y en EE. UU., es que no contiene gluten. Esto significa que atrae a deportistas, diabéticos, celíacos y a otras personas que siguen una dieta sin gluten.
Los consumidores están dispuestos a pagar un sobreprecio por alimentos sin gluten como el teff. Y ya se están desarrollando diversos productos a base de teff para captar este mercado premium.
Actualmente, Etiopía produce más de el 90 % del teff mundial. Pero, debido a su creciente popularidad, la producción de teff ha atraído a otros países entre ellos: Australia, China, India, Sudáfrica y EE. UU.
Como explicaba en mi artículo de revisión reciente, Etiopía presenta importantes deficiencias en lo que respecta a la producción de teff. El sistema depende actualmente de prácticas agrícolas tradicionales ineficientes, sufre pérdidas en la cosecha y no hay incentivos financieros suficientes para que los agricultores modernicen el sistema.
El teff es uno de los cultivos más importantes de Etiopía, que proporcionan alimento y medios de vida a muchas personas. Los granos son un alimento básico diario para unos 50 millones de personas, es decir, alrededor del 60 % de la población total del país.
Para satisfacer la demanda local y mantenerse competitiva a medida que nuevos países empiezan a cultivar este grano, Etiopía debe introducir variedades mejoradas de teff y el gobierno debe respaldar políticas que abran el sector y fomenten la mejora técnica en torno a él.
Fallos en la producción
El teff es popular en Etiopía porque se considera un cultivo de bajo riesgo. Puede cosecharse entre dos y cinco meses después de la siembra y es relativamente resistente a muchas tensiones bióticas y abióticas, como las grandes altitudes y las plagas. Esto significa que puede adaptarse a una amplia gama de condiciones de cultivo en las que otros cultivos importantes, como el arroz, podrían fracasar.
Pero los productores etíopes se enfrentan a importantes limitaciones del sector en el cultivo, que impiden que Etiopía avance hacia la producción a gran escala.
Los rendimientos del teff son muy bajos en comparación con otros cereales importantes principalmente debido al escaso uso de semillas mejoradas, a las prácticas agrícolas ineficientes y a las parcelas fragmentadas.
El cultivo requiere mucha mano de obra manual porque no hay suficiente mecanización para la siembra, el desherbado y la cosecha.
No hay suficiente investigación ni inversión pública y privada en semillas de teff mejoradas que podrían aumentar los rendimientos y ayudar a que sean más resistentes a la sequía y al encamado.
Las parcelas en las que se cultiva teff son pequeñas y están fragmentadas, lo que dificulta su producción a gran escala.
Se siguen utilizando constantemente prácticas agronómicas tradicionales. Por ejemplo, el uso de la siembra a voleo, es decir, esparcir la semilla a mano, implica tasas de siembra más altas y crea un campo menos manejable. La siembra en hileras podría ser mejor. Se necesita menos semilla porque se mide con cuidado, por lo que se desperdicia menos, y las hileras permiten a los agricultores gestionar los campos de forma más eficiente al desherbar, aplicar fertilizante y cosechar. Las hileras también facilitan el uso de máquinas.
Los sistemas tradicionales también sufren grandes pérdidas en la cosecha, en todas las etapas. La palabra «teff» procede de la palabra etíope «teffa», que significa «perdido». Debido a su pequeño tamaño de grano, el teff se pierde con facilidad, algo que no ayuda la práctica tradicional de cosechar a mano con hoces y de hacer que los bueyes pisoteen las espigas para separar el grano.
Las malas condiciones de las carreteras y los medios de transporte tradicionales, por ejemplo los burros, también provocan pérdidas en la cosecha.
Fallos en la cadena de valor
Más allá de la fase de producción, Etiopía todavía no cuenta con cadenas de valor eficientes del teff para el consumo interno y la exportación.
No existe un sistema estandarizado de clasificación del teff. Este sistema separaría el teff de alta calidad del de baja calidad, garantizaría precios altos para el teff de alta calidad y daría a los consumidores la seguridad de lo que compran. Actualmente, la mayoría de las transacciones se realizan al contado, en efectivo. Esto impide compartir información del mercado, como qué variedades se venden más y cuál es su precio.
El sector del teff también carece de capacidades de compra y transformación a gran escala que permitan economías de escala y la creación de valor añadido. Actualmente, se añade poco valor al teff en Etiopía, probablemente salvo en el caso de la injera (el pan plano fermentado), mientras que una amplia variedad de productos se desarrollan y comercializan por parte de otros países.
Lo que dificulta la mejora es que rara vez existen incentivos financieros para invertir en la modernización del sector del teff etíope y en su promoción de marca. Esto se debe en parte al temor a que el gobierno pueda imponer otra prohibición.
Acción del gobierno
El gobierno etíope debe crear un entorno propicio para el sector del teff con políticas más favorables. El gobierno puede invertir de forma sostenible en investigación y servicios de extensión para producir teff de mayor calidad y mejorar la productividad. Dados los patrones actuales de consumo interno y la popularidad mundial, la fuerte inversión de Etiopía en el teff sería rentable.
El sector del teff también debería liberalizarse. Esto crearía un enorme incentivo para actividades a mayor escala y fomentaría una colaboración más activa entre empresas alimentarias locales e internacionales que satisfagan la demanda local y los mercados internacionales.



