No existe el «trabajo de hombres» ni el «trabajo de mujeres», así que ¿por qué algunos sectores y puestos siguen teniendo dificultades para alcanzar la paridad de género? Pensemos en las empresas de Fortune 500: el verano pasado, el porcentaje de mujeres que ocupaban el cargo de directora ejecutiva en estas empresas cayó a tan solo el 4 %.
Pero hay excepciones: mujeres que han logrado llegar a lo más alto en ámbitos tradicionalmente dominados por hombres.
Hablamos con cinco de ellas —todas miembros de la comunidad de Young Global Leaders del Foro— y les pedimos que compartieran algunas reflexiones sobre cómo llegaron hasta donde están, qué obstáculos enfrentaron (y aún enfrentan) y qué pueden aprender de sus experiencias otras mujeres que aspiran a ocupar puestos de liderazgo.
Miranda Ballentine, ex subsecretaria de la Fuerza Aérea de Estados Unidos
Cuando empecé a trabajar en el Pentágono, era una de las pocas mujeres entre un mar de generales hombres, la mayoría de los cuales tenían a sus esposas en casa. Aunque mi marido trabajaba (de hecho, era quien aportaba la mayor parte de los ingresos), en aquel entonces se ocupaba de la mayoría de las tareas de crianza y del hogar.
Mi género nunca afectó mi capacidad para ser eficaz y ganarme el respeto, y nunca sufrí discriminación ni acoso, ni siquiera insinuaciones de ello. Fuera del trabajo, la situación era otra.
Las madres se escribían por correo electrónico para organizar encuentros de juego para sus hijos y, como puedo tardar días (bueno, seamos sinceros… semanas) en responder a los correos personales, mi hijo se ha perdido más de esos encuentros de los que puedo contar. Incluso ha habido madres que han eliminado el correo electrónico de mi marido de la línea de copia cuando lo he añadido a la conversación.
En la escuela, el personal administrativo sabía que mi horario de trabajo era mucho más disparatado que el de mi marido, pero siempre me llamaban primero cuando nuestro hijo se enfermaba.
En cuanto a las actividades extraescolares, mi marido solía ser el único padre en las reuniones de las Girl Scouts o en las clases de yoga de «mamá y yo».
Muchos hombres —mi marido incluido— están encantados de hacerse cargo de la mitad o más de las tareas de crianza. Otra cuestión muy distinta es si los padres de otros niños, los docentes y la sociedad están preparados para aceptarlo.

Samantha Freebairn: líder de escuadrón y piloto de la Real Fuerza Aérea Australiana
De niña, siempre quise ser piloto, y agradezco mucho que mi crianza no desalentara ese interés y esa pasión.
Al crecer con una hermana, cursé la educación secundaria en una escuela para chicas. Eso hizo que no desarrollara una visión socializada o marcada por el género sobre lo que podía o no debía hacer. Todos los puestos de liderazgo de mi escuela los ocupaban chicas y, si se te daba bien algo, se esperaba que lo siguieras haciendo.
Por eso me centré en las materias STEM —tradicionalmente consideradas «materias de chicos»— antes de volver finalmente a mi verdadera pasión e incorporarme a la Fuerza Aérea. Como única mujer de mi curso de formación de pilotos, al comienzo de mi carrera intenté encajar y lidié con las complejas negociaciones de la feminidad en un entorno dominado por hombres.
Sin embargo, participar en la misión de ayuda humanitaria tras los atentados de Bali me hizo darme cuenta de que ser diferente es, de hecho, el valor que aporto. ¿Qué me enseñó todo esto y creo que podrían aprender las mujeres que aspiran a liderar? Nunca tengan miedo de alzar la voz y cuestionar las normas del grupo y los sesgos inconscientes.

Irene Tinagli: diputada, Italia
Desde la investigación y el mundo académico hasta la política, en todos los ámbitos, empleos y desafíos que he asumido, nunca he dejado que mi género me definiera a mí ni a mi trabajo. Cuando las cosas no salían como quería o esperaba, incluso si sospechaba que había algún tipo de discriminación, me hacía esta pregunta: ¿qué había hecho mal y cómo podía mejorar para la próxima vez? Siempre he combatido la discriminación trabajando como si se pudiera vencer, porque se puede.

Sin embargo, tengo que admitir que las cosas se hicieron más difíciles cuando me casé y tuve hijos. Convertirse en esposa y madre hace que quienes te rodean tengan nuevas expectativas sobre ti y te enfrenta a estereotipos con los que quizá nunca te habías encontrado. La única manera de superarlos es implicar a tus seres queridos en tus planes, objetivos y ambiciones, y pedirles apoyo cuando lo necesites.
Al principio pensé que tenía que luchar contra todo y contra todos. Luego me di cuenta de que necesitaba aliados. También comprendí que, si hablaba con franqueza con mi familia sobre mis sueños y objetivos, me ayudarían y apoyarían. Las personas a las que más quieres también son las que más pueden sorprenderte. Solo tienes que mantenerlas de tu lado.
Sheri Hickok: ingeniera jefa ejecutiva de General Motors
Me incorporé al mundo laboral a la relativamente temprana edad de 15 años. Mi primer puesto fue de cajera en una gasolinera, y tenía mucho que aprender sobre atención al cliente, ventas y contabilidad. Ya entonces sabía que debía tratar con el respeto que merecían a las personas de quienes aprendía, y absorbía toda la información que podía.
¿Qué tiene que ver ese primer trabajo con lo que hago hoy como ingeniera jefa ejecutiva de General Motors? Esas cualidades —tratar a las personas con respeto y absorber información como una esponja— me han ayudado en casi todos los puestos que he ocupado desde entonces.
He comprobado que, cuando demuestras a las personas que te importan como individuos y estás dispuesta a escucharlas y aprender de ellas, se abren por completo y se comprometen a ayudarte a alcanzar tus objetivos.

Dilek Ayhan: secretaria de Estado de Noruega
Mi padre me ha recordado incontables veces que «la vida es lo que haces de ella». Durante mucho tiempo tuvo problemas de salud, pero, incluso con todos esos desafíos cotidianos, vivió la vida al máximo. Es mi inspiración. De él aprendí lo importante que es ser fiel a quien eres y a tus valores, y conocer tus fortalezas y debilidades. La motivación interna es clave, porque si no te esfuerzas, ¿quién lo hará?
Otra cosa que me enseñó fue la importancia de aceptar el cambio. Las personas más exitosas que conozco combinan la pasión por su trabajo con una ejecución sin miedo; las excusas nos limitan e impiden crecer personal y profesionalmente. Escucha tu intuición y lleva siempre las cosas hasta el final. Adquiere nuevos conocimientos, aprende nuevas habilidades y trabaja duro. Tener una visión a largo plazo es importante, pero lo es aún más centrarte en el día que tienes por delante. Piensa en grande y mantén tu compromiso con lo que te gusta hacer. Alza la voz, aprovecha las oportunidades y sal de tu zona de confort. Es todo un desafío, pero también resulta muy gratificante.



