Un nuevo estudio sugiere que, cuando los líderes abusan de su poder sobre los demás, también acaban sintiendo sus efectos negativos.
«Siempre pensamos que quienes tienen poder están mejor, pero tener poder no es bueno para quien lo ejerce en todos los casos ni de manera exclusiva», afirma Trevor Foulk, quien dirigió la investigación cuando era estudiante de doctorado en la Warrington College of Business de la Universidad de Florida.
Foulk y sus compañeros investigadores descubrieron que los líderes que trataban de forma abusiva a sus colegas tenían dificultades para relajarse después del trabajo y era menos probable que se sintieran competentes, respetados y autónomos en el ámbito laboral. Los hallazgos, publicados en la Academy of Management Journal, se basan en encuestas a 116 líderes de sectores como la ingeniería, la medicina, la educación y la banca, realizadas durante un período de tres semanas.
En lugar del poder estructural —la posición de un líder en la jerarquía—, el estudio examinó el poder psicológico, es decir, cuánto poder siente que tiene un líder, algo que cambia a lo largo de la jornada laboral. Cuando los líderes se sentían poderosos, era más probable que actuaran de forma abusiva y percibieran más descortesía por parte de sus compañeros de trabajo, lo que a su vez perjudicaba su propio bienestar.
«Esto le da un giro a la narrativa sobre el liderazgo abusivo», afirma Foulk. «Solemos suponer que las personas poderosas simplemente abusan de los demás y que no les afecta en absoluto, pero el efecto del poder sobre quien lo ejerce es más complejo».
Para evitar los efectos negativos del poder, quizá debamos replantearnos las cualidades que buscamos en un líder. El estudio de Foulk sugiere que los líderes afables —que valoran la cercanía social, las relaciones positivas y la armonía en el trabajo— podrían ser menos propensos a los comportamientos indebidos que provoca el poder psicológico.
También es posible que, con el tiempo, las consecuencias del poder psicológico se corrijan por sí solas. Si un líder actúa de forma abusiva, luego vuelve a casa y se siente mal por ello, quizá regrese al trabajo al día siguiente sintiéndose menos poderoso y se comporte mejor; Foulk estudia este fenómeno para un futuro artículo.
Aunque un jefe que grita, maldice o menosprecia quizá no parezca merecer nuestra compasión, «también está sufriendo», afirma Foulk.
«Aunque tu jefe pueda parecer un imbécil, está reaccionando ante una situación de la forma en que muchos de nosotros lo haríamos si tuviéramos poder. No necesariamente es un monstruo», añade.





