Tu acento podría reducir tu salario en un 20 %

Show host Stephen Colbert is interviewed after the rolling out the red carpet during preparations for the 69th Emmy Awards at Microsoft Theater in Los Angeles, California, U.S., September 12, 2017. REUTERS/Mario Anzuoni - RC17469E1720
“At a very young age, I decided I was not gonna have a Southern accent” - Stephen Colbert.Image: REUTERS/Mario Anzuoni
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  • Una investigación realizada en Alemania sugiere que las personas con un acento regional marcado podrían sufrir una penalización salarial del 20 % en comparación con quienes tienen un acento estándar.

  • Una cifra equiparable a la brecha salarial de género.

Stephen Colbert creció en Carolina del Sur, pero no tiene acento sureño. Esto se debe a que, incluso de niño, el comediante y presentador de televisión sabía que otras personas podían usar su marcado acento arrastrado en su contra.

«A muy temprana edad decidí que no iba a tener acento sureño», dijo Colbert en una entrevista de 2006 con 60 Minutes. «Cuando era niño y veía la televisión, si querías dar a entender que alguien era tonto, hacías que el personaje tuviera acento sureño. Y eso no es cierto. La gente del sur no es tonta. Pero yo no quería parecer tonto. Quería parecer inteligente».

Es decididamente injusto que Colbert se sintiera presionado a cambiar su forma de hablar para evitar los estereotipos negativos. Sin embargo, los prejuicios contra ciertos acentos regionales son comunes en todo el mundo. En el Reino Unido, el acento de la clase trabajadora de Birmingham (o «brummie»)es famoso por ser objeto de desprecio. En Japón, el acento regional de Tōhokuse asocia estereotípicamente con la pereza y el provincianismo; en Brasil, los acentos del noreste son consideradossocialmente inferiores.

Un nuevo artículo se propone determinar el costo de ese tipo de prejuicio en el ámbito laboral. Según un nuevo documento de trabajode investigadores de la Universidad de Chicago y la Universidad de Múnich, las personas con acentos regionales marcados sufren una penalización salarial del 20 % en comparación con quienes hablan con un acento estándar. Una penalización equiparable a la brecha salarial de género.

El estudio, que todavía no ha sido evaluado por pares, se publicó en el sitio web de la Oficina Nacional de Investigación Económica. Se basó en una muestra representativa a nivel nacional de 950 personas en Alemania.

Los autores del estudio afirman que Alemania era un contexto ideal para su investigación porque las distintas regiones del país se asocian cada una con acentos diferentes. En otras palabras, «no es que en una parte del país se hable alemán estándar y en otra se hable con un dialecto regional». El hecho de que los acentos regionales se asocien tanto con zonas de ingresos altos como con zonas de ingresos bajos de Alemania redujo el riesgo de atribuir las correlaciones entre los patrones salariales y los acentos a la situación socioeconómica de una región determinada.

Entonces, ¿por qué existe una relación entre los acentos regionales marcados y los salarios más bajos? La respuesta tiene más que ver con el estigma que con los acentos en sí. «El empleador tiene que cobrar menos a los consumidores o pagar más a sus compañeros de trabajo para inducirlos a interactuar con un empleado contra quien tienen prejuicios», escriben los autores. «El resultado es un salario más bajo para los trabajadores con un rasgo estigmatizado, como un acento regional». Otra explicación posible es que, como los trabajadores con acentos marcados encuentran más prejuicios entre sus colegas y clientes, les resulta más difícil hacer bien su trabajo.

En ambos casos, los trabajadores con acentos más marcados buscan empleos que impliquen menos interacción interpersonal y que suelen estar peor pagados. Efectivamente, los investigadores descubrieron que los alemanes con acentos más marcados parecían desempeñarse en ocupaciones menos sociales.

Las personas con acentos regionales marcados sufren una penalización salarial del 20 %.Image: Oficina Nacional de Investigación Económica

El estudio coincide con otras investigaciones sobre cómo los acentos afectan los medios de vida de las personas. Uno de sus autores, Jeffrey Grogger, economista de la Universidad de Chicago, publicó un artículoen la revista Journal of Human Resources en 2018, centrado en los patrones del habla en Estados Unidos. Descubrió que los estadounidenses negros que hablaban con un dialecto «estándar» solían ganar másdinero que quienes hablaban inglés vernáculo afroamericano (AAVE, por sus siglas en inglés). Una vez más, esto se debe a los prejuicios. A quienes hablan AAVE se les puede excluir de empleos que requieren más interacción con colegas, clientes y consumidores y que suelen estar mejor pagados (como los puestos directivos, por ejemplo).

Las investigaciones también muestranque las personas con ciertos acentos extranjeros también corren más riesgo de sufrir discriminación laboral. En un caso muy conocido de este tipo de prejuicio, el inversor de capital riesgo Paul Graham, cofundador de la aceleradora de empresas emergentes Y Combinator, se metió en problemasen 2013 después de decirle a la revista Inc.que desconfiaba de los emprendedores con acentos extranjeros muy marcados. «Cualquiera con dos dedos de frente se daría cuenta de que tendrá más éxito si habla un inglés idiomático, así que deben de ser unos despistados si no se han quitado el acento marcado», dijo.

Combatir los estereotipos negativos sobre las personas con acentos regionales, raciales y extranjeros es necesario para ofrecer a los trabajadores condiciones más equitativas. Pero mientras persistan los prejuicios, no es de extrañar que personas como Colbert concluyan que deben cambiar su forma de hablar para triunfar, o bien mudarse a un lugar donde un determinado acento no esté marcado por el mismo estigma.

Fiona Hill, experta en Rusia nacida en el Reino Unido y exfuncionaria del Consejo de Seguridad Nacional que declaró durante el juicio político a Donald Trump, optó por esta última alternativa. Hill señaló en su declaración inicialque se había mudado a Estados Unidos para evitar reacciones clasistas ante su forma de hablar. «Crecí en la pobreza y con un acento de clase trabajadora muy marcado», dijo. «En Inglaterra, en las décadas de 1980 y 1990, esto habría obstaculizado mi progreso profesional. Este origen nunca me ha frenado en Estados Unidos». Por supuesto, Estados Unidos dista mucho de estar libre de prejuicios, pero carece de ese prejuicio en particular.

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