Esto es lo que significa el resultado de la primera vuelta para Francia y el mundo

A supporter holds a french flag during a political rally of Jean-Luc Melenchon of the French far left Parti de Gauche and candidate for the 2017 French presidential election, in Toulouse, Southwestern France, April 16, 2017. REUTERS/Regis Duvignau - RTS12J8U
The election signalled the end of the political competitiveness of institutionalized French politics.Image: REUTERS/Regis Duvignau
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Los votos están casi todos contados en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas.

Marine Le Pen, de la ultraderechista francesa Frente Nacional, ha recibido el 21,5 % de los votos. Emmanuel Macron, candidato independiente que se presenta con el lema En Marche! —que se traduce aproximadamente como «¡En marcha!»—, va ligeramente por delante, con el 23,9 %.

Ambos candidatos pasarán a la segunda vuelta, el 7 de mayo.

El ganador de esa vuelta será el próximo presidente de Francia.

Esta primera votación tiene muchas características inusuales, pero empecemos por el hecho de que los sondeos franceses predijeron con precisión el resultado.

Acierto de las encuestas

Marine Le Pen llevaba camino de llegar a la segunda vuelta desde las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, cuando su partido quedó primero, por delante de partidos más consolidados. Desde que tomó el relevo de su padre, Jean-Marie Le Pen, al frente del Frente Nacional en 2011, su objetivo fue convertirlo en un partido de gobierno y no limitarse a la provocación. Los atentados terroristas de los últimos años en Francia, que suscitaron una mayor ansiedad colectiva en torno a los inmigrantes, contribuyeron a su impulso.

Sin embargo, los medios franceses e internacionales, alarmados por el Brexit y la elección de Donald Trump, contribuyeron a difundir la idea de que los sondeos no eran fiables y que el resultado estaba en el aire. Durante unas pocas semanas tras el debate presidencial del 4 de abril, en el que participaron los 11 candidatos, pareció que Jean-Luc Mélenchon, candidato de extrema izquierda, podía pasar a la segunda vuelta. Pero, al final, aunque FiveThirtyEightcalificó las elecciones francesas de «lío», los franceses votaron más o menos como habían previsto los sondeos. La única sorpresa real fue que Benoît Hamon, candidato del Partido Socialista, cayó al 6 % en la primera vuelta.

Que los resultados no fueran sorprendentes no significa que la primera vuelta careciera de importancia. Al contrario, señala grandes rupturas en la política francesa y europea, aunque no las que ocuparon los medios impresos y las redes sociales.

Socialistas y republicanos, los grandes perdedores

En primer lugar, las elecciones señalaron el fin de la competitividad política de la política institucionalizada francesa. El Frente Nacional existe desde 1972, pero, con las excepciones de 2002 y 2012, el partido se ha mantenido en los márgenes de la política electoral. Es la primera vez en la historia electoral francesa reciente que ninguno de los partidos políticos establecidos —los socialistas o los republicanos— llega a la segunda vuelta.

Sin embargo, esto no surgió de la nada. Las últimas elecciones presidenciales anunciaron la disolución de los partidos que observamos hoy. En las elecciones de 2012, los dos extremos —de nuevo, Le Pen y Mélenchon— obtuvieron más votos en total que François Hollande, socialista, o Nicolas Sarkozy, republicano.

Globalismo y nacionalismo

En segundo lugar, la tensión entre el globalismo y el nacionalismo que encarna la Unión Europea llevaba gestándose al menos desde 2000 en Francia y otros lugares, y por fin está a la vista de todos. Intelectuales y políticos hicieron todo lo posible por ignorarla hasta los últimos años, hasta 2009, cuando la crisis de deuda soberana y el régimen griego de austeridad irrumpieron en escena.

Macron es el cosmopolita globalista por excelencia. Estudió en la prestigiosa École Nationale d'Administration, equivalente a asistir a una universidad de la Ivy League; trabajó como banquero de inversiones para Rothschild, fue ministro de Finanzas en el Gobierno de Hollande, es un europeísta convencido y, algo inusual para un político francés, habla inglés con fluidez. Es el candidato que quiere el resto de Europa y cuenta con el apoyo de jóvenes móviles y con formación, que buscan oportunidades en un ámbito global. Si CSNBC pudiera votar, él sería su candidato. Politico ya ha informado de que el euro «dio un salto» cuando la candidatura de Macron se convirtió en una certeza.

Marine Le Pen, por su parte, es una nacionalista convencida. Quiere reforzar las fronteras contra los terroristas y los inmigrantes ilegales, es fervientemente contraria a la UE y defiende una forma de «proteccionismo económico». Quiere celebrar un referéndum sobre la salida de la eurozona, al estilo del Brexit. Su lema es «En nombre del pueblo» y promete «poner Francia en orden». El ataque a la «globalización salvaje» es uno de los temas centrales de su campaña. Es la candidata de las zonas industriales en declive de Francia, así como de las zonas rurales.

A diferencia de Macron, relativamente desconocido y sin experiencia en el Gobierno, ella ha sido diputada del Parlamento Europeo. Ha escrito artículos de opinión publicados en The New York Times. En 2015, la revista Time la incluyó entre las 100 personas más influyentes. En un giro irónico, la revista también eligió a un compatriota suyo, el economista de izquierdas superventas, Thomas Piketty.

Las comparaciones con Trump dan buenos titulares, pero en muchos aspectos no dan en el blanco. Le Pen tiene un título en Derecho, se expresa con coherencia y cuenta con programas bien elaborados, se esté o no de acuerdo con ellos. También cree explícitamente en colaborar con Vladímir Putin.

Si Marine Le Pen fuera elegida presidenta de Francia, la Unión Europea y la OTAN se verían gravemente debilitadas. Es probable que los mercados bursátiles mundiales se desplomaran, al menos por un tiempo.

Pero sostengo que Marine Le Pen no va a ganar, al menos no en 2017. El Frente Nacional arrastra un importante lastre negativo de xenofobia y antisemitismo debido a su padre. Normalizar el partido llevará más de unos pocos años. Todas las encuestas sobre la segunda vuelta la daban por perdedora frente a cualquiera de los posibles candidatos de la primera vuelta. Macron y Le Pen llevarán el conflicto entre globalismo y nacionalismo al debate público.

La desigualdad social es la gran cuestión a la que se enfrentan todos los políticos europeos. Si resulta elegido, Macron tendrá que encontrar maneras de ofrecer oportunidades no solo a las personas con formación, sino también a los jóvenes que la globalización ha dejado realmente atrás y que no ven ningún futuro. Son los grupos que el geógrafo francés Christophe Guilluy identifica como las clases populares olvidadas de La France Périphérique

Tanto Macron como Le Pen, candidatos ajenos al sistema, son figuras carismáticas con un talento político prodigioso. Las dos próximas semanas serán un fascinante teatro político que dejará al descubierto las principales fracturas sociales, económicas y culturales de Francia y Europa.

Aunque Le Pen pierda, no abandonará la escena política francesa en un futuro próximo. El populismo seguirá presente en Francia y Europa durante mucho tiempo.

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