Antes de fundar mi empresa actual, tuve la oportunidad de asociarme en varias empresas, incluida la primera que conseguí hacer prosperar durante mis años universitarios. Más adelante en mi carrera, puse en marcha Verifi en 2005 desde mi apartamento y empezamos a obtener beneficios al cabo de solo dos semanas. Gran parte de ese éxito se debe a las lecciones que aprendí por el camino en mis otros proyectos y a escuchar a quienes me inspiraron. Hoy me alegra devolver el favor y compartir algunos de esos consejos.
Para empezar, es muy importante entender que será un camino lleno de altibajos, pero gratificante. Hay que asumir que las cosas nunca serán como uno esperaba y que no existe un día típico. En mis primeros años como fundador y director ejecutivo, me ocupaba de asuntos que ni imaginaba que tendría que atender cuando me levantaba esa mañana. Cuando dirigía operaciones más pequeñas, me correspondía tender los cables telefónicos por la oficina, montar escritorios y resolver problemas informáticos en nuestro pequeño equipo. Como emprendedor, a menudo hay que arremangarse y hacer lo necesario para seguir avanzando.
Atrévete a asumir riesgos prudentes y mantente abierto a corregir el rumbo de forma continua. Mantente cerca de tus clientes y escúchalos, al igual que a las necesidades del mercado y del sector. Casi nadie acierta a la primera, pero un emprendedor que sea un verdadero líder debe estar dispuesto a introducir mejoras constantes, aunque eso implique cambiar el statu quo.
Por ejemplo, cuando fundé Verifi, ayudábamos a los comercios a recuperar las pérdidas que acumulaban durante el proceso de disputa de cargos con tarjeta de crédito. Se nos daba bien, pero creíamos que podíamos hacerlo mejor. Así que consultamos a comercios y bancos emisores y descubrimos que querían colaborar mejor entre sí desde una etapa más temprana del proceso de disputa. Entonces cambiamos de rumbo para permitirles conectarse y mediar en las disputas antes de que se convirtieran en contracargos.
Quizá el consejo más importante que puedo dar es que te rodees de un grupo apasionado de personas talentosas que no tengan miedo de defender sus opiniones. Si dejas el ego en la puerta y promueves esa actitud en la cultura de tu empresa, al final tomarás decisiones mejores y más fundamentadas.
Todas las empresas deben estar dispuestas a cambiar. Quien se queda quieto, se oxida. Deben pensar a futuro al crear soluciones que respondan no solo a los desafíos de hoy, sino también a las oportunidades de mañana para los clientes a quienes sirven. De lo contrario, corren el riesgo de ser otro «campo de los sueños» a la espera de que el negocio acabe surgiendo. En definitiva, los emprendedores sensatos escuchan y aprenden cada día, incluso cuando ocurre algo inesperado.


