¿Sigue teniendo héroes la sociedad moderna?
Mientras escribía La brújula del éxito, hice esta pregunta a unas 200 personas y hubo algo en sus respuestas que me sorprendió.
Para empezar, todo el mundo hablaba de actores o cantantes famosos, deportistas o personalidades de la televisión, pero muy pocos mencionaban a políticos o figuras de la cultura, como escritores o artistas. Sin embargo, cuando la pregunta pasó a ser «¿Quiénes son tus héroes?», todas las respuestas cambiaron también.
Mucha gente mencionó a uno de sus padres y muchos más dijeron que a un abuelo, un antiguo profesor, un viejo amigo o un colega. En esencia, las respuestas pasaron del foco de la fama a la verdadera luz de la razón, la luz del corazón.
Es como si aceptáramos un modelo vacío y artificial de heroísmo, pero en nuestro corazón reserváramos un lugar para alguien querido, una persona que quizá nunca llegue a ser famosa, como nuestro héroe personal.
Del narcisismo al valor
Por eso creo que debemos replantearnos quiénes son nuestros modelos a seguir y cambiar a quién queremos emular: personas a las que respetamos por sus valores éticos y su integridad moral, no por el número de seguidores que tienen en las redes sociales ni por cuánto ganaron con su enésima exhibición de narcisismo en televisión. Entonces, ¿qué criterios debemos seguir para elegir a nuestros héroes?
Los héroes tienen el valor de defender sus convicciones. En otras palabras, estas personas viven entregadas a sus ideales; las han encarcelado o incluso matado por aquello en lo que creen. ¿Significa eso que debemos seguir el mismo camino? Por heroico que sea, desde luego no resulta muy atractivo. Pero estoy convencido de que todos podemos ser héroes.
Un héroe es ese hombre de mediana edad que pierde el trabajo y, con él, su identidad, pero tiene la fuerza de voluntad para volver a empezar desde cero, con dignidad, hasta salir adelante. Una heroína es esa madre sola, viuda o divorciada, que, movida por un profundo sentido de la responsabilidad, consigue seguir adelante día tras día para ofrecerles un futuro mejor a sus hijos. Los jóvenes que luchan por conseguir trabajo, seguir estudiando o poner en marcha un negocio o una empresa emergente también son héroes, pese a una tasa de desempleo que les infunde miedo.
Los héroes son esos trabajadores que se dejan la piel por un salario digno, hacen el turno de noche y toman el mismo tranvía cada mañana a las cinco durante 30 años. Son quienes limpian con esmero antes de las ocho de la mañana y después de las ocho de la tarde para que encontremos las oficinas limpias y ordenadas. Los héroes son esos inmigrantes que vienen de lugares lejanos y realizan con orgullo trabajos humildes, aunque en sus países de origen tengan títulos de Derecho o de Magisterio; envían a sus familias todo lo que ganan. Los niños adoptados que fueron abandonados al nacer, o cuyos padres se divorciaron, también son héroes si consiguen conservar su fe en los adultos, en el amor y en la vida. Héroes son quienes trabajan en el ámbito social o religioso y ayudan a las personas desfavorecidas, olvidadas e invisibles.
Los héroes son médicos, profesores, jueces, enfermeros y policías que velan por nuestra salud y seguridad y por la educación de los demás, a menudo a cambio de un sueldo modesto. Son empresarios que consiguen dirigir sus compañías y ofrecer empleo a quienes merecen trabajar, muchas veces pese a interminables quebraderos de cabeza burocráticos o, en algunos casos, a las amenazas de redes del crimen organizado. Héroes son quienes sobreviven a tragedias terribles y se esfuerzan por ayudar a otras personas que han sufrido un destino parecido, mostrándoles que también pueden superar los momentos difíciles. Son periodistas o artistas que recurren a su arte y sus conocimientos para contar una historia, arrojar luz, servir y animar a los demás.
La dignidad de cada día
Los héroes son personas que protegen el medioambiente y nuestro patrimonio artístico de oportunistas sin escrúpulos. Son jubilados que, tras 40 años de trabajo, reciben pensiones miserables, pero aun así consiguen vivir con dignidad y dedicarse a ser abuelos. Los héroes son quienes recorren la vida por su propio camino, con la cabeza bien alta, sin renunciar a su autoestima ni a su identidad, pese a la discriminación que sufren por sus preferencias sexuales, religiosas, raciales o políticas. Héroes son quienes no aceptan la explotación, el crimen organizado, la corrupción, las estafas ni los juegos cuyas reglas están amañadas contra quienes merecen ganar. Son personas que ofrecen su tiempo como voluntarias para ayudar a personas mayores desatendidas, mujeres explotadas, niños olvidados, presos, prostitutas y personas completamente solas.
Ha llegado el momento de cambiar nuestro modelo de heroísmo. Esto significa que ser un héroe ya no es una categoría mítica reservada a los superhéroes de los cómics, a unos pocos hombres y mujeres legendarios o, peor aún, a pavos reales que se pasan el tiempo pavoneándose delante del espejo o bajo los focos. Ser un héroe se convierte, en cambio, en una forma de vida: no necesitamos actos heroicos, sino dignidad cotidiana. Nuestro trabajo pasa a ser no solo un empleo, sino nuestra identidad más profunda y auténtica.
Estoy convencido de que tú también eres un héroe, o estás a punto de convertirte en uno.


