Un aula en una maleta que dota a zonas remotas del mundo de herramientas educativas. Una biblioteca digital con más de 30.000 libros en 43 idiomas y presente en 63 países, que combate el analfabetismo de frente. Y un enrutador wifi híbrido con módem móvil que permite seguir conectadas durante más tiempo a las personas con una conexión poco fiable y una infraestructura mínima.
MobiStation, Worldreader y BRCK son excelentes ejemplos de cómo la tecnología puede ser una fuerza para el bien, al educar y preparar a la fuerza laboral del mañana. Sin embargo, la tecnología también genera incertidumbre, al transformar el panorama laboral y educativo.
Lo que sabemos es que los empleos del mañana no se corresponderán directamente con los puestos, los conjuntos de habilidades ni los sectores que conocemos hoy. Y a medida que la economía digital se extiende cada vez más —representaba el 15 % de la productividad mundial en 2005 y se prevé que alcance el 25 % en 2025—, se hará más patente la responsabilidad de los líderes empresariales y políticos. En pocas palabras, nuestra tarea es dotar a la próxima generación de trabajadores de las habilidades y la mentalidad adecuadas para triunfar.
En menos de 10 años, tres cuartas partes de la fuerza laboral mundial estará compuesta por millennials y quienes les siguen (personas de 12 a 18 años, la llamada Generación Z). Hay que proporcionar a ambas generaciones las herramientas, la educación y la infraestructura necesarias para impulsar nuestras economías. El reto es suyo y la responsabilidad, nuestra. Así es un liderazgo receptivo y responsable.
Habilidades intersectoriales
Al pensar en las habilidades, sin duda el mejor punto de partida son las materias STEM: ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas. Para demasiadas personas, la educación STEM está fuera de su alcance, a veces por motivos culturales y, a menudo, por razones económicas. Sin embargo, si suficientes organizaciones se centran en colaborar con comunidades desatendidas de países desarrollados y en desarrollo, podemos lograr un impacto duradero.
Por ejemplo, en Estados Unidos, un porcentaje enorme de las ocupaciones de más rápido crecimiento exige competencias STEM o conocimientos avanzados de informática (CS). Según la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, para 2020 se crearían 1,4 millones de empleos que requieren conocimientos de informática y programación. Sin embargo, se prevé que solo 400.000 graduados universitarios cuenten con las competencias informáticas necesarias para ocupar esos puestos, pese a que los empleos de informática se encuentran entre los mejor remunerados para los recién graduados.

En TCS, llevamos a cabo un programa mundial para apoyar a jóvenes que estudian materias STEM en todo el mundo. En los últimos seis años, el programa ha llegado a 2,16 millones de jóvenes de todo el mundo.
Esto incluye una iniciativa específica de mentoría para abordar de frente los retos educativos, como la iniciativa Million Women Mentors en Estados Unidos, que recientemente superó el millón de relaciones de mentoría para niñas y mujeres jóvenes de todo el mundo. Un hito importante, si se considera que actualmente las mujeres representan solo una cuarta parte (26 %) de la fuerza laboral STEM.
Nos hemos unido a la plataforma de mentoría US2020, impulsada en parte por una directiva de la Casa Blanca para incorporar voluntarios STEM a organizaciones, donde puedan ayudar a preparar a estudiantes para carreras STEM.
Sabemos que otros líderes empresariales llevan a cabo proyectos similares, pero no debemos dormirnos en los laureles. Hace falta hacer más. Para triunfar, necesitamos un esfuerzo intersectorial integral que cree itinerarios educativos STEM viables y altamente escalables, con la participación de empresas públicas y privadas, organizaciones sin ánimo de lucro, educadores y legisladores.
Adoptar un conjunto de herramientas sociales
Si bien es fundamental proporcionar a la fuerza laboral del mañana las competencias informáticas básicas, también es importante entender qué usa y qué espera la próxima generación.
En un estudio sin precedentes sobre las actitudes de la Generación Directa —personas de 18 a 29 años que han alcanzado la mayoría de edad como nativas digitales—, descubrimos hasta qué punto las redes sociales se han vuelto esenciales. La mitad de este grupo ya ha usado una red social para abogar por un cambio, mientras que el 62 % la usa para ampliar sus redes de contactos profesionales y el 42 % de los jóvenes emprendedores cree que las habilidades adquiridas en línea aumentan su atractivo en otros sectores.
Como señalamos en la introducción de ese informe, al igual que el automóvil dio libertad de movimiento a generaciones de adolescentes en la década de 1960, las redes sociales actuales ofrecen a una nueva generación otro tipo de libertad: la libertad de actuar, participar y dirigir su futuro profesional.
Las redes sociales son mucho más que otro canal. Para las próximas generaciones, se han integrado en su vida cotidiana.
Cambiar la mentalidad
Preparar a la próxima generación también tiene que ver con la mentalidad. Hay regiones del mundo que cuentan con habilidades técnicas, pero carecen de habilidades profesionales y sociales más sutiles; otras tienen una sólida experiencia profesional, pero suelen quedarse rezagadas en cuanto a capacidades técnicas. Lo que hace falta es una transferencia equitativa de conocimientos, experiencia práctica y enfoques.
La mentalidad funciona en ambos sentidos, por supuesto. Así como es nuestra responsabilidad dotar a las próximas generaciones de las habilidades interpersonales que necesitan para prosperar en la economía digital, también corresponde a los líderes reflejar las necesidades de la futura fuerza laboral replanteándose el lugar de trabajo y, en muchos casos, las aulas que lo preceden.
Las expectativas están cambiando. Nuestra investigación muestra que un abrumador 83 % de la Generación Z de la India considera el teléfono inteligente su dispositivo electrónico más codiciado. Esta generación también espera poder aprender en cualquier momento y lugar, mediante un enfoque autodidacta y colaborativo que incluye videollamadas y tutoriales.
Los líderes no deberían ignorar estas señales; deberían crear lugares de trabajo donde la formación sea continua en vez de esporádica, las tareas se organicen en torno a proyectos y sean colaborativas en lugar de departamentales y aisladas, y las herramientas estén integradas en la vida cotidiana.
Según la Comisión Europea, la economía digital es «el principal motor de innovación, competitividad y crecimiento». Proporcionar a las personas herramientas que les ayuden a prosperar en la economía digital es, sin duda, parte de la respuesta. Pero también son esenciales una estrategia bien concebida de habilidades y formación, una nueva concepción del lugar de trabajo y un cambio de mentalidad.
Hoy, hay 2.500 millones de usuarios de internet en todo el mundo y 2.300 millones de personas activas en las redes sociales. Dado el extraordinario ritmo de adopción de los teléfonos inteligentes, no pasará mucho tiempo antes de que el número de usuarios de internet supere los 3.700 millones, más de la mitad de la población mundial. Las cifras son vertiginosas, pero nos recuerdan que hay personas excluidas del mundo digital. Debemos incluirlas en nuestro recorrido.


