Quejarse del trabajo ayuda a crear relaciones entre los miembros del equipo y a mejorar el estado de ánimo de los trabajadores, sobre todo si hay algo de humor de por medio, según sugiere una nueva investigación.
Una nueva investigación publicada en Organization Studies, analiza cómo un equipo de enfermeras, médicos, trabajadores sociales y gestores de casos utilizaba el humor y las quejas en sus reuniones diarias de planificación de la atención.
Quejarse en el trabajo sigue siendo algo tabú, pero Vanessa Pouthier, de la facultad de Empresariales y Economía de la Universidad de Melbourne, descubrió que, si se utiliza de una determinada manera, puede ayudar a crear relaciones e incluso a mejorar el estado de ánimo de los empleados.
«En general, la gente no cree que tenga ningún valor o piensa que no tiene cabida en el lugar de trabajo», afirma.
De hecho, las quejas en el lugar de trabajo han sido tan poco estudiadas que tuvo que recurrir a otros campos, como la lingüística, para comprender algunas de sus funciones.
El equipo médico observado por Pouthier pertenecía a un departamento de oncología y cuidados paliativos de un hospital del medio oeste estadounidense. Se enfrentaban a una serie de presiones, desde pacientes y familias difíciles hasta exigencias de eficiencia y estructuras organizativas rígidas.
Pouthier descubrió que quejarse cumple una función de vínculo y también una función energizante, al ayudar al personal a superar sus sentimientos negativos.
«Permite a las personas reconocer lo parecidas que son en los retos a los que se enfrentan cada día y en cómo los viven», afirma Pouthier. «Una de las mejores cosas del equipo que observé fue que estos rituales de queja ayudaron a los médicos y a las enfermeras a darse cuenta de que sentían lo mismo ante determinadas situaciones y de que no eran tan diferentes».
Quejarse en grupo también ayudó al equipo a reajustar sus emociones, a reconocer experiencias compartidas y, después, a dejarlas atrás.
«Al participar en esos pequeños rituales en sus reuniones de planificación de la atención, procesaron parte de esa energía negativa y salieron de ellas con más energía», afirma.
Normas para quejarse en el trabajo
Sin embargo, existen algunas normas importantes en torno a las quejas en el lugar de trabajo. «Hay muchas más normas sobre las quejas que sobre las bromas», afirma Pouthier.
«Solo se puede criticar a personas que no están presentes en la sala, y hay que externalizar la queja. Así, el objeto de la queja debe ser algo en lo que todos puedan estar de acuerdo, como la estructura en la que trabaja el equipo o los profesionales difíciles de otros servicios. Nunca a personas del propio equipo».
Por otro lado, las bromas permiten a los miembros del equipo tomarse el pelo mutuamente por sus peculiaridades profesionales.
«Lo interesante de las bromas es que se puede convertir una situación problemática en una fuente de humor. Al igual que con las quejas, la mayoría de los desencadenantes son problemas. Pero con las quejas se trata más de compartir el malestar. Con las bromas se trata de entretenimiento, distracción y de pasar un buen rato».
Problemas en común
De forma similar, bromear en equipo ayuda a los miembros del personal a crear vínculos en torno a problemas compartidos reconocidos.
«Reunirse para bromear sobre los problemas puede ayudar a los equipos a superarlos y a generar emociones positivas en el proceso. Esto es importante no solo para el vínculo, sino también desde una perspectiva cognitiva: las emociones positivas ayudan a mantener una mente más abierta».
Esa apertura mental es especialmente importante en el entorno laboral actual, donde los equipos que trabajan más allá de las fronteras profesionales y organizativas son lo habitual.
«Todos hemos sido socializados para pensar en el mundo de una determinada manera», afirma Pouthier. «Por eso, dentro de un mismo equipo, existen distintos intereses y valores profesionales, así como, con frecuencia, distintos objetivos y diferentes perspectivas».
«Y, como la mayoría de los problemas son complejos y requieren confrontar perspectivas, queremos esa variedad de perspectivas. Para que funcione, todos necesitan mantener realmente una mente abierta».
Pouthier también sugiere que las quejas y el humor pueden cumplir una función política, al ayudar a movilizar al personal y a transformar sus perspectivas.
«Se puede empezar riéndose juntos de una situación política, como la estructura de la organización, y eso puede crear un espacio seguro para que se produzcan conversaciones difíciles», afirma.
«En el equipo que observé, había cierta frustración porque la organización no estaba abrazando los movimientos que se producen en la sanidad, como el trato a los pacientes como personas completas. Algunos participantes sentían que se daba demasiado peso a un tipo concreto de experiencia en detrimento de otros. Y utilizaron las quejas y el humor para desafiar esas estructuras políticas existentes».


