• La pandemia nos ha recordado que las organizaciones empresariales son, ante todo, personas.
• Los empleados exigirán tener más voz en la forma en que se dirigen sus empresas.
• Los líderes deben pasar de un estilo jerárquico de arriba abajo a fomentar la colaboración.
Desde hace tiempo hablamos de la Cuarta Revolución Industrial. De las fronteras cada vez más difusas, a medida que los mundos físico y digital convergen, con impacto en las personas, las empresas y la sociedad.
De la noche a la mañana, la COVID-19 ha cambiado gran parte de eso. Nos ha obligado a centrarnos en cuestiones sociales más amplias, como la salud física y mental, la desigualdad, el cambio climático y el legado. Ha hecho que las organizaciones se cuestionen su propia razón de ser. Y nos ha recordado que las organizaciones son, ante todo, personas.
La COVID ha obligado a la tecnología a dar un paso al frente para mantener nuestras empresas en funcionamiento, mucho más rápido de lo que nadie podría haber imaginado. Irónicamente, ha fortalecido nuestro sentido del trabajo colectivo y ha hecho que esté bien ser vulnerables y más humanos los unos con los otros. Sí, echamos de menos la serendipia que surge del contacto humano. Pero las videollamadas personalizadas nos han acercado al entrar en los hogares de los demás. En las familias de los demás. Hemos aprendido a reconocer el aislamiento y la soledad que sienten muchas personas, y hemos compartido nuestros sentimientos de vulnerabilidad.
Un virus no conoce fronteras nacionales. Todos hemos compartido el dolor, y debemos compartir la solución.
Nhlamu Dlomu, directora global de Personas, KPMG
La pandemia nos ha recordado hasta qué punto dependemos los unos de los otros. Antes de la COVID, la tensión entre la globalización y el nacionalismo ya iba en aumento. Había una sensación de aislacionismo y de levantar barreras. Pero un virus no conoce fronteras nacionales. Todos hemos compartido el dolor, y debemos compartir la solución. Afrontemos juntos nuestras vulnerabilidades y colaboremos para reconstruir mejor. Realmente no hay otra opción.
Al abordar la COVID y buscar un crecimiento sostenible en un entorno que cambia rápidamente, necesitamos ser ágiles, resilientes y humanos. Esto implica repensar nuestras personas y competencias, nuestra cultura y nuestros estilos de liderazgo. Con algunas primeras señales esperanzadoras de recuperación en el horizonte, buscamos crecer de forma sostenible en lo que es una nueva realidad.
No podemos volver a la forma en que eran las cosas antes. Si lo hacemos, la velocidad del cambio nos dejará obsoletos en poco tiempo. En cambio, debemos ser valientes y proactivos, dar forma a nuestro mundo en lugar de dejar que el mundo nos moldee.
Debemos dar permiso a nuestras personas para innovar, experimentar, sentir curiosidad y no temer al fracaso, trabajando en una cultura coherente con sus valores. Esperan relaciones de adulto a adulto y no jerárquicas, con mayor voz en la forma en que se dirige la empresa, y horarios de trabajo más flexibles, mientras buscan equilibrar las exigencias de su trabajo y su vida en un momento difícil.
Y necesitamos líderes capaces de mostrar empatía, compasión, honestidad e integridad. Durante la COVID, altos directivos de todo el mundo han tenido que admitir que no conocen todas las respuestas. La pandemia ha demostrado que los líderes no siempre tienen todas las respuestas y que, a veces, basta con escuchar, entender y actuar en consecuencia. Es un gran avance, y muchos de ellos se han convertido en mejores líderes como resultado.
Cuando las cosas cambian tan rápido, no podemos hacerlo solos. Debemos colaborar y pedir ayuda, como hemos hecho todos durante la pandemia. Es un cambio de mentalidad bastante grande cuando tradicionalmente se esperaba tener todas las respuestas.
La transformación digital continuará, pero la tecnología por sí sola no logrará un crecimiento sostenible. Debemos integrar la humanidad en la tecnología. Cuando la mitad de su equipo está en la oficina y la otra mitad trabaja a distancia, es fundamental mantener a todos conectados a nivel humano.
Durante mucho tiempo hemos luchado por cambiar la percepción de que, para tener éxito, hay que ser duros y orientarse principalmente a los ingresos y los beneficios. Hoy no hay excusa para seguir manteniendo ese punto de vista. Las empresas se evalúan ahora por su impacto más amplio en las personas, la sociedad y el planeta.
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Y si hay algo que nos ha enseñado la COVID, es que la vulnerabilidad, la compasión y la empatía no son signos de debilidad, sino de fortaleza. Nos animan a aprender, a colaborar y a trabajar hacia un propósito común, para impulsar un crecimiento sostenible y la rentabilidad. Debemos abrazar nuestra humanidad para prosperar en un mundo cada vez más complejo.


