¿Podemos confiar en las encuestas de opinión?

Pedestrians cast shadows on the crosswalk near the headquarters of the Bank of Japan in Tokyo December 19, 2014. The Bank of Japan maintained its massive monetary stimulus on Friday and offered a brighter view of the economy, clinging to hope that joint efforts with PrimeMinister Shinzo Abe to revitalise the economy will prod companies into boosting wages and investment. REUTERS/Issei Kato (JAPAN - Tags: BUSINESS SOCIETY) - RTR4IMTU
High quality polls are expensive, and take a long time.Image: REUTERS/Issei Kato
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Las encuestas de opinión política han recibido bastantes golpes en los últimos años. En vísperas de las últimas elecciones generales del Reino Unido había un amplio consenso en que el resultado sería un Parlamento sin mayoría absoluta. Pocos encuestadores previeron que Donald Trump ganaría las elecciones presidenciales de 2015 en Estados Unidos. Y casi todo el mundo coincidía en que el Brexit no se produciría. Entonces, ¿valen todavía las encuestas de opinión el papel en que están impresas?

Las encuestas irrumpieron en la escena política durante las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 1936, cuando varios periódicos estadounidenses destacados pronosticaban con confianza victorias republicanas de Alf Landon basándose en encuestas a sus (ricas y poco representativas) élites. George Gallop se dio cuenta de que podía hacer predicciones mucho más precisas a un coste razonable tomando una muestra aleatoria de la población, y así pronosticó con éxito una victoria aplastante de Franklin D. Roosevelt.

Las palabras clave de esta afirmación son «muestra aleatoria», y ahí es donde las encuestas actuales empiezan a tener problemas. Cuando Gallop empezó a construir su imperio de investigación de mercados, medir la opinión pública era una tarea complicada. Había que enviar entrevistadores capacitados a direcciones seleccionadas al azar para entrevistar a una persona concreta. Si no lograban localizarla, debían volver una y otra vez hasta encontrarla. Lo que los encuestadores llaman «tasas de respuesta» —la proporción de personas que aceptan ser entrevistadas— era muy elevada. El coste también. Había que formar a los entrevistadores, enviarlos y tabular los resultados, algo que en la era AC (antes de los ordenadores) se hacía a mano con fichas de papel perforadas.

Sin embargo, en general, los resultados eran buenos; los políticos llegaron a confiar mucho en las predicciones de las encuestas y los periódicos adquirieron la costumbre de utilizarlas para presentar la política como un entretenimiento sobre quién iba ganando.

Image: The Conversation

Las encuestas hoy

Hoy en día, la tecnología y los cambios en la forma de realizar las encuestas de opinión política permiten a los investigadores de mercado obtener respuestas mucho más rápida y económicamente. Las encuestas también pueden hacerse por correo, en línea o por teléfono. En lugar de muestras realmente aleatorias, suele ser más barato que los investigadores de mercado utilicen lo que en el sector se conoce como «muestras por cuotas». Los entrevistadores hablan con un número determinado de personas de distintas categorías demográficas (por género, ingresos, clase social, grupo étnico, etc.).

Sin embargo, se enfrentan a varios retos cada vez más difíciles. Hay personas a las que simplemente cuesta más contactar, sobre todo quienes trabajan a tiempo completo, un grupo que sigue teniendo algo más de probabilidad de votar por partidos conservadores. Ahora nos preguntan tantas cosas y tan inútilmente que las tasas de respuesta a las encuestas son bajísimas, de alrededor del 25-30 %. Todos padecemos fatiga de encuestas.

Los encuestados también se autoseleccionan. Es más probable que las personas interesadas en la política estén dispuestas a compartir sus opiniones con un desconocido y también que sean de izquierdas. Todos estos factores hacen que las muestras que utilizan los encuestadores para formular sus predicciones ya no sean tan buenas como antes y que tiendan a equivocarse en la misma dirección.

Esto no significa que las encuestas hayan quedado obsoletas. Los estudios bien diseñados y realizados correctamente siguen ofreciendo resultados representativos. Por ejemplo, la muestra utilizada por la encuesta British Social Attitudes, realizada mediante entrevistas presenciales y con visitas adicionales cuando la persona seleccionada al azar no estaba disponible para ser entrevistada, pronosticó correctamente una ventaja de unos seis puntos para los conservadores en las elecciones generales de 2015.

Sin embargo, estas encuestas de alta calidad son caras y llevan mucho tiempo. Dado que los medios de comunicación de masas suelen querer cifras de encuestas con rapidez y para entretener, parece poco probable que quieran realizar la inversión adicional. Los sondeos internos de los partidos sí requieren tiempo y esfuerzo, y ofrecen resultados precisos; sin duda, estos habrán influido en la decisión del primer ministro de convocar elecciones. Las encuestas publicadas actualmente muestran que el Partido Conservador aventaja al Laborista en 20 puntos, o incluso más. ¿Es probable que la situación real del país sea distinta de una amplia ventaja tory? En absoluto: ni siquiera las encuestas baratas son tan inexactas. En las circunstancias actuales, sería muy poco prudente aceptar las cuotas de 12 a 1 que ofrecen ahora algunos corredores de apuestas a que el Partido Laborista sea el más votado el 8 de junio.

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