Traslada tu «trabajo ficticio» y podrías ser mucho más productivo

Reuters journalist Nick Brown works at his laptop at a cafe in San Juan, Puerto Rico, August 8, 2016. Picture taken August 8, 2016. REUTERS/Alvin Baez TO MATCH INSIGHT HEALTH-ZIKA/PATIENT
"Fake work" is my personal term for everything else — like email correspondence, scheduling phone calls, and organizing to-do lists.Image: REUTERS/Alvin Baez
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Durante un tiempo, me sentía muy frustrado en el trabajo.

Cada día salía de la oficina con la sensación de que, aunque había pasado la mayor parte de ocho horas encorvado frente a un ordenador, no había hecho ni de lejos lo suficiente.

Algunos días me daba cuenta de que había pasado esas horas atendiendo mensajes de publicistas, fuentes y compañeros de trabajo, lo que significaba que en realidad no había escrito nada. Un fracaso.

Otros días había pasado esas horas escribiendo y haciendo reportajes sin prestar demasiada atención a mi bandeja de entrada; solo era cuestión de tiempo que publicistas, fuentes y compañeros de trabajo descontentos empezaran a insistir, preguntándose dónde me había metido. Un fracaso.

Y luego estaban los días en que intentaba alternar entre responder correos y escribir, y acababa haciendo un trabajo mediocre en ambas tareas. ¡Un fracaso total!

En algún momento reconocí que esa pugna constante era el clásico conflicto entre el llamado «trabajo real» y el «trabajo ficticio».

El término «trabajo real» procede de Laura Vanderkam, experta en gestión del tiempo, que lo utiliza para describir los proyectos más importantes que te ayudan a alcanzar tus objetivos y los de tu organización. Según Vanderkam, el trabajo real es aquello que te atrajo a tu empleo en primer lugar.

«Trabajo ficticio» es el término que uso para todo lo demás: la correspondencia por correo electrónico, programar llamadas telefónicas y organizar listas de tareas pendientes, por ejemplo. Es lo que cualquier profesional moderno tiene que hacer para conservar su empleo, pero rara vez produce un resultado inmediato y tangible.

Aunque me resisto a decir que he resuelto este problema para siempre, parece que he encontrado por casualidad una solución eficaz: ahora me ocupo del «trabajo ficticio» los domingos y del «trabajo real» de lunes a viernes.

Antes de entrar en detalles sobre mi estrategia de hacer el trabajo ficticio los domingos, quiero que sepas que no soy precisamente un adicto al trabajo. De hecho, últimamente salgo de la oficina un poco más temprano entre semana.

(Curiosamente, Vanderkam también recomienda trabajar los fines de semana si eso te ayuda a dedicar tiempo a otras prioridades durante la semana laboral.)

Ahora, cuando salgo de la oficina, me siento muy bien: ya no me acecha la ansiedad por no haber sido lo bastante productivo. Y sacrificaría de buen grado unas horas del fin de semana por esa tranquilidad mental.

Hay tres tipos de trabajo ficticio que dejo para los domingos:

1. Correspondencia por correo electrónico

Para esta categoría, uso mi criterio. Reviso la bandeja de entrada con bastante regularidad y, si algo parece urgente, respondo.

Pero si, por ejemplo, tengo que responder a la propuesta de un publicista para un artículo que no es urgente, lo hago el domingo. Lo mismo ocurre si envío correos para ponerme al día con fuentes y contactos profesionales.

Un par de salvedades: por lo general uso un complemento de Gmail llamado Boomerang para programar el envío de correos el lunes por la mañana. No quisiera estropearle el fin de semana a nadie. Además, sí respondo a los mensajes de Slack entre semana. Así, si mi editor u otro compañero necesita ponerse en contacto conmigo, no lo dejo esperando durante días.

2. Lluvia de ideas

Si durante la semana laboral se me ocurre una idea (aparentemente) brillante y quiero reflexionar sobre ella más a fondo, la apunto en una lista y la dejo para el domingo.

Lo mismo hago si a mi editora se le ocurre una idea y me pide que encuentre la manera de llevarla a cabo, salvo que diga que es urgente.

Por alguna razón, cuando estoy fuera de la oficina y sé que nadie me va a escribir por Slack, puedo pensar con mucha más creatividad.

3. Hacer listas

Ahora preparo dos listas importantes cada domingo: los artículos que tengo previsto escribir esa semana y los temas que debo tratar con mi editora durante nuestra reunión semanal de seguimiento.

Este «metatrabajo» es importante, pero no requiere mucha energía mental, así que me parece una pérdida de tiempo hacerlo el lunes por la mañana.

No soy precisamente un experto, pero si pudiera darles un consejo de productividad a todos, sería este: averigua cuándo y dónde trabajas mejor. ¿Qué tipo de entorno te ayuda a pensar con creatividad? ¿Y cuál suele ayudarte a sacar adelante un proyecto de investigación?

Después, planifica tu semana en consecuencia. Si mi experiencia personal sirve de indicio, es un truco sencillo que a la larga te ahorrará muchos quebraderos de cabeza.

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