Muchos de los empresarios más famosos del mundo no son conocidos por su gracia. Nuestra cultura asocia un determinado tipo de personalidad “robusta” con el éxito empresarial: ya sean las frases lapidarias de programas de televisión como The Apprentice (“estás despedido”), Dragon’s Den (“me retiro”) y Mad Money (“los toros ganan dinero; los osos ganan dinero; los cerdos acaban en el matadero”); o los títulos de biografías empresariales (The Titan, The Patriarch, Make Trouble, The Power Broker); el papel de la gracia en el liderazgo empresarial se considera un rasgo de menor importancia.
Sin embargo, la gracia es un ingrediente fundamental del liderazgo actual. La gracia es la comprensión de que los líderes no logran grandes cosas por sí solos; necesitan a otros con quienes trabajar, en quienes confían y a quienes respetan. Los líderes generan empatía y lealtad con sus colegas, partes interesadas, clientes y audiencias, mediante la generosidad personal y la calidez. Los líderes con gracia carecen de soberbia, reconocen sus limitaciones y se apresuran a dar crédito a los demás.
La soberbia –creerse su propia propaganda– está presente en todos los ámbitos. Jonas Salk no reconoció adecuadamente el mérito de su equipo en el descubrimiento de la vacuna contra la polio. La lista de líderes empresariales en desgracia, derribados por creer en su infalibilidad, sigue creciendo. La soberbia está presente en muchos de los líderes políticos actuales.
Pero, como descubrimos en nuestro libro, The Playful Entrepreneur, existen también líderes capaces de mostrar una gran dosis de gracia. En el entorno empresarial actual, donde la colaboración entre profesiones y organizaciones es crucial, y donde la creatividad y la intuición son recursos importantes que deben cultivarse, los líderes con gracia tienen un valor significativo.
Descubrimos que las líderes femeninas reconocen con más facilidad que la competencia no siempre es un juego de suma cero. Varias mujeres con las que hablamos desdeñaban la visión del mundo según la cual “la naturaleza es roja en colmillos y garras” y ridiculizaban un enfoque de la gestión impulsado por la testosterona.
Stephanie Shirley es una pionera del software que creó una empresa de enorme éxito, formada inicialmente en su totalidad por mujeres, superando en el proceso excepcionales dificultades personales y empresariales. Como muestra de los retos que afrontó, cuando fundó su empresa las mujeres no podían abrir cuentas bancarias sin el permiso de sus maridos. Al comprobar que las empresas no respondían a sus cartas firmadas con su nombre, lo cambió de inmediato por Steve. Al apoyar y confiar plenamente en sus empleados, acumuló una gran riqueza y, como una de las principales filántropas del Reino Unido, ha dedicado su vida y su incansable energía a repartirla.
La gracia también se manifiesta en las ambiciones de dos jóvenes emprendedoras científicas de Silicon Valley, Elizabeth Iorns y Jenna Tregarthen, que se mueven por motivaciones personales muy fuertes al construir sus negocios. Iorns creó una empresa que media en el uso de equipos científicos, y cree firmemente en la necesidad de ofrecer oportunidades profesionales a los jóvenes científicos.
Tregarthen fundó una empresa que ayuda a la recuperación de miles de jóvenes que sufren trastornos alimentarios. Ambas tienen motivos para sentirse satisfechas con sus logros, pero cualquier reconocimiento del éxito lo atribuyen con modestia a otros, y su atención se centra en describir los retos que aún quedan por delante.
Ser una persona con gracia no implica falta de ambición ni de fortaleza personal. Es difícil imaginar a alguien más resuelto y decidido que Carla del Ponte. Cuando era fiscal general de Suiza, y pese a la feroz oposición, modificó las leyes bancarias suizas para impedir el blanqueo de fondos procedentes de actividades delictivas. En el proceso, la mafia asesinó a su estrecho colega y homólogo italiano, y ella recibió amenazas de muerte.
Posteriormente, Del Ponte dirigió los tribunales internacionales que juzgaban los crímenes de guerra en Yugoslavia y Ruanda, enfrentándose a la oposición directa de los países en los que se cometieron los crímenes, y a la indiferencia y la hostilidad ocasional de supuestos aliados.
Sin embargo, entre sus logros figura haber conseguido que, por primera vez, un jefe de Estado compareciera ante un tribunal internacional para responder de cargos. Su gracia reside en servir a los intereses de la justicia, con la convicción de que cuando algo es correcto, te da la fortaleza de carácter necesaria para afrontar circunstancias extraordinariamente difíciles.
Nuestros estudios también encontraron numerosos ejemplos de líderes masculinos con gracia, que muestran una gran empatía y generosidad de espíritu. Entre ellos se incluyen, por ejemplo, sir Ove Arup, fundador de la empresa internacional de diseño Arup; Gerard Fairtlough, que desempeñó un papel crucial en la consolidación de la industria biotecnológica del Reino Unido; y lord Norman Fowler, el político que ha hecho campaña con tanta determinación para combatir el sida.
La gran autora estadounidense Marilynne Robinson escribió en Lila: “La gracia no es algo tan pobre que no pueda manifestarse de innumerables maneras.” Y los líderes que investigamos, hombres y mujeres, mostraron una gracia que se manifestaba de muchas formas distintas. En algunos casos, la gracia surge de forma natural; en otros, debe cultivarse, pero es un ingrediente esencial para los líderes en un mundo complejo e incierto.
En un momento en que la beligerancia y los desacuerdos virulentos envenenan nuestro tejido social, sería muy valioso que todos nuestros líderes, y en especial los líderes de perfil alto de la política y la empresa, mostraran bastante más gracia.
Mark Dodgson y David Gann son los autores de The Playful Entrepreneur (Yale University Press).



