La curiosidad es el factor que más determina el éxito profesional.
El modelo «masculino» de liderazgo está obsoleto.
Los líderes sin propósito se agotan más rápido.
Ha pasado más de un año desde que me eligieron presidenta de Egon Zehnder. Aunque ya era una profesional con experiencia, al reflexionar sobre cuánto he aprendido en apenas unos meses acerca de lo que significa ser líder, no puedo evitar asombrarme.
Eso no significa que aprender sea fácil, ni para mí ni para nadie. Pero estar abierto al cambio, a las transformaciones de nuestra propia identidad, es la clave para lograr transiciones exitosas tanto en la vida como en el trabajo.
Mientras me preparo para asistir al Foro Económico Mundial en Davos, he estado reflexionando sobre cómo se llega a ser líder, sobre todo cuando no es algo que surja de forma natural. Mi experiencia trabajando con empresas y directivos de todo el mundo me ha llevado a creer que hay tres pasos clave que debemos seguir.
1. Aprovecha o desarrolla tu curiosidad.
La investigación interna que hemos realizado durante 30 años sugiere que la curiosidad es el factor que más determina el éxito profesional.
Evaluamos a los candidatos según lo que llamamos Potencial, una combinación de cuatro factores: Perspicacia, Determinación, Compromiso y Curiosidad. En particular, la curiosidad permite predecir las puntuaciones de los directivos en varias competencias esenciales de liderazgo: orientación estratégica, comprensión del mercado y, en contra de lo que se suele creer, capacidad para impulsar mejoras y obtener resultados. Resulta que mantener una actitud abierta y curiosa no es incompatible con saber concentrarse y cumplir.
En las organizaciones donde se fomenta la curiosidad, los investigadores observan sistemáticamente no solo mucha más innovación, sino también muchos menos errores en la toma de decisiones, menos conflictos grupales y un mejor desempeño de los equipos.
Las personas muy curiosas se relacionan de otra manera con el mundo, las situaciones, sus equipos y sus colegas. Dan menos cosas por sentadas. Hacen más preguntas, y estas son distintas y mejores. Valoran no solo lo que piensan las personas, sino también lo que sienten. Y escuchan las respuestas. También sienten curiosidad por sí mismas, algo de enorme importancia. De hecho, si no te preguntas por qué eres como eres, estás poniendo un límite a tu propio potencial.
Veamos un ejemplo concreto. Un día, un cliente internacional acudió a nosotros porque necesitaba un nuevo director ejecutivo. Evaluamos a tres responsables de división que, sobre el papel, tenían una trayectoria sólida. Todos parecían excelentes candidatos.
El primer candidato acaparaba el 90 % de la conversación en todas las reuniones de su equipo y había despedido a varias personas que discrepaban de él.
La segunda escuchaba a todo el mundo y leía mucho. Mientras trabajaba en el desarrollo de la estrategia, mostraba un gran interés y curiosidad. Pero, cuando llegó el momento de ponerla en práctica, cerró todo debate y, con ello, cualquier posibilidad de aprendizaje.
El tercer candidato escuchaba a quienes lo rodeaban, reconocía el valor que podían aportar distintas perspectivas y buscaba activamente a personas con opiniones opuestas. Realizaba experimentos. Observaba los resultados para ver qué funcionaba y, algo igualmente importante, qué no.
Puedes imaginar quién consiguió el puesto. Sentir curiosidad por tu identidad acelera tu capacidad y tu disposición para aprender y cambiar.
2. Aprovecha el lado «femenino» del liderazgo, sea cual sea tu género.
Empecemos por dejar atrás los estereotipos sobre lo que eso significa. No significa ser débil, demasiado emocional o pasiva: tres adjetivos que, desde siempre, se han atribuido injustamente a las mujeres.
Esto es lo que sí significa. En un estudio de 64.000 personas realizado en 13 paísesde todo el mundo, los investigadores descubrieron que, en todas partes, se consideraban más propias de lo masculino cualidades como la concentración, la determinación, la competitividad, el pensamiento analítico y lineal, mientras que la adaptabilidad, la flexibilidad, la expresividad, la empatía y la intuición se consideraban femeninas.
Entre las cualidades femeninas figuran la curiosidad y la empatía, ambas con un potencial transformador y capaces de tener en cuenta las perspectivas de los demás.
En esta época de confusión y cambios acelerados, ha llegado el momento de que tanto hombres como mujeres abandonen el modelo clásico de liderazgo basado en el mando y el control y opten por uno más colaborativo y humano. El modelo «masculino» por sí solo ya no basta.
3. Encuentra tu propósito.
Por último, creo de todo corazón que, para tener éxito, el liderazgo requiere un propósito auténtico. Por supuesto, debemos obtener resultados, pero como líderes también debemos aportar algo más. El propósito es lo que nos motiva: es la razón por la que hacemos lo que hacemos.
Las investigaciones indican que las personas que comprenden su propósito son más resilientes, sufren menos agotamiento, son menos propensas a enfermar, están más satisfechas y realizadas con su vida y obtienen resultados.
Cuando están bajo presión para rendir, las personas con sentido del propósito tienen una brújula, mientras que quienes carecen de él sufren. Y, sin embargo, las investigaciones sugieren que el 80 % de nosotros no conoce su propósito.
Veamos un ejemplo. Carl era un directivo a quien le encantaba dar la vuelta a las situaciones. Nada le entusiasmaba más que la idea de ser quien triunfara en una situación sin salida.
Pero, a los 45 años, había llegado el momento de que fuera entrenador y no jugador.
Necesitaba que su equipo creyera en sí mismo, no destruir su confianza. Tenía que abrir el camino para que otros se convirtieran en las estrellas.
Trabajamos con Carl para definir su propósito y, finalmente, pudimos ayudarlo a descubrir qué lo frenaba, lo que le permitió verse de otra manera. Se dio cuenta de que su propósito era creer en quienes parten con desventaja. Solo después de descubrirlo pudo ver que podía poner ese propósito al servicio de las necesidades de la empresa y de las personas que lo rodeaban, en lugar de pensar solo en sí mismo.
Situar a un gran líder al frente de una organización tiene un efecto en cascada: beneficia no solo a los directivos que dependen de esa persona, sino también a sus equipos, clientes, accionistas y otras partes interesadas, incluidas las familias y comunidades vinculadas a la organización. Esta perspectiva ha guiado mi propio camino de liderazgo hasta convertirme en presidenta de la firma.
Cómo encontrar tu propósito
Si te cuesta encontrar tu propio propósito, hazte estas tres preguntas:
1. ¿Qué cualidades valoran los demás en ti?
2. ¿Qué hago cuando me siento más a gusto y más segura de estar prestando un servicio?
3. ¿Qué espera de mí la vida?
Puede que las respuestas no estén claras de inmediato, pero tú también puedes encontrar tu propósito si aplicas a lo anterior tu curiosidad y tus cualidades de liderazgo femenino. No te rindas. Está ahí, esperándote.


