Puede que ignores esa bolsa de patatas fritas o tu muro de Facebook durante un tiempo, pero no te sorprendas si la falta de fuerza de voluntad te lleva de nuevo a tus malos hábitos.
Según Adam Alter, psicólogo de la NYU, la verdadera manera de crear buenos hábitos es centrarse menos en tomar buenas decisiones y más en construir un entorno que limite por completo la toma de decisiones.
«Hay muy pocos ejemplos de personas que ejerzan bien el autocontrol durante periodos muy prolongados», le dice Alter a Business Insider. «Si hablamos de días, semanas, meses o toda una vida, sencillamente no hay manera de resistir la tentación durante tanto tiempo».
Alter es el autor del nuevo libro, «Irresistible: el auge de la tecnología adictiva y el negocio de mantenernos enganchados». En él se revelan las innumerables maneras en que las aplicaciones y los juegos para teléfonos inteligentes secuestran nuestro cerebro y nos dejan con ganas de más, incluso cuando sabemos que ya hemos tenido suficiente.
Alter termina el libro hablando de cómo desarrollamos hábitos en todos los aspectos de nuestra vida. Dedica los dos últimos capítulos (sin destripes, no te preocupes) a la importancia de la llamada «arquitectura conductual». Puede entenderse como las incontables maneras de organizar nuestras cocinas, oficinas y rutinas antes de dormir para orientarnos hacia las conductas más saludables.
Una arquitectura conductual bien diseñada promueve el uso de platos de cena más pequeños en lugar de grandes para limitar la cantidad de comida que nos servimos. Recomienda consultar el correo electrónico solo una vez por hora, y borrar los mensajes por tandas en vez de dejar la pestaña abierta en el navegador todo el día. También aconseja poner muy, muy lejos aquello que queremos evitar; por ejemplo, los teléfonos a la hora de dormir.
En esos casos, y en muchos otros, contar con un sistema elimina la necesidad de decidir conscientemente no caer en conductas perjudiciales; en este caso, comer en exceso, consultar el correo electrónico y quedarse despierto hasta bien entrada la noche.
«Hay que hacer algo como cambiar el entorno y asegurarse de que la tentación quede fuera de alcance, para que ya no sea posible sucumbir a ella», dice Alter.
Algunos dicen que la fuerza de voluntad funciona como un músculo y que, por tanto, ejercitar la toma de decisiones de vez en cuando podría ser positivo, añade Alter. Sin embargo, afirma que las investigaciones sobre esas teorías son «endebles» y no tienen suficiente aplicabilidad general como para resultar útiles.
«Si hablamos de fuerza de voluntad a largo plazo, es bastante estable», dice. «Así que, si intentas evitar usar el dispositivo que llevas todo el día en el bolsillo, llegará un momento en que ya no podrás hacerlo».
Lo más sensato es seguir una antigua máxima de la psicología conductual: lo que no se ve, se olvida.


