Cómo las personas exitosas superan a los malos jefes

Cómo las personas exitosas superan a los malos jefes
Este contenido ha sido traducido automáticamente con IA.

Los malos jefes contaminan el entorno laboral. Algunos lo hacen sin darse cuenta, mientras que otros manipulan con aire de suficiencia a sus empleados y los usan como instrumentos de su propio éxito. Independientemente de sus métodos, los malos jefes causan daños irreparables a sus empresas y empleados al obstaculizar el desempeño y generar estrés innecesario.

El estrés que causa tu jefe es perjudicial para tu salud. Varios estudios han concluido que trabajar para un mal jefe aumenta hasta un 50 % la probabilidad de sufrir un infarto.

Más preocupante aún es la cantidad de malos jefes que hay. Una investigación de Gallup concluyó que el 60 % de los empleados públicos son desdichados por culpa de malos jefes. En otro estudio, el 69 % de los trabajadores estadounidenses comparó a los jefes con demasiado poder con niños pequeños con demasiado poder.

Las comparaciones no terminan ahí. Porcentajes significativos de trabajadores estadounidenses describen a sus jefes de la siguiente manera:

  • Centrados en sí mismos (60 %)

  • Testarudos (49 %)

  • Excesivamente exigentes (43 %)

  • Impulsivos (41 %)

  • Interrumpen a los demás (39 %)

La mayoría de los jefes no se sorprende ante estas estadísticas. Un estudio de DDI concluyó que el 64 % de los gerentes admite que necesita mejorar sus habilidades de gestión. Cuando se les pregunta en qué deberían centrar sus esfuerzos, los gerentes dicen abrumadoramente que en «alcanzar las cifras»; sin embargo, lo más habitual es que los despidan por sus escasas habilidades interpersonales.

TalentSmart ha investigado a más de un millón de personas y hemos concluido que el 90 % de las personas con mejor desempeño sabe gestionar sus emociones en situaciones de estrés para mantener la calma y el control. Uno de sus mayores talentos es la capacidad de neutralizar a las personas tóxicas, incluso a aquellas ante quienes rinden cuentas. No es una tarea sencilla. Requiere mucha inteligencia emocional, una habilidad en la que confían quienes tienen un desempeño sobresaliente.

Aunque la mejor opción cuando tienes un mal jefe es buscar otro empleo, no siempre es posible. Las personas exitosas saben sacar el máximo provecho de una mala situación. Un mal jefe no las disuade porque entienden que el éxito es simplemente el resultado de lo bien que puedes jugar las cartas que te han tocado. Cuando esa «mano» es un mal jefe, las personas exitosas identifican qué tipo de mal jefe tienen y luego usan esa información para neutralizar su comportamiento. A continuación, presentamos seis de los tipos más comunes de malos jefes y las estrategias que las personas exitosas emplean para trabajar eficazmente con ellos.

El colega demasiado confianzudo

Este es el jefe que es demasiado amistoso, pero no de una manera divertida que fomente el espíritu de equipo. Está invitándote constantemente a salir después del trabajo y participa en cotilleos innecesarios de oficina. Usa su influencia para hacer amigos a costa de su trabajo. Elige favoritos y crea divisiones entre los empleados, que se frustran por el desequilibrio en la atención y el respeto. No puede tomar decisiones difíciles sobre los empleados ni siquiera despedir a quienes deberían ser despedidos (a menos que le caigan mal). Su oficina pronto se convierte en The Office.

Cómo neutralizar a un colega demasiado confianzudo: Lo más importante con este tipo de jefe es aprender a establecer límites firmes. No permitas que su cargo te intimide. Si estableces un límite de forma consciente y proactiva, puedes tomar las riendas de la situación. Por ejemplo, puedes mantener una relación cordial con tu jefe durante el día y, aun así, no tener miedo de rechazar una invitación a tomar algo después del trabajo. Lo difícil es mantener la coherencia con tus límites, incluso si tu jefe insiste. Al distanciarte de los comportamientos que consideras inapropiados, podrás seguir teniendo éxito e incluso mantener una relación saludable con tu jefe.

Es importante que no establezcas límites innecesarios que impidan que te perciban como alguien amable (idealmente, como un amigo). En lugar de intentar cambiar al complaciente y obligarlo a ser alguien que no es, lograr que te vea como un aliado te colocará en una posición más ventajosa de lo que podrías haber imaginado.

El micromanager

Este es el jefe que te hace sentir como si estuvieras bajo vigilancia constante. Pensó que tu letra podía mejorar, así que esperó a que salieras del trabajo a las 7:00 p. m. para tirar tus lápices y reemplazarlos por portaminas de mina 0,9 con el «agarre adecuado». Incluso te devolvió un informe de 20 páginas porque usaste un sujetapapeles en lugar de una grapa. El micromanager presta demasiada atención a los pequeños detalles, y su vigilancia constante hace que los empleados se sientan desanimados, frustrados e incluso incómodos.

Cómo neutralizar a un micromanager: Las personas exitosas logran ganarse a los micromanagers demostrando flexibilidad, competencia y disciplina, y manteniendo una comunicación constante. Al micromanager le atrae por naturaleza el empleado que produce el trabajo tal como ella lo imagina. El reto consiste en comprender esa «manera imaginada». Para ello, intenta hacer preguntas concretas sobre tu proyecto, informar con frecuencia sobre tus avances y detectar patrones en los comentarios del micromanager.

Por supuesto, esto no siempre funcionará. Algunos micromanagers nunca dejarán de buscar algo que analizar en exceso y controlar hasta el mínimo detalle. En esos casos, debes aprender a encontrar la satisfacción en tu interior. No permitas que la obsesión de tu jefe por los detalles te haga sentir que no estás a la altura, pues eso solo generará más estrés y un desempeño inferior. Recuerda: un buen informe sin grapas sigue siendo un buen informe. A pesar de la fijación de tu jefa con los detalles, aprecia tu trabajo; simplemente no sabe cómo demostrarlo.

El tirano

El tirano recurre a tácticas maquiavélicas y toma constantemente decisiones que alimentan su ego. Su principal preocupación es mantener el poder, y para ello coacciona e intimida a los demás. El tirano piensa que sus empleados son una banda de criminales a bordo de su barco. Clasifica a las personas en su mente y las trata en consecuencia: quienes obtienen buenos resultados y cuestionan su forma de pensar reciben el trato de amotinados. Quienes respaldan sus logros con gestos de lealtad acaban como primeros oficiales. Quienes tienen un desempeño deficiente quedan condenados a limpiar las letrinas y fregar las cubiertas.

Cómo neutralizar a un tirano: Una estrategia dolorosa pero eficaz consiste en presentar tus ideas de manera que él pueda atribuirse parte del mérito. Así, el tirano puede mantener su ego sin tener que descartar tu idea. No tardes en reconocerle algún mérito, aunque es poco probable que él haga lo mismo contigo, pues así te ganarás su favor. Además, para sobrevivir a un tirano, debes elegir bien tus batallas. Si practicas el autoconocimiento y gestionas tus emociones, podrás elegir racionalmente qué batallas vale la pena librar y cuáles conviene dejar pasar. Así no acabarás de servicio en las letrinas.

El incompetente

A esta jefa la ascendieron apresuradamente o la contrataron sin cuidado, y ocupa un puesto que supera sus capacidades. Lo más probable es que no sea del todo incompetente, pero tiene a su cargo a personas que llevan mucho más tiempo en la empresa y poseen información y habilidades que a ella le faltan.

Cómo neutralizar a un incompetente: Si este tipo de jefe te frustra, probablemente sea porque tienes una experiencia que a ella le falta. Es importante tragarte el orgullo y compartir tu experiencia y conocimientos sin echárselos en cara. Comparte la información que esta jefa necesita para crecer en su puesto y te convertirás en su aliada y persona de confianza.

El robot

En la mente del robot, eres el empleado número 72, con un rendimiento de producción del 84 % y un nivel de experiencia de 91. Este jefe toma decisiones basándose en las cifras y, cuando se ve obligado a llegar a una conclusión sin los datos adecuados, se bloquea. Hace poco o ningún esfuerzo por conectar con sus empleados y, en cambio, se fija exclusivamente en las cifras para decidir quién es indispensable y quién debe irse.

Cómo neutralizar a un robot: Para tener éxito con un robot, debes hablar su idioma. Cuando tengas una idea, asegúrate de contar con datos que la respalden. Lo mismo ocurre con tu desempeño: debes saber qué valora y poder demostrárselo si quieres probar lo que vales. Una vez que lo hayas conseguido, puedes empezar a intentar sacarlo de su zona de confort antisocial. El truco está en encontrar maneras de conectar directamente con él, sin ser insistente ni grosero. Programa reuniones presenciales y responde a algunos de sus correos electrónicos llamando a su puerta. Obligarlo a conectar contigo como persona, por poco que sea, hará que seas más que una lista de cifras y asociará un rostro con tu nombre. Que solo le importen las cifras no significa que no puedas convertirte en la excepción. Eso sí, hazlo poco a poco, porque es poco probable que responda bien a una persona demasiado sociable e insistente.

El visionario

Su fortaleza reside en sus ideas e innovaciones. Sin embargo, este enfoque emprendedor se vuelve peligroso cuando hay que poner en práctica un plan o una solución y ella no logra concentrarse en la tarea que tiene delante. Cuando llega el momento de hacer realidad su visión, ya está pensando en la siguiente idea y te deja a ti resolver las cosas por tu cuenta.

Cómo neutralizar a un visionario: La mejor manera de lidiar con este tipo de jefe es invertir el curso de sus pensamientos. Por naturaleza, adopta una perspectiva amplia, así que apresúrate a reducir las cosas a algo más pequeño y práctico. Para ello, haz muchas preguntas concretas que la obliguen a abordar el asunto de manera racional y a considerar los posibles obstáculos para llevar a cabo sus grandes ideas. No refutes sus ideas directamente o se sentirá criticada; en cambio, centra su atención en lo que hará falta para poner en práctica su plan de manera realista. A menudo, tus preguntas diluirán su plan y, cuando no lo hagan, conseguirán que entienda y se comprometa con el esfuerzo que deberá hacer para ayudar a hacerlo realidad.

La gaviota

A todos nos ha pasado: estar a la sombra de un gerente gaviota que decide que ha llegado el momento de arremangarse, aparecer de repente y armar un escándalo. En vez de tomarse el tiempo para averiguar los hechos y trabajar junto al equipo para encontrar una solución viable, la gaviota deja caer montones de consejos prefabricados y luego se marcha abruptamente, dejando a los demás con el trabajo de limpiar el desastre. Las gaviotas solo interactúan con sus empleados cuando hay un incendio que apagar. Incluso entonces, entran y salen con tanta prisa —y piensan tan poco en su manera de actuar— que empeoran las situaciones difíciles al frustrar y alejar a quienes más las necesitan.

Cómo neutralizar a una gaviota: El enfoque grupal funciona mejor con las gaviotas. Si consigues que todo el equipo se siente con él y le explique que su manera brusca de resolver problemas dificulta mucho que todos rindan al máximo, es probable que el mensaje le llegue. Si todo el grupo se une y ofrece comentarios constructivos y no amenazantes, la gaviota suele encontrar una manera mejor de trabajar con su equipo. Es fácil reconocer a una gaviota cuando te toca recibir sus descargas desde el aire, pero el gerente que arma el escándalo a menudo no es consciente del impacto negativo de su comportamiento. Si el grupo le da un pequeño empujón, las cosas seguro mejorarán.

En resumen

Si crees que estas estrategias podrían ayudar a otras personas, comparte este artículo con tus contactos. Las investigaciones sugieren que aproximadamente la mitad de ellos trabaja actualmente para un mal jefe. Aunque tu jefe sea excepcional, siempre puedes compartir este artículo con quienes atraviesan una situación difícil.

Este artículo se publica en colaboración con LinkedIn. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde estas opiniones.

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Autor: El Dr. Travis Bradberry es coautor de Emotional Intelligence 2.0 y presidente de TalentSmart

Imagen: Se ve a trabajadores bajo relojes que muestran las zonas horarias de distintas partes del mundo en un centro de externalización de servicios. REUTERS/Vivek Prakash

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