Hacia un capitalismo más ilustrado

Employees work at website-designer firm Wix.com offices in Tel Aviv, Israel July 4, 2016.
"It’s time to move on from our limited interpretation of capitalism."Image: REUTERS/Baz Ratner
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Todos tenemos ideas preconcebidas sobre el mundo. A menudo son erróneas o pasan por alto algunas piezas del rompecabezas.

Quizá hayamos interpretado mal a Adam Smith: nos centramos en su La riqueza de las naciones, y olvidamos su libro, en muchos sentidos más importante, sobre La teoría de los sentimientos morales. Las empresas con fines de lucro se centran en los salarios y el desarrollo profesional. Sus programas de responsabilidad social corporativa no responden a la necesidad intuitiva de las personas de hacer algo con propósito. Las empresas sociales pueden dar sentido a la vida de las personas, pero a menudo carecen de estructuras profesionales y de sostenibilidad financiera.

De algún modo, aceptamos implícitamente recorrer hacia arriba (o hacia abajo) la jerarquía de necesidades: primero ganar dinero y alcanzar estatus y, si aún queda tiempo, encontrar algún día un sentido de propósito. Primero prosperar y luego (a veces) hacer el bien: un enfoque de la vida muy lineal. En el modelo actual, las personas y las organizaciones generan beneficios, a menudo a costa de la sociedad, y no rinden cuentas por las externalidades negativas. Después, el Gobierno crea normas para limitar el daño. Es un círculo vicioso de capitalismo basado en el interés propio que ha llevado a las sociedades a sufrir convulsiones sociales y desigualdad, y a las personas, a la depresión. ¿Hay un camino mejor?

Una nueva interpretación del capitalismo

Es hora de dejar atrás nuestra interpretación limitada del capitalismo. Estamos en un momento único de la historia en el que podemos dar ese paso. Un nuevo sentido de urgencia, junto con los avances tecnológicos de la Cuarta Revolución Industrial, ofrece a los líderes ilustrados una oportunidad única para desarrollar organizaciones del siglo XXI.

Las expectativas de las generaciones futuras, que marcarán buena parte de nuestra economía y sociedad, son singulares. Anhelan tener identidad, autenticidad y conexión, al tiempo que desean alcanzar el éxito financiero. Comprenden que, en una economía en red, todo se vuelve relacional: la medida en que puedo satisfacer mis propias necesidades depende de cuánto pueda atender las de los demás. Por eso, me conviene, desde un interés propio ilustrado, no ser demasiado egoísta: un giro hacia un «círculo ilustrado de necesidades».

Esta forma de pensar no se aplica únicamente a las personas de zonas acomodadas de Occidente. Al trabajar en los barrios más pobres de Nairobi y Ciudad del Cabo, así como en Ciudad de México y Santiago de Chile, he observado la misma tendencia. En Cape Flats, Sudáfrica, por ejemplo, la empresa social RLabs ofrece a personas que antes sufrían adicción a las drogas la oportunidad de enseñar a sus vecinos a utilizar las redes sociales. Enseñar a otros les da un sentido de propósito más profundo, que para muchos vale al menos tanto como un aumento de ingresos. Muchas ONG se han equivocado al centrarse demasiado en los recursos, en lugar de hacerlo en la oportunidad de vivir con dignidad.

Las personas buscan empleos con sentido, en los que puedan dar tanto como reciben. Los consumidores quieren productos fabricados de manera ética. Cada vez más personas con un elevado patrimonio buscan invertir con un propósito. Sin embargo, a menudo los líderes no saben cómo crear empresas que prosperen y, a la vez, contribuyan al bien común.

3 pasos para crear una organización con impacto

A partir de mi trabajo con empresas y emprendedores de todo el mundo, la investigación en la LSE y entrevistas con algunos de los directores ejecutivos más exitosos del mundo, surgieron tres pasos que permiten a los líderes responsables conciliar el impacto financiero y el social:

1) Propósito orientado a la acción: Formular la «teoría del cambio» de una organización y traducirla en valores aplicables. Hoy en día, la gente está harta de declaraciones de valores poco auténticas. Los valores genuinos y compartidos deben integrarse en los procesos de contratación, ascenso y ventas. Hacer tangibles los valores permite crear algo que, en última instancia, une a las personas. El manifiesto de la empresa de impresión digital Holstee se descargó más de 100 millones de veces porque conectó profundamente con la gente.

2) Rendición de cuentas: En un momento en que los límites de las organizaciones son cada vez más fluidos, la democratización no consiste solo en aplanar las estructuras, sino también los procesos. Cada vez más empresas utilizan sencillas páginas wiki internas para exigir a todas las personas que respondan por sus objetivos, incluido el director ejecutivo. Esta transparencia evita «delegar la rendición de cuentas» en superiores o subordinados, y genera confianza.

3) Tecnología: Las tecnologías más básicas pueden servir de plataformas para innovar a bajo costo. RLabs ha utilizado teléfonos móviles y computadoras sencillos para involucrar a las comunidades locales, que a menudo luego desarrollan sus propios productos y empresas. Con casi ningún recurso central, RLabs logró expandirse a más de 15 países en cinco años, no gracias a una tecnología sofisticada, sino porque potenció el capital social y humano local en vez de sustituirlo. Esto supone pasar de «gestionar» a «inspirar» estructuras en red, un enfoque que también están adoptando empresas más grandes, como el grupo de electrónica de consumo Haier.

Los líderes que aborden estos tres ámbitos pueden crear empresas con mayor impacto y aumentar la motivación de sus empleados. Goethe dijo: «Si tratas al hombre como es, lo haces peor; pero si lo tratas como podría ser, lo capacitas para llegar a ser quien puede ser».

Creo que las empresas pueden ser vehículos poderosos para ayudar a las personas a llegar a ser quienes realmente son capaces de ser y, así, a ser más productivas y felices. Ahora nos corresponde impulsar un movimiento que formule de nuevo cómo deben y pueden funcionar las organizaciones. Así podremos evitar un choque organizativo y social, y construir el tipo de organizaciones del que podamos sentirnos orgullosos.

Christian Busch es Global Shaper del Foro Económico Mundial. Su artículo es uno de los finalistas del concurso de ensayos Global Shaper 2016, cuyo tema es el liderazgo receptivo y responsable.

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