Eric Schmidt es el presidente ejecutivo de Alphabet, la empresa matriz de Google y uno de los conglomerados más influyentes del mundo.
Pero cuando se incorporó a Google en 2001, esta era una empresa de motores de búsqueda con unos cientos de empleados y a la que todavía le faltaban tres años para salir a bolsa.
Al final de la década de Schmidt como director ejecutivo, Google había crecido hasta contar con unos 32.000 empleados y unos ingresos de 38.000 millones de dólares.
Según explicó a Reid Hoffman, cofundador y presidente de LinkedIn, en un episodio del pódcast de Hoffman «Masters of Scale», fueron sus primeros años como director ejecutivo, cuando el crecimiento anual de la plantilla casi se cuadruplicó y los ingresos más que se duplicaron, los que le enseñaron los fundamentos de su filosofía de gestión y de la de todo Google.
Un aspecto de este enfoque consistía en dar a los empleados un grado de libertad inusual, que les permitiera experimentar y presentar ideas nuevas a los directivos. El otro era formar a esos directivos para que actuaran con rapidez y determinaran si valía la pena poner en práctica esas ideas.
«Lo más importante es tomar decisiones rápidas», le dijo Schmidt a Hoffman. «Y cometerán algunos errores, pero es necesario tomar decisiones».
Schmidt y los fundadores de Google, Larry Page y Sergey Brin, formalizaron los órdenes del día de las reuniones de los distintos equipos, para que cada empleado supiera que tendría cada semana la oportunidad de presentar un plan que el equipo directivo de Google podría decidir llevar a cabo o no. Se hizo hincapié en la eficiencia.
«No puedo decirles cuántas personas me han dicho que en Google hoy las decisiones se toman rápidamente en casi todos los casos, incluso con nuestro tamaño actual», dijo Schmidt. «Y eso es un legado de aquella decisión. La mayoría de las grandes empresas tienen demasiados abogados, demasiadas personas que toman decisiones, responsables poco claros, y las cosas se atascan y avanzan muy lentamente».
Schmidt señaló que, incluso cuando Google decidió adquirir YouTube en 2006 por 1.600 millones de dólares, el proceso de decisión solo duró 10 días.
En Google, explicó Schmidt, está claro quién es responsable de qué, y las decisiones no quedan atrapadas en un limbo burocrático.
«Aunque sea una decisión equivocada, una decisión rápida es mejor en casi todos los casos», dijo.


