Por Fernando Gomez*
Como parte del programa de Becarios de Liderazgo Global, pasamos la semana pasada en la Wharton School de la Universidad de Pensilvania, trabajando en la persuasión y la influencia como elementos esenciales del liderazgo. Tras una semana de formación en la Universidad de Columbia, nuestro trabajo una vez más en una institución académica asociada nos permitió explorar el liderazgo desde perspectivas poco convencionales… y el recorrido es fascinante.
Unos días después de invocar el positivismo científico mientras debatíamos el papel de las universidades de investigación en la formulación de políticas públicas, nos encontramos citando el empirismo aristotélico en nuestras conversaciones sobre cómo cuestionar los modelos que sustentan los procesos organizativos. Animados a buscar esos conceptos, aumentamos nuestro autoconocimiento y reforzamos nuestro compromiso de liderar el cambio de manera creativa.
Tras nuestros debates filosóficos, miramos a la cámara y, con la ayuda de un teleprompter, nos preparamos para nuestra sesión sobre liderazgo a través de la oratoria. Pero, en lugar de seguir un experimento para elaborar frases efectistas artificiales, nos animaron de nuevo a recurrir a nuestro interior para comunicarnos con autenticidad y en sintonía con el logos, el ethos y el pathos de nuestro público; ese enfoque es tan esencial para inspirar y liderar eficazmente a los demás como las acciones que emprendemos.
Nos vamos de Wharton agradecidos por la experiencia, dispuestos a afrontar el experimento de toda una vida que supone perfeccionar nuestro estilo de liderazgo y con ganas de servir mejor a nuestros equipos —las comunidades en las que trabajamos— y a la sociedad en general.
Los desafíos que afrontamos hoy (y los que encontraremos mañana) son un claro llamado a los líderes a apelar a su pasión, integridad y carisma. Comprender algunos principios fundamentales del comportamiento humano es necesario para influir en los demás e inspirarlos. En un mundo donde el líder aislado se ha convertido en una rara excepción y prevalece la conectividad, no queda más remedio que conectar de verdad.
*Fernando Gomez, gerente de comunidad, industria química y Becario de Liderazgo Global, Foro Económico Mundial


