2016 podría llegar a conocerse como el año en que los líderes mundiales finalmente se unieron para reestructurar un sistema humanitario deficiente e insuficiente ante crisis humanitarias sin precedentes.
Todos hemos visto las devastadoras cifras sobre el desplazamiento forzado. Una de cada 122 personas es ahora refugiada, desplazada interna o solicitante de asilo, y uno de cada cuatro niños vive en zonas de conflicto y desastre. No solo afrontamos una tragedia actual, sino también consecuencias que perdurarán durante generaciones.
Para muchos de nosotros, incluidos los líderes empresariales, gubernamentales y de la sociedad civil, nuestro mundo parece estar en un punto de inflexión, ante una crisis emergente de la humanidad que no podemos ignorar. Se ha escrito mucho sobre la yuxtaposición entre nuestro «déficit de empatía» y la nueva capacidad de presenciar guerras a través de las redes sociales. Parece que no logramos asimilar la complejidad de los conflictos que se desarrollan ni por qué ocurren; y, lo que es más importante, no nos sentimos capaces de detenerlos.
Pero 2016 fue el año en que vimos a verdaderos líderes dar un paso al frente. Cuatro grandes iniciativas reunieron a responsables clave de la toma de decisiones para encontrar soluciones a algunos de los desafíos humanitarios más apremiantes. Quienes rechazaban el statu quo y estaban decididos a eliminar el sufrimiento y el caos de la guerra propusieron con gran claridad reformas para aumentar la agilidad y la capacidad de toda la arquitectura humanitaria. Estos líderes expresaron reiteradamente un mensaje difícil: pese al aumento de la generosidad, el sector ya no puede hacer frente al crecimiento exponencial de las necesidades sobre el terreno.
En febrero, la Conferencia de apoyo a Siria y la región se propuso conseguir recursos nuevos y significativos para las personas afectadas por la crisis siria. En mayo, tras un proceso de consulta de casi dos años, se celebró la primera Cumbre Humanitaria Mundial, que reunió una representación genuina de la diversidad del ecosistema humanitario. En septiembre, la Cumbre sobre los Refugiados y los Migrantes buscó una responsabilidad compartida en la gestión de las personas desplazadas en todo el mundo. Y apenas un día después, la Cumbre de Líderes sobre los Refugiados acordó varias soluciones para los refugiados que afrontan desplazamientos prolongados. Estos encuentros generaron un impulso significativo: el Gran Pacto, la Declaración de Nueva York y numerosos compromisos, además de nuevas iniciativas y promesas de los donantes, el sector privado y los actores humanitarios.
Ahora, a comienzos de 2017, no podemos permitir que este impulso se desvanezca. Para convertir realmente estos compromisos en cambios de enfoque y en una transformación del ecosistema humanitario y dentro de él, debemos redoblar nuestra atención a la acción. Como ocurre en toda situación compleja e incierta, un solo sector no puede lograr estos cambios por sí mismo.
En 2015, el Foro Económico Mundial comenzó a trabajar con líderes de distintos sectores para desarrollar un diálogo coherente sobre cuestiones humanitarias, a partir de la Reunión Anual de 2016. Este año, el programa humanitario de la Reunión Anual busca inspirar análisis con visión de futuro que orienten políticas e intervenciones sobre cuestiones como el papel de la tecnología, los datos y la conectividad, así como la educación, las competencias y la financiación innovadora. Muchos de estos esfuerzos están impulsados por los Consejos Globales del Futuro sobre el Sistema Humanitario y sobre Migración. Con ello, nuestro objetivo es movilizar una comunidad de práctica público-privada para ampliar las soluciones y comprender mejor los desafíos y oportunidades clave que transformarán los sistemas humanitarios y migratorios en los próximos 10-15 años.
Este enero, mientras los líderes consideran sus objetivos y prioridades para el año, presentamos el programa humanitario en Davos como una serie de conversaciones y espacios que permitan mantener un diálogo continuo y equilibrado entre los sectores público y privado sobre estas cuestiones críticas y existenciales. Esto permitirá comprender mejor las nuevas iniciativas, cómo y por qué puede participar el sector privado y qué tecnologías transformarán el sector humanitario. Procuraremos abordar las plataformas necesarias para responder a las nuevas realidades de las crisis prolongadas y el desplazamiento a largo plazo. En última instancia, el programa busca aprovechar las alianzas público-privadas existentes e identificar dónde hacen falta otras nuevas, comprendiendo cómo podemos promover mejor el pluralismo y las sociedades abiertas.
Si todo sale bien, los líderes reunidos en Davos encontrarán nuevas soluciones, promoverán la participación mutua e identificarán posibilidades de nuevas alianzas para transformar positivamente y rediseñar el marco actual de respuesta humanitaria. Nuestros objetivos son ambiciosos y no podemos permitirnos quedarnos cortos.


